martes, abril 28

En Universitario de Deportes discutir del rendimiento, los malos centros, los pésimos achiques y que ningún refuerzo 2026 ingresó el domingo al campo es agotador para el hincha. La verdadera discusión está en el poder. La derrota 2-1 ante Alianza Atlético terminó de confirmar que la goleada frente a Deportivo Garcilaso fue solo un paréntesis, no un punto de quiebre. Y en medio de ese escenario, la pregunta se vuelve inevitable: ¿Quién manda hoy en la ‘U’? ¿Álvaro Barco o Franco Velazco?

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La salida de Jean Ferrari a mediados del 2025 partió el mapa de poder en Ate. Desde entonces, el club funciona con una dualidad que, mientras hubo resultados, pasó desapercibida. Hoy, en crisis, esa estructura muestra fisuras. Velazco administra, Barco decide en lo deportivo. Pero cuando las decisiones fallan, la frontera entre ambos se diluye.

Velazco ha construido un modelo que, en números, es inobjetable. Universitario volvió a ser un club viable: más de 40 mil hinchas por partido, ingresos récord por auspicios, una estructura que sostiene el pago de la deuda bajo el Plan de Reestructuración. En su lógica, el equipo debe ganar para sostener ese círculo virtuoso. Porque en la ‘U’, competir también es facturar.

Barco, en cambio, asumió el control del proyecto deportivo para el 2026. Apostó por Javier Rabanal y perdió. No solo por resultados —21 puntos y fuera de la pelea del Apertura, lejos de Alianza Lima y Los Chankas, ambos con 29—, sino por identidad. La ‘U’ dejó de ser ese equipo intenso, vertical y confiable. Y el mercado de fichajes terminó de debilitar el proyecto: nombres como Sekou Gassama o Miguel Silveira no han respondido y hoy ni siquiera figuran en la rotación.

El problema es que ninguno de los dos polos de poder puede desligarse del otro. Velazco respaldó las decisiones de Barco; Barco necesitó ese respaldo para ejecutarlas. Hoy, con el equipo en crisis, lo que tambalea no es solo el banco: es todo el ecosistema. Ingresos, planificación, liderazgo en el vestuario y, por supuesto, la elección del nuevo entrenador.

Porque ahí está el siguiente capítulo. Barco ha dicho que no se tomarán decisiones apresuradas. Pero la realidad es más cruda: no hay un candidato con consenso ni con el peso suficiente para asumir el cargo. Mientras tanto, Jorge Araujo sostiene el interinato, aunque sin respaldo reglamentario. Ya dirigió los dos partidos que permite la Liga 1 y este miércoles, ante Club Nacional de Football por la Copa Libertadores, también se agotará la ventana que permite la Conmebol para técnicos interinos.

El reloj corre. Y en la ‘U’ no hay plan.

Jorge Araujo. (Foto: GEC)

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Más allá de nombres propios, el perfil está claro. Universitario necesita un entrenador que respete el 3-5-2, no como un capricho táctico, sino como una identidad construida. Es el sistema del tricampeonato, el que el plantel defiende y el que la hinchada reconoce. Pero no basta con dibