martes, enero 13
Venezuela después de Nicolás Maduro: cinco autores venezolanos analizan el futuro de su país tras la caída de Maduro | ELDOMINICAL | EL COMERCIO PERÚ

Escritores venezolanos analizan el futuro de su país. (Fotos: Agencias/ Archivo GEC)

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Días después de la captura del dictador Nicolás Maduro, destacados escritores venezolanos analizan para El Comercio el complejo tablero político, el rol del presidente Donald Trump y la difícil tarea de reconstruir un país donde tanto las instituciones como los afectos han sido devastados.

MIRA TAMBIÉN: El manuscrito de una amistad

Ellos son los autores participantes:

Narrador. Premio III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa por “The Night”. Vive en España.

Rodrigo Blanco Calderón.

/ Francisco Guasco

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  • Michelle Roche Rodríguez

Narradora y periodista. Finalista del premio Celsius por la novela “Malasangre” (Anagrama).

Michelle Roche Rodríguez.

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Narradora, actriz y directora de teatro. Autora de “El dolor de la sangre” (Planeta). Vive en el Perú.

Kathy Serrano.

/ CESAR CAMPOS

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Narradora y comunicadora. Autora de “Un animal que se deja caer” (Lumen). Vive en Lima.

Melanie Pérez Arias.

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Narradora y antropóloga. Autora de “Un lugar en la familia de las cosas” (Colmillo Blanco). Vive en Lima.

Claudia Paredes Guinand.

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Rodrigo Blanco Calderón: Según las declaraciones de Donald Trump y Marco Rubio, así como también se desprende de diversos análisis que he leído, por ahora se ha impuesto un pragmatismo brutal que consiste primero en desmantelar la organización criminal que ha mantenido al chavismo en el poder durante los últimos 26 años, pero desde adentro. Desde esta perspectiva, la figura de Delcy Rodríguez funciona como un pararrayos entre las facciones más peligrosas del chavismo, representadas por Diosdado Cabello, y los Estados Unidos. Es lo que explica que hoy día no haya presencia de tropas estadounidenses sobre el terreno. Eso es lo que pienso en mis momentos optimistas. En mis momentos de desasosiego, me gana el gatopardismo.

Michelle Roche Rodríguez: Ojalá supiera qué hay detrás de esta decisión. Lo que sí puedo decirte es que los venezolanos estamos acostumbrados a los modos autoritarios del presidente estadounidense, más de un cuarto de siglo llevamos en este esquema de poder. Hugo Chávez no era un demócrata. Intentó dos golpes de estado contra la democracia en los 90 y, aunque ganó las presidenciales de 1998 por amplio margen, su primera medida fue saltar los mecanismos de enmiendas establecidos en la Constitución de 1969 y decretar un referéndum donde consultaba al pueblo para redactar una nueva Constitución, la ‘bolivariana’ de 1999. La popularidad de entonces le permitió obtener el resultado deseado y aprovechó la ‘transición constitucional’ para decretar su primera ley habilitante, que también fue la más corta (de seis meses) de las cuatro que pasó mientras fue presidente (de entre 12 y 18 meses) y que le dieron poderes extraordinarios. Los mismos mecanismos los usó Maduro, que entre el 2013 y 2015 decretó dos habilitantes de 12 meses. Para lograr lo que no pudo con estas intentó una asamblea constituyente que quiso reformar la Carta Magna de 1999. La medida le salió mal porque carece del apoyo popular que sí tuvo Chávez –cuya otra fuente de legitimidad en el poder fueron los militares–. Y fíjate que no me refiero al colmo criminal del autoritarismo que son los presos políticos. Según cifras del la ONG Foro Penal, hay 863 presos políticos en mi país; 68 de ellos no se sabe dónde están recluidos y ni siquiera si están vivos. A mí me parece una muestra de la indiferencia de la comunidad internacional el que 86 de estos tengan nacionalidad extranjera (la mayoría, europeos) y la UE se hiciera de la vista gorda con nuestra crisis, porque más allá de algunas declaraciones sin consistencia, no han hecho nada.

Nicolás Maduro junto a su entonces vicepresidenta, Delcy Rodríguez, en tiempos más felices (para ellos). Rodríguez asumió el rol de presidenta interina luego del arresto de Maduro en una operación estadounidense.

