El Perú suele presentarse como un país con abundantes recursos energéticos, y en buena medida lo es. Camisea ha sido uno de los proyectos más relevantes de América Latina en las últimas décadas: hoy provee cerca del 40% de la generación eléctrica nacional y abastece buena parte del consumo industrial y urbano de la costa.
Sin embargo, esa fortaleza esconde una fragilidad estructural poco discutida. Nuestro sistema energético depende de una arquitectura estrecha. El gas de Camisea llega a la costa a través de un ducto operado por Transportadora de Gas del Perú (TGP), con capacidad para transportar más de 1.500 millones de pies cúbicos diarios desde Cusco hacia Lima y el litoral. Ese ducto es el corazón del sistema energético nacional, pero también un corredor único: no existe una ruta alternativa de gran escala que lo reemplace ante una interrupción.
La ausencia de redundancia tiene explicaciones económicas —un segundo ducto costaría entre US$3.000 y US$5.000 millones—, pero también razones políticas e institucionales. El proyecto que buscaba ampliar el sistema, el Gasoducto Sur Peruano, adjudicado por más de US$7.300 millones, quedó paralizado en 2017 y nunca se retomó.
El caso del gas licuado de petróleo (GLP) muestra las consecuencias de esta arquitectura incompleta. Aunque el Perú produce cerca del 70% del GLP que consume, principalmente desde Camisea, el resto depende de importaciones a precios internacionales, y toda la producción nacional pasa por ese mismo ducto. Cuando falla, ambas fuentes se ven afectadas.
Así, el precio del balón de gas sigue ligado al mercado internacional y al tipo de cambio. A ello se suma que, aunque la normativa exige mantener reservas para 15 días, en la práctica los inventarios suelen ser menores.
La paradoja es evidente: el Perú tiene gas, pero una parte del combustible que usan sus hogares depende del mercado externo. La seguridad energética no se logra solo descubriendo recursos. Se construye con infraestructura redundante, almacenamiento y reglas que permitan planificar a largo plazo.
Camisea nos dio energía; lo que todavía no nos ha dado es seguridad energética.