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La arquitectura suele pensarse como protección, como promesa de orden y estabilidad. En Brillo Solar, la artista peruana Raura Oblitas propone lo contrario: un espacio que restringe y que convierte al cuerpo en la medida de una tensión constante. Su más reciente exposición en Ciudad de México no se limita a exhibir obras dentro de una sala; transforma la sala misma en un dispositivo activo, en una estructura que busca ser contemplada.
La arquitectura suele pensarse como protección, como promesa de orden y estabilidad. En Brillo Solar, la artista peruana Raura Oblitas propone lo contrario: un espacio que restringe y que convierte al cuerpo en la medida de una tensión constante. Su más reciente exposición en Ciudad de México no se limita a exhibir obras dentro de una sala; transforma la sala misma en un dispositivo activo, en una estructura que busca ser contemplada.
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Desde el ingreso, el espectador se enfrenta a una arquitectura que parece replegarse sobre sí misma. Muros, pasajes y volúmenes alteran la percepción del movimiento y del espacio disponible. La galería deja de funcionar como un contenedor neutral y se convierte en una extensión directa de las preocupaciones centrales de Oblitas: cómo el diseño urbano y arquitectónico moldea, condiciona y, en muchos casos, somete al cuerpo que lo habita.
La muestra se articula a partir de morfologías asociadas al subsuelo y a arquitecturas defensivas —búnkers, túneles, refugios— que han atravesado la historia latinoamericana y global como respuestas extremas a la violencia, la guerra o la supervivencia. Más que citarlas de manera literal, Oblitas las traduce en gestos escultóricos donde la compresión espacial se vuelve lenguaje y experiencia física.
Detalle de las piezas escultóricas de pequeña escala, realizadas en mármol y concreto, que dialogan con la lógica del encierro y los espacios defensivos abordados en la muestra. (Créditos: Ramiro Chaves)
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Este interés por lo subterráneo no es arqueológico ni anecdótico. Es político. Se trata de arquitecturas que llevan el cuerpo al límite y radicalizan la relación entre protección y opresión, entre cuidado y control. En ellas, la arquitectura pierde cualquier pretensión de neutralidad: se pliega hacia adentro, encierra, presiona. Brillo Solar propone pensar estos espacios como manifestaciones de una violencia estructural persistente, tan eficaz como silenciosa.
Los materiales refuerzan esta lectura. Concreto, acero y mármol —asociados a lo institucional, a lo estable y a lo fortificado— funcionan como extensiones del propio edificio. Las urnas de mármol y las cajas escultóricas de pequeña escala establecen vínculos inquietantes con lo mortuorio, el ocultamiento y el encierro. Son arquitecturas mínimas que condensan una ambigüedad radical: refugio y tumba, protección y clausura.
Vista general de la exposición, donde la arquitectura deja de ser un fondo neutral y se convierte en una estructura que condiciona el recorrido y la percepción del cuerpo del visitante. (Créditos: Ramiro Chaves)
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Uno de los gestos más elocuentes de la exposición es el cambio de escala. Mientras el espacio arquitectónico envuelve y presiona al cuerpo del visitante, las piezas pequeñas operan como una contraescena. En ellas, el espectador observa en miniatura la lógica del encierro que acaba de experimentar físicamente, produciendo un desplazamiento entre lo colectivo y lo íntimo, entre la vivencia corporal y la reflexión distanciada.
Oblitas no busca una experiencia de opresión explícita ni espectacular. Su apuesta es más inquietante: revelar cómo la violencia puede inscribirse en la arquitectura, en la forma y en la proporción del espacio. El título Brillo Solar introduce una paradoja: frente a un paisaje subterráneo y defensivo, aparece la idea de la luz como exterior y como promesa, una señal de que incluso las arquitecturas diseñadas para encerrar y controlar contienen, en su propia lógica, la posibilidad de fisura.