/ MARCELO GARCIA

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Kathy Serrano: No lo creo. En Venezuela ya nada es igual, aunque por ahora parezca que el régimen sigue como si nada hubiera cambiado. Es muy pronto para afirmarlo o para saber qué viene: solo han pasado cinco días. Lo que sí sabemos los venezolanos es que ni en los sueños más alucinados creíamos que sería posible ver a Maduro salir del poder para enfrentar un juicio. Una grieta se abrió en el horror venezolano. Esa es una esperanza que no podemos quitarle al venezolano de a pie, que ha sufrido todo tipo de horrores en los últimos 25 años: 9 millones de venezolanos han tenido que salir; hay cerca de 1.000 presos políticos, miles más han sido asesinados, torturados. Miseria, hambre y humillación. Nada puede ser igual ahora, aunque el país entero esté en silencio, y decir algo como esto allá pueda significar la cárcel para quien lo diga o para sus familiares. Debemos entender que es un proceso complejo intentar desmontar una organización criminal enquistada durante tantos años. Por lo que se ve –y por lo que se deja entrever–, la apuesta parece ser empujar al propio régimen a desmantelarse desde adentro. En estos momentos, todos los poderes dentro de Venezuela están dominados por el chavismo. Pensar que esto sería entrar y cambiarlo todo con una varita mágica es simplemente fantasía. Me parece importante escuchar lo que las venezolanas y los venezolanos quieren para su presente y su futuro inmediato. Y creo que hay que escucharlo desde la zona más humana que cada una y cada uno de nosotros aún conserve en un presente que parece gritarnos que estamos enfermos de indiferencia. No somos ingenuos: sabemos que nada es gratis, que el precio es el petróleo. Siempre ha sido así, sea el bando que sea. Amanecerá y veremos.

Melanie Pérez Arias: Es todo tan delirante que detrás de esa decisión puede haber casi cualquier cosa: plata y control. Una que otra promesa de estabilidad. Un joven senador de Florida con bisoñé (Richard Grenell). El rumor de las refinerías de Texas que solo procesan crudo ultrapesado. Misoginia. Arrogancia. Megalomanía. Miedo. La mano sobre la rodilla de la hija. Fotos en la laptop del suicida. Ketamina. Una escenita de Hamlet o un sueño con gemelos: un niño y una niña juegan en la orilla, su padre es asesinado por un miembro de la CIA, quien empuña el arma es Trump.

Claudia Paredes Guinand: No creo que después de una intervención de Estados Unidos todo siga igual o al menos espero que no. Actualmente, varios analistas dicen que la CIA recomendó que se le dé el poder a Rodríguez por temor a que la oposición no pueda controlar el Ejército. De ser así, se estaría buscando evitar una guerra civil y traer un cambio sin más muertes. Espero que el momento de la oposición llegue sin que haya mayor violencia.

Rodrigo Blanco Calderón: Para los venezolanos que quieren el regreso de la democracia, no hay posibilidad de ser neutral. Hay muchos venezolanos que apoyan a Donald Trump y no ven en lo que está sucediendo ningún conflicto de intereses o de posiciones políticas. Y no los juzgo. Eso lo entiendo muy bien. Lamentablemente, yo me encuentro entre los que ven todo lo que está sucediendo como el mal menor. Detesto a Trump y no confío mucho en él, pero tengo claro que su apoyo y lo que está haciendo en Venezuela es la única posibilidad real de salir del chavismo.

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos.

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Michelle Roche Rodríguez: En ninguna parte del mundo ha hecho tanto daño la polarización como en Venezuela. Quienes viven todavía allí lo tienen claro. Me gustaría saber qué pasaría con la minoría que aún apoya al chavismo si para el acceso a los planes sociales no fuera necesario un ‘carnet de la patria’. Los agentes de polarización, trágicamente, somos los que nos fuimos. Y esto se debe al uso político que han dado a nuestra circunstancia los países que nos acogieron en la última década. En España, por ejemplo, la tragedia venezolana es el fantasma del fracaso que los partidos conservadores alborotan para tachar de ’bolivarianos’ a sus rivales a la izquierda. Por fortuna para estos partidos, los desmanes de la oposición han sido muchos y bien estrepitosos, lo que les ha permitido el contrataque. Como ves, la neutralidad es necesaria no solo en el caso venezolano sino en el ejercicio de la política en todo el mundo. Yo, por mi parte, no creo que hay nada que celebrar hasta que no se suelte a los presos políticos. Lo que más me gustaría es que, para blindar la causa contra Maduro, la Corte Penal Internacional emita de una vez una orden de arresto contra él. Seguramente el juicio contra Maduro en EE.UU. tomará un cariz polarizante, como todo últimamente, y es posible que sea absuelto allá por una corte o que el próximo presidente de ese país pierda interés en el asunto. Pero Maduro no es solo un ladrón, es un tirano grotesco y los crímenes de lesa humanidad no prescriben.

