En los últimos años, el Estado peruano ha destinado recursos a una amplia gama de prioridades, pero becar a sus mejores estudiantes no ha sido una de ellas. El reciente anuncio de que cerca de 300 jóvenes admitidos en las mejores universidades del mundo quedarían sin poder postular a las 150 plazas que el programa ofrece cada año, sumado a los problemas previos de presupuesto en torno a Beca 18, revela las prioridades del Estado. Esto ocurre en un contexto en el que el Ejecutivo ha comprometido cerca de S/20 mil millones en nueve rescates a Petro-Perú desde 2022. El Congreso, por su parte, ha aprobado medidas que reducirían la recaudación en S/34.564 millones y, además, ha elevado su propio presupuesto en un promedio de S/366 millones anuales por encima de lo propuesto inicialmente por el MEF desde 2022. Solo el último incremento, equivalente a S/485 millones, habría bastado para cubrir más de la mitad del déficit presupuestal que enfrenta Pronabec este año.
En los últimos años, el Estado peruano ha destinado recursos a una amplia gama de prioridades, pero becar a sus mejores estudiantes no ha sido una de ellas. El reciente anuncio de que cerca de 300 jóvenes admitidos en las mejores universidades del mundo quedarían sin poder postular a las 150 plazas que el programa ofrece cada año, sumado a los problemas previos de presupuesto en torno a Beca 18, revela las prioridades del Estado. Esto ocurre en un contexto en el que el Ejecutivo ha comprometido cerca de S/20 mil millones en nueve rescates a Petro-Perú desde 2022. El Congreso, por su parte, ha aprobado medidas que reducirían la recaudación en S/34.564 millones y, además, ha elevado su propio presupuesto en un promedio de S/366 millones anuales por encima de lo propuesto inicialmente por el MEF desde 2022. Solo el último incremento, equivalente a S/485 millones, habría bastado para cubrir más de la mitad del déficit presupuestal que enfrenta Pronabec este año.
La Beca Generación del Bicentenario (BGB) es, en este contexto, una de las líneas más pequeñas del presupuesto público, apenas 0,028% del presupuesto anual de Educación, que a su vez concentra cerca de una quinta parte del presupuesto público total. Sin embargo, desde 2013 ha adjudicado 2.785 becas a profesionales peruanos de alto rendimiento académico y recursos limitados para cursar maestrías y doctorados en las 400 mejores universidades del mundo, bajo compromiso de retorno y servicio profesional al país, con un costo aproximado de S/ 232 mil por maestría y S/ 411 mil por doctorado. Su magnitud queda clara al compararla con lo que el Congreso gasta en bonos de planilla. Entre 2021 y 2025 la BGB devengó apenas S/ 45 millones, tres veces menos que los S/ 134 millones que el Congreso asigna en un solo año a la partida donde registra escolaridad, aguinaldos, gratificaciones, bono de productividad y bono por crecimiento económico. Esos S/ 134 millones habrían financiado 580 maestrías o más de 320 doctorados en el extranjero.
La BGB es una de las pocas políticas públicas con capacidad real de transformar de manera sostenible la vida de los peruanos, dado que interviene simultáneamente en tres dimensiones: (i) la formación de capital humano avanzado, (ii) la movilidad social intergeneracional, y (iii) la capacidad de un país para multiplicar conocimiento en nuevas generaciones. Al articular estas tres dimensiones, la beca contribuye a mejorar la oferta laboral, reducir la pobreza y elevar la productividad en el largo plazo.
Solo el último incremento, equivalente a S/485 millones, habría bastado para cubrir más de la mitad del déficit presupuestal que enfrenta Pronabec este año.
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Por un lado, el programa contribuye a cerrar la brecha entre la oferta y la demanda de talento en el mercado laboral peruano. Actualmente, nueve de cada diez empresas reportan dificultades para encontrar trabajadores con las calificaciones que requieren, especialmente en tecnologías de información, ingeniería e investigación aplicada. Los becarios se forman justamente en esas disciplinas, donde la oferta local es más escasa.
La beca es también uno de los pocos canales reales de movilidad intergeneracional que ofrece el sistema peruano. De hecho, los trabajadores con posgrado perciben ingresos 63,5% mayores que quienes solo culminaron el pregrado y registran una tasa de empleo informal de 13,1%, menos de la mitad del 31,2% observado entre quienes tienen educación universitaria completa. Además del ingreso mayor que reciben los trabajadores con posgrado, hay que tomar en cuenta que el 70,5% de sus beneficiarios proviene de universidades públicas y el 49,3% postula desde fuera de Lima. En la práctica, el programa financia la distancia que separa a estudiantes talentosos de bajos ingresos de instituciones académicas de excelencia global, una brecha que el mercado no resuelve por sí solo.
Además, el impacto del programa no termina en el becario. De acuerdo con el más reciente estudio de Pronabec sobre experiencias de retorno, el 75,9% de los beneficiarios pasa más tiempo en el Perú que en el extranjero luego de culminar el posgrado. Una proporción relevante, además, se incorpora a la docencia universitaria, multiplicando el efecto de la inversión pública sobre nuevas generaciones de talento. En conjunto, esto puede contribuir a elevar la productividad del país en el largo plazo.
Cada año que se posterga esta inversión, el país renuncia a una cohorte de ingenieros, médicos, investigadores y servidores públicos formados al más alto nivel. También renuncia a los encadenamientos que esa formación genera sobre la productividad y la movilidad social de familias que no pueden costear un posgrado en el extranjero. El Ejecutivo todavía puede corregir el rumbo: asegurar los recursos y evitar que otro grupo de estudiantes quede fuera no por falta de mérito, sino por falta de voluntad política.




