viernes, septiembre 18

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Carney ha plantado cara a Trump, que aboga por anexionar Canadá a EE.UU y ha impuesto aranceles a los productos canadienses.

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La relación entre Canadá y Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas. Los aranceles impulsados por Donald Trump, sus exigencias de concesiones económicas y sus reiteradas referencias a convertir a Canadá en el estado número 51 han llevado al gobierno de Mark Carney a buscar alternativas para reducir la dependencia de Washington. Según la agencia AP, alrededor del 70% de las exportaciones canadienses tienen como destino Estados Unidos.

En ese escenario surgió una propuesta inédita desde Bruselas. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, planteó esta semana que Canadá se convierta en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea. La categoría no existe actualmente en los tratados comunitarios y todavía debe ser definida. De acuerdo con EFE, la iniciativa pretende ir más allá del actual Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA) y crear una “Alianza para el Futuro” en ámbitos como comercio, defensa, energía, minerales críticos, inteligencia artificial, espacio y seguridad económica.

Carney recibió la propuesta durante su visita a Estrasburgo y la respaldó ante el Parlamento Europeo. El primer ministro canadiense aclaró que su país no busca convertirse en miembro pleno de la UE, sino construir una relación que le permita ampliar sus opciones económicas y estratégicas. “Nadie nos va a decir qué idioma hablamos. Nadie va a dictar nuestra cultura ni con quién podemos firmar acuerdos internacionales”, afirmó. Además, EFE apuntó que Carney considera que la nueva relación debe servir para “asegurar la autonomía estratégica” de ambas partes.

La reacción de Trump elevó inmediatamente la tensión. Según La Nación, el mandatario estadounidense calificó la propuesta de “ridícula” y advirtió que, si consideraba que el acercamiento entre Canadá y Europa constituía un “acto hostil”, podría imponer “aranceles muy elevados” al bloque o incluso dejar de comerciar con Europa en determinados ámbitos.

Sin embargo, el acercamiento no parte de cero. Canadá ya se convirtió este año en el primer país no europeo en incorporarse al programa SAFE de adquisiciones de defensa de la UE, mientras Ottawa y Bruselas han avanzado en conversaciones sobre energía, minerales críticos, inteligencia artificial y comercio digital. La cumbre bilateral prevista para el 29 y 30 de octubre en Montreal será el escenario para precisar el alcance de la propuesta.

Tampa (United States), 30/10/2020.- US President Donald J. Trump speaks at the Donald J. Trump’s make America great victory rally at Raymond James Stadium in Tampa, Florida, USA, 29 October 2020. With few days left in the 2020 US Presidential campaign both President Trump and former Vice President Joe Biden are holding rallies in the battleground state of Florida today. (Estados Unidos) EFE/EPA/PETER FOLEY

/ PETER FOLEY

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Para el internacionalista Jorge Chávez Mazuelos, la propuesta europea debe entenderse dentro de un proceso más amplio de diversificación canadiense. La fuerte dependencia económica respecto de Estados Unidos hace que cualquier ruptura sea costosa para Ottawa, pero también genera incentivos para buscar nuevos espacios de cooperación.

Canadá sabe que Estados Unidos tiene la capacidad de aplicarle sanciones severas, explica Chávez Mazuelos. Por ello, considera que la estrategia de Mark Carney consiste en “tratar de no ceder y tratar de diversificar su juego”, de modo que Canadá pueda ampliar sus alternativas sin precipitar una ruptura comercial de gran magnitud.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, rechazó el 17 de septiembre de 2026 las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump. (Foto: JEAN-CHRISTOPHE VERHAEGEN / AFP)

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El especialista considera que la reacción estadounidense también tiene una dimensión geopolítica. Un mayor acercamiento entre Canadá y la UE no solo reduciría la dependencia canadiense de Washington, sino que podría disminuir el poder relativo de Estados Unidos en una relación históricamente dominada por la potencia norteamericana.

“Se va a debilitar el poder relativo de Estados Unidos en esa vinculación con Canadá”, sostiene Chávez Mazuelos. A su juicio, Washington busca mantener su capacidad para establecer las reglas de juego en el hemisferio occidental y observa con cautela la llegada de otros actores con capacidad de influencia.

Una lectura similar la tiene Daniel Béland, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad McGill. Según el académico, citado por AP, las políticas y la retórica del gobierno de Trump están llevando tanto a Canadá como a la UE a imaginar un escenario con menor dependencia del liderazgo estadounidense.

Pero el margen de maniobra canadiense tiene límites. Estados Unidos continúa siendo su principal socio comercial y, por tanto, una ruptura tendría consecuencias económicas importantes para Ottawa. Para Chávez Mazuelos, esa realidad explica la estrategia de resistencia canadiense: ambos países podrían sufrir si la confrontación escala demasiado.