Kathy Serrano: Demasiado ruido. Todos ahora opinan, gritan en redes y tratan a los venezolanos como ingenuos, como si no hubieran vivido nada de todo este horror. Incluso he llegado a percibir cierto tufillo de emoción cuando algún opinólogo cree haber descubierto que todo esto no es más que otro engaño para el pobre pueblo venezolano. Creo que, si toda esta gente que hoy opina al mismo tiempo hubiera salido a apoyar a Venezuela –si esa energía se hubiera volcado antes–, tal vez hoy estaríamos hablando de otra Venezuela. Pero lo que hubo fue indiferencia. Los venezolanos lo intentaron todo. Todo. No se puede negar que Venezuela, en su clamor de ayuda, se quedó sola: que los países miraron hacia otro lado, que se abstuvieron y que muchos validaron al dictador e hicieron negocios con el régimen. Ahora que algo se movió, en los últimos días da la impresión de que las preocupaciones más importantes son el petróleo venezolano y los supuestos ‘derechos’ de un dictador. Da la impresión también de que el sufrimiento de un país entero –de un pueblo que ha perdido demasiado– importa poco en el debate público. Yo preferiría que el foco estuviera en lo esencial: que se abra camino una transición real, que se libere a los presos políticos, que cese la persecución al ciudadano de a pie, y que se instale un gobierno respaldado por elecciones limpias y transparentes. Tengo esperanza. Por ahora, es imposible tener certezas.

Melanie Pérez Arias: Lo neutral es problemático porque anula el movimiento. La preocupación lógica por el derecho internacional solo será honesta cuando incluya en el análisis un precedente igual de grave: el colapso del sistema democrático venezolano que ocurrió con la venia, y, no en pocos casos, la complicidad de la comunidad internacional. Hay mucho entretenimiento y reafirmación ideológica en criticar a Trump (como si fuera difícil), cuando lo que nos corresponde es fortalecer las instituciones, erradicar la corrupción y blindar los mecanismos democráticos para que el escenario de Venezuela, bombardeo incluido, no se repita nunca más en la región. Esto requiere trabajo. Por otra parte, quienes critican la celebración de los venezolanos al ver a nuestros verdugos presos tienen derecho a la mezquindad. Pero la vida es larga y, como diría Úrsula Iguarán, “el tiempo da vueltas en redondo”. Si tanto les amarga nuestra alegría –incompleta y llena de rabia–, quizá solo necesitan venir a la fiesta. Soltar la presión de estar todo el tiempo indignados. Descansar la pose combativa. Así que contra la psicopatía: trabajo y fiesta. No será el petróleo, pero es un buen negocio.

Claudia Paredes Guinand: No es posible encontrar un lugar neutral cuando existe un pueblo tan oprimido como el venezolano. O, en todo caso, la neutralidad será una ficción que durará lo que la alegría de ver a un tirano recibir su merecido. Luego vendrá el momento de creer, o de querer creer, que habrá otros no-psicópatas detrás de estos dos payasos que puedan hacer las cosas bien.

Rodrigo Blanco Calderón: Mi respeto por María Corina Machado no ha hecho sino crecer cada día. Su fuerza y su lucidez para no perder de vista el objetivo principal, que es la libertad de Venezuela, es sencillamente admirable. No le ha temblado el pulso a la hora de asumir posiciones cuestionables o incomprensibles para quienes no son venezolanos, pero que están sostenidas por una clara estrategia. Su dedicatoria del Premio Nobel a Trump o su insistencia en el agradecimiento aun después de lo que Trump dijo de ella ha sido motivo de burla o indignación entre muchas personas. Pero quienes sí entendemos lo que está pasando y lo que está en juego no podemos sino apoyarla por el sacrificio que está haciendo. Por su parte, Edmundo González Urrutia también merece toda mi admiración y mi respeto. Por pura vocación civil, dio un paso adelante cuando se le necesitó y ha cumplido con su papel de manera digna. Y esto arriesgando su vida y haciendo sacrificios enormes también. Su yerno lleva ya meses secuestrado por la dictadura, sin que la familia haya tenido un solo contacto o información directa sobre su estado y su paradero.

La ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, en conferencia de prensa el 11 de diciembre de 2025 en el Storting de Oslo, Noruega. (Foto de Ole Berg-Rusten / NTB / AFP).

