En las páginas más sorprendentes de la historia del Perú, a veces emerge un testimonio que no solo nos habla del pasado, sino que toca lo más profundo de nuestra identidad nacional. En mayo de 1959, El Comercio encontró en Arequipa a un personaje que parecía salido de una novela histórica: Telésforo Quirita,
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El anciano afirmaba haber nacido “allá por 1840” y que, con unos supuestos 119 años a cuestas, se presentaba como sobreviviente de la Guerra del Pacífico y testigo presencial de la heroica defensa del Morro de Arica, comandada por el coronel Francisco Bolognesi.
Década de 1950. Calle de la Medalla (octava cuadra del jirón Ica), Centro de Lima. Casona desde la cual el coronel Francisco Bolognesi partió rumbo a la Batalla de Arica. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio).
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Luego de 146 años de esa batalla —que conmemoraremos este 7 de junio de 2026—, la figura de Quirita resurge como un puente viviente con uno de los episodios más épicos de nuestra historia republicana.
¿Cómo se dio con él sacándolo del anonimato? Una noticia apareció antes en los periódicos locales arequipeños: “Anciano de 119 años busca afanosamente a su único hijo”. Pero lo que parecía una de tantas historias de abandono y vejez, pronto reveló una verdad asombrosa.

El Comercio destacó no solo al longevo soldado que conoció a Bolognesi sino también su voluntad de ayudar en la Colecta Pro Marina. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
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Ese anciano encorvado, de andar pausado y mirada de otro siglo, había luchado en la Guerra del Pacífico (1879-1883) y decía haber conocido personalmente al coronel Francisco Bolognesi. El mismo que, ante el ultimátum chileno, respondió con valentía y honor: “Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”.
Pues, como viejo soldado, Telésforo Quirita fue uno de los primeros que supo de esa histórica frase dicha ante el emisario sureño, el mayor Juan De la Cruz Salvo.
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LA COLECTA QUE QUIRITA QUISO APOYAR
Esos primeros días de mayo de 1959, el país entero se encontraba movilizado por la Colecta Nacional Pro Marina. El diario El Comercio, junto con otras instituciones patrióticas, impulsaba una campaña nacional para fortalecer la defensa marítima del país.
Se buscaba adquirir unidades navales, equipos, instrumental, porque se sabía que el mar no era solo horizonte: era frontera. Desde Tacna hasta Tumbes, los escolares, comerciantes, familias enteras salieron a las calles con alcancías metálicas y banderolas en mano.
Izq., el corresponsal en Arequipa entrevista a Telésforo Quirita, exsoldado de la Batalla de Arica, de 119 años, según él mismo contó. Der., El rostro joven del héroe de Arica, coronel Francisco Bolognesi. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio, mejorada con IA)
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Y fue precisamente en ese contexto que un corresponsal arequipeño del diario Decano encontró a don Telésforo Quirita, un anciano frágil, silencioso y memorioso.
Él vivía en una casona humilde del distrito de Miraflores, en la Ciudad Blanca. Allí, en un cuarto con olor a cera y devoción, rodeado de cuadros gastados de la Virgen de Chapi y el Señor de la Sentencia —herencia de su madre—, habló para El Comercio.
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La voz del exsoldado de Arica, dice la crónica del diario del 4 de mayo de 1959, era apenas un susurro algo ronco, ansioso, pero su mente aún estaba lúcida, hasta clara, casi como el cielo arequipeño que lo cobijaba.
EL BOLOGNESI QUE EL EXSOLDADO QUIRITA CONOCIÓ
“Yo vi a Bolognesi”, dijo con convicción. “Tenía una mirada firme, era de las personas que no bajaban la cabeza”. Quirita tenía entonces 39 años. Marchó con su batallón hasta el sur, cruzando pampas, soportando la intemperie y el desaliento.
Cuadro «La Respuesta» (1891) del pintor peruano Juan Lepiani. (Foto: Museo de los Combatientes del Morro de Arica)
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El señor Quirita recordaba a sus capitanes Montoya y Galdós, y a sus compañeros que cayeron frente a él en Arica. No recordaba la fecha, pero sí las voces, los gritos, el olor a pólvora. Y también el último estallido.
La batalla de Arica, librada el 7 de junio de 1880 en el morro, fue un sacrificio nacional. Un acto de resistencia frente al avance chileno, cuando todo parecía perdido.
Allí murieron los oficiales Francisco Bolognesi, José Joaquín Inclán, Ramón Zavala, Benigno Cornejo, Juan Guillermo Moore, Alfonso Ugarte y el valiente cabo Alfredo Maldonado, de solo 16 años, entre otros, además de centenares de soldados rasos peruanos.
De estos últimos sobrevivieron varios, heridos y no heridos, que terminaron como prisioneros. Uno de ellos —quizás el último que quedaba vivo en 1959— fue Telésforo Quirita.