Para Chávez Mazuelos, el primer ministro canadiense entiende que su país tiene un margen de maniobra limitado frente a Estados Unidos debido a su dependencia económica. “Lo que piensa Carney es: ‘Si cedemos abiertamente a las pretensiones de los Estados Unidos, vamos a hacer una ruptura comercial de mayor entidad. Yo voy a sufrir más, pero tú también vas a sufrir lo suficiente como para que te genere esos problemas a nivel político y económico’”, señala.

Para Francisco Belaunde, analista internacional, el deterioro actual tiene además una característica política. A su juicio, la relación entre ambos países ha alcanzado un nivel de tensión superior al de anteriores disputas debido, en buena medida, a la manera en que Donald Trump conduce sus relaciones con otros gobiernos.

“Con otro presidente no habría escalado hasta ese punto”, sostiene Belaunde. El analista considera que las medidas comerciales y las respuestas públicas del mandatario estadounidense han llevado el enfrentamiento con Canadá a un terreno que excede las diferencias económicas.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney; y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Andrej IVANOV / Saul LOEB / AFP)

/ ANDREJ IVANOV SAUL LOEB

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Mientras tanto, Carney ha decidido mantener una postura firme. Belaunde señala que Canadá está intentando abrir nuevos mercados porque reconoce que no puede sustituir rápidamente a Estados Unidos, pero considera que Ottawa tampoco está dispuesto a aceptar determinadas exigencias de Washington.

“Obviamente no va a poder reemplazar al mercado de Estados Unidos”, advierte el analista. Sin embargo, explica que el gobierno canadiense considera que algunas de las condiciones planteadas por Trump constituyen líneas que no está dispuesto a cruzar.

Por tanto, la búsqueda de Europa tiene una doble dimensión. Por un lado, responde a una necesidad económica de diversificar mercados. Por otro, también funciona como una señal política de que Estados Unidos no constituye la única alternativa para Canadá.

“También hay una voluntad política de decirle a Estados Unidos que yo tengo otras cartas”, explica Belaunde.

Esa aproximación coincide con el análisis publicado por AP, que señala que los aranceles, las exigencias económicas de Trump y sus referencias a Canadá como un eventual estado 51 están impulsando a Ottawa a buscar una relación económica, política y de seguridad más profunda con Europa.

La siguiente interrogante es cuánto más puede deteriorarse una relación que, pese a las tensiones políticas, continúa siendo esencial para ambos países.

Belaunde considera que todavía existe margen para que Washington incremente la presión, especialmente mediante nuevas medidas comerciales. Pero establece un límite: una ruptura diplomática completa entre dos países con vínculos económicos, sociales y geográficos tan estrechos resultaría difícil de imaginar.

“Ese sería el límite de Trump: poner aranceles”, afirma el analista. Aun así, contempla la posibilidad de nuevas restricciones comerciales e incluso otras medidas políticas dirigidas contra funcionarios o intereses canadienses.

Para Chávez Mazuelos, el problema tiene una dimensión más estructural. La política comercial de Trump no se limita a Canadá, sino que forma parte de una estrategia estadounidense destinada a modificar sus relaciones económicas con distintos socios.

El especialista sostiene que esta tendencia también afecta a México, China y otros países que mantienen importantes vínculos comerciales con Estados Unidos. En el caso canadiense, eso significa que incluso una eventual negociación entre Ottawa y Washington no necesariamente resolvería el problema de fondo.

La diferencia, en este momento, es que Canadá está intentando construir alternativas. Europa puede convertirse en una de ellas, aunque no en un reemplazo inmediato de Estados Unidos.

Esta combinación de imágenes muestra al primer ministro canadiense Mark Carney y a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Foto: DAVE CHAN / AFP

/ DAVE CHAN NICOLAS TUCAT

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La propia propuesta de “miembro asociado” todavía está lejos de ser una realidad. Como explica Belaunde, la figura deberá ser definida porque no existe actualmente dentro de la estructura de la Unión Europea. La iniciativa requerirá además el respaldo de los países miembros y una negociación sobre el alcance de la asociación.

Mientras tanto, Carney ha dejado claro que no pretende romper con Washington. En su discurso ante la Eurocámara sostuvo que el fortalecimiento de la relación con Europa puede hacer de Canadá un “mejor socio de Estados Unidos”. EFE recogió además su argumento de que la futura alianza no debe entenderse como una reacción contra otro país, sino como una forma de fortalecer a Canadá.

Entonces, el escenario todavía no apunta necesariamente a una ruptura entre los vecinos norteamericanos. Pero sí muestra una transformación en la forma en que Canadá entiende su posición internacional. Ottawa busca mantener su relación histórica con Estados Unidos mientras amplía sus vínculos con Europa y otras potencias.

La próxima cumbre Canadá-UE, prevista para octubre en Montreal, permitirá saber si la propuesta de “miembro asociado” puede transformarse en una estructura concreta de cooperación. Hasta entonces, la disputa entre Carney y Trump seguirá teniendo un componente comercial, pero también una dimensión mayor: quién establece las reglas de una relación que durante décadas estuvo marcada por la enorme influencia estadounidense y que Canadá ahora intenta diversificar.

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