/ OLE BERG-RUSTEN

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Michelle Roche Rodríguez: No me interesa el protagonismo de ningún actor específico de la oposición. Lo importante es que salgan los últimos resabios de la llamada revolución bolivariana y se establezca el Estado de derecho en Venezuela. El único que tiene la legitimidad necesaria para asegurar la vuelta a una institución democrática en mi país es Edmundo González Urrutia.

Kathy Serrano: Creo que María Corina Machado, nos guste o no, ha sostenido una lucha con un coraje que a otros les ha faltado. Su vida ha estado en riesgo y su integridad física ha sido vulnerada. Pasó un tiempo importante en la clandestinidad. Encendió de nuevo la mecha de la esperanza y la valentía en un pueblo venezolano que se sentía derrotado para siempre. Impulsó en el 2024 un proceso político que, hasta ese momento, parecía imposible, y logró una victoria contundente. Con actas en mano, contribuyó a documentar y denunciar el fraude. Una mujer así no va a estar fuera del tablero por mucho tiempo.

El líder opositor venezolano Edmundo González Urrutia.

Melanie Pérez Arias: María Corina articuló un movimiento sin precedentes que ganó las elecciones y demostró el fraude electoral. Eso, y las condiciones en las que Edmundo fue electo presidente, ya es histórico. Que Trump cuestione su liderazgo ofendería si no fuera un mercenario. No tiene estatura moral para tocarla. Al menos no frente a los venezolanos que reconocemos su gesta. Esto, por supuesto, no le importa a nadie en las dinámicas del poder. Si dependiera de mí escribir su próximo capítulo, como en una novela, le pondría al frente unas elecciones limpias. “Yo quiero medirme” es una de sus frases célebres. Le haría decir lo que realmente piensa, enfurecer, quitarse el Cristo de la boca: me harta un poco su beatitud.

Claudia Paredes Guinand: Creo que ya son protagonistas, solo que están fuera de escena en este momento, a la espera de volver a entrar. Espero que más pronto que tarde llegue su momento.

Rodrigo Blanco Calderón: No puede haber reconciliación nacional sin justicia. Eso es lo primero. En segundo lugar, habría que preguntarse qué se entiende por reconciliación en este caso. Si se trata de respetar al otro a pesar de las diferencias políticas y garantizar la igualdad de oportunidades en un futuro que sea verdaderamente democrático, pues creo que es posible. Si tiene que ver con el perdón, ya eso es otra cosa. Yo jamás podré perdonar a quienes fueron culpables o cómplices de esta catástrofe.

Michelle Roche Rodríguez: La reconciliación entre los venezolanos comenzó hace años, pues es iniciativa de la gente sencilla. Solo a los políticos dentro y fuera de mi país, de uno o de otro color, venezolanos o no, les interesa mantener la polarización. Supongo que la idea de que somos incapaces de una reconciliación durará hasta que encuentren a otro gentilicio que llene nuestro lugar en el inacabable carrete de desgracias que muestran las redes sociales.

Kathy Serrano: La amnistía general y la liberación de presos políticos son un punto de partida: sin eso no hay conversación posible. Pero la reconciliación tendremos que trabajarla y no creo que sea fácil. Yo la veo posible solo si se combinan verdad, reparación y garantías de no repetición. Una reconciliación que sea borrón y cuenta nueva suele ser la antesala de la próxima violencia. Y, al mismo tiempo, una justicia que se vuelva venganza también pudre el futuro. El reto es diseñar una justicia transicional inteligente: liberar a los inocentes, juzgar lo juzgable, proteger a las víctimas y desmontar las estructuras que hicieron normal el abuso.

Melanie Pérez Arias: La reconciliación es melodrama. Los presos políticos y las familias de las víctimas necesitan justicia y reparaciones.

Claudia Paredes Guinand: Toda reconciliación luego de épocas convulsas toma tiempo, y en este caso elijo creer que existirá. Llevo años estudiando y buscando cómo generar espacios de diálogo y existen varios en pie en Venezuela con ese mismo optimismo. Zweig dijo una vez que, en la historia, los momentos en los que prevalecen la razón y la reconciliación son cortos y fugaces. Pues elijo creer que nos merecemos esa corta ventana.

Venezolanos celebrando en Lima la captura de Nicolás Maduro y su esposa.

