miércoles, abril 1

La reciente interpretación del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) sobre la valla electoral para el Senado cambia las reglas de juego para los partidos políticos en contienda, pero podría darnos una composición sin tanta fragmentación.

El máximo ente electoral ha determinado que la valla electoral para la Cámara Alta se definirá entre la suma del total de votos de todos los partidos en Senado nacional y en el Senado múltiple. Sobre ese total se calculará el 5% de votos válidos. En números, si el Senado nacional arroja 13 millones de votos, y el Senado múltiple 10 millones, en total tendríamos 23 millones de votos. Para pasar la valla, un partido debería obtener más de un millón de votos para lograr representación en el Senado. Por supuesto, la valla podría ser más alta si se registran más votos en cualquiera de los dos rubros de elección que tenemos para el Senado.

No tenemos referencia inmediata de una elección para el Senado (la última elección de este tipo fue en 1990), pero podemos mirar que en la elección parlamentaria más próxima –la del 2021– solo cuatro partidos superaron el millón de votos: Fuerza Popular, Renovación Popular, Perú Libre y Acción Popular. Los dos primeros se mantienen primeros en las encuestas para la presente elección, el tercero no figura en las mediciones y el cuarto no participa de la contienda.

Siguiendo esa línea, pongámonos en el escenario de que otros dos partidos puedan llenar esos espacios (algo que va en línea con las últimas encuestas), con lo cual tendríamos un Senado repartido entre cuatro y seis partidos políticos. Algunos han venido generando alertas sobre los riesgos de un Senado ‘todopoderoso’ y los peligros que esto implicaría.

Las alertas pueden tomarse en cuenta (y hay varios ajustes por realizar), pero considero que el riesgo mayor radica en los excesos legislativos que provendrán de la Cámara Baja. Los diputados –al tener la iniciativa legislativa– serán los que bombardeen de proyectos de ley, en su mayoría populistas e infiltrados de intereses particulares, informales y hasta ilegales, y se requiere una Cámara Alta capaz de no ceder ante las presiones. De tener una correlación de fuerzas de senadores igual de fragmentada que la de diputados, resulta difícil pensar en que puedan constituir un filtro de contención. Sin un Senado fuerte, las leyes seguirán pasando ‘como por un tubo’, tal cual ha venido pasando desde el 2016.

Un Senado fraccionado también constituye un riesgo para un Ejecutivo, con o sin mayoría parlamentaria. Sin mayoría, resultaría aún peor. Un escenario de un Ejecutivo moderado con un Senado mayoritario puede ayudar a la estabilidad que ha escaseado en estos últimos años; y un Ejecutivo autoritario, con un Senado opositor fuerte, puede ser el balance necesario.

Claro está que nunca se descartan escenarios de ingobernabilidad como los vividos en los últimos años, así como tampoco se descartan resultados totalmente diferentes a los proyectados. En el Perú –o mejor dicho, en la política peruana–, siempre se puede estar peor de lo imaginado.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Share.
Exit mobile version