El expresidente brasileño Jair Bolsonaro, condenado por tramar un golpe de Estado, recibió este viernes el alta tras dos semanas ingresado por una neumonía aguda y comenzó a cumplir 90 días de prisión domiciliaria por orden de la Corte Suprema.
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Así, el lunes pasado, la Fiscalía se manifestó, por primera vez, a favor de conceder el beneficio al capitán retirado del Ejército, pues a su juicio requiere “atención constante y cuidadosa”.
En opinión del Ministerio Público, la prisión domiciliaria permite brindar “los cuidados indispensables para el monitoreo, en tiempo integral, del estado de salud del expresidente”.
Un día después, De Moraes falló a favor de Bolsonaro, pero limitó el arresto domiciliario a 90 días y le impuso duras restricciones.
El expresidente tendrá que llevar tobillera electrónica, como ya usó entre agosto y noviembre de 2025 -y que intentó romper en un supuesto intento de fuga-, y no podrá usar ni el celular, ni las redes sociales directamente o por medio de terceros.
Además, solo podrá recibir las visitas de sus abogados, de los médicos y de sus hijos con el objetivo de “resguardar el ambiente controlado necesario” y evitar futuras infecciones, según el Supremo.
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Jair Bolsonaro viene sufriendo diversos problemas médicos que él y su entorno achacan a la puñalada que sufrió en el abdomen en la campaña electoral de 2018 y que le ha obligado a pasar varias veces por el quirófano.
Entre esos trastornos figuran crisis recurrentes de hipo que le llevan a vómitos, los cuales estarían detrás de esta última neumonía bilateral bacteriana, según el equipo médico.
Bolsonaro estaba recluido desde finales de noviembre pasado, primero en una sala especial de la Superintendencia de la Policía Federal en Brasilia y, desde enero, en un complejo penitenciario de la capital brasileña, donde pasó a tener un espacio mayor.
En esos cien días aproximadamente, el exgobernante fue hasta tres veces al hospital: la primera para ser intervenido de nuevo en el abdomen; la segunda para hacerse unas pruebas tras caerse en su celda y golpearse la cabeza; y esta tercera por una neumonía.
El dirigente ultra fue condenado el pasado 11 de septiembre por el Supremo por “liderar” un complot golpista con la intención de “perpetuarse en el poder”, tras perder las elecciones de 2022 ante el actual gobernante, el progresista Luiz Inácio Lula da Silva.