Rodrigo Blanco Calderón: La reconstrucción del país es una urgencia muy concreta y nada simbólica. Hay que liberar a los presos políticos, garantizar la alimentación y los servicios de salud para todos los venezolanos, en especial los más necesitados. Reactivar el aparato productivo en todas sus áreas. Eso, aunque no lo parezca, creo que sería lo más sencillo. Lo verdaderamente difícil, pues toma mucho tiempo, es reparar el daño cultural, educativo y espiritual que nos han hecho. En esa labor, la educación, la cultura, las artes tendrán un papel fundamental. Aunque en un contexto como el de ahora, donde globalmente las humanidades cada vez importan menos, quizás es utópico abrigar muchas esperanzas al respecto.

Michelle Roche Rodríguez: Ni la educación ni las artes han sido prioridad en los gobiernos de Hugo Chávez o Nicolás Maduro. Creo, sin embargo, que la construcción de una institucionalidad democrática pasa por el rescate de la educación y el resto de instituciones culturales del país. No puedo emitir una opinión informada sobre el éxodo en el sector, porque el único caso que conozco es el de los que emigraron a España.

Kathy Serrano: La reconstrucción simbólica va a ser, quizá, lo más largo: volver a creer en la palabra ‘institución’, volver a confiar en el otro. Y ahí el país llega devastado: salarios miserables, deserción docente, escuelas sin infraestructura, persecución y censura; además de un éxodo que se llevó profesores, investigadores, artistas, técnicos, gestores culturales. Hay reportes recientes que describen el colapso educativo con cifras durísimas (abandono docente y precariedad salarial) y señalan que revertir la caída de la ciencia y la universidad exige cambios políticos profundos, no solo dinero. El éxodo en cultura se manifiesta como una diáspora creativa: los creadores producen afuera, arman comunidad afuera, y a la vez cargan el duelo de no poder sostener una escena dentro del país.

Empleados gubernamentales observan el exterior de una casa afectada tras ataque de EE.UU. en Caracas (Venezuela). EFE/ Miguel Gutiérrez

Melanie Pérez Arias: Me cuesta pensar en términos de arrase y devastación porque Venezuela sigue produciendo belleza. Hay trabajos de archivo y preservación de la cultura que se hacen con las uñas, tanto dentro como fuera del territorio. Aunque nuestro capital simbólico está fragmentado, y a ratos demasiado embebido en la nostalgia, me maravillo al ver gente que solo ha vivido bajo el chavismo haciendo música, poesía, humor, plástica, incluso moda de forma independiente. ¿Cómo? Pues como pueden y sin escándalo. Desde la diáspora, nuestra cultura se ha impregnado de todos los matices. Levantas una piedra en Groenlandia y hay un venezolano rellenando arepas con ingredientes locales. Rompimos el monolito. Nos mezclamos. Tenemos hijitos con acentos distintos al nuestro. Somos la pesadilla antinacionalista de Hugo Chávez. Ahora nuestra identidad es un prisma y no puedo esperar a que pase el dolor para mirar a través.

Claudia Paredes Guinand: La reconstrucción simbólica es más importante que la reconstrucción material. Las instituciones venezolanas están devastadas, sí, pero todos los que han emigrado del país se sentirían más seguros de volver si la confianza en quienes las dirigen también regresara.

Rodrigo Blanco Calderón: Me gustaría tener el derecho de ir y volver sin que fuera una odisea o sin miedo. No sé si alguna vez podría volver a vivir fijo en Venezuela. Al menos, no me lo he planteado a corto plazo.

Michelle Roche Rodríguez: No, pero mi caso es particular. Yo estoy en España para hacer carrera literaria, igual que otros colegas del Perú, México, Argentina y demás países de América Latina.

Kathy Serrano: Volver es un deseo. Volver a pisar la tierra que me vio nacer. Volver a abrazar los afectos. Volver y mirar al país y su gente en libertad. Siempre volvería. Mi casa, mi hogar ahora están en el Perú. Tengo una vida ya muy larga aquí. Igual, una nunca sabe qué nos depara el mañana.

Dos mujeres venezolanas sostienen su bandera nacional en la Ciudad de Panamá.

/ ARNULFO FRANCO

Melanie Pérez Arias: Tengo la fantasía infantil de vivir siempre en verano. Seis meses en el Caribe y seis meses en el Pacífico, en un retorno infinito a dos lugares llamados casa.

Claudia Paredes Guinand: Llevo más de 25 años volviendo a Venezuela para reencontrarme con mi familia cada vez que ha sido posible, y espero hacerlo más a menudo y en un país libre y democrático.

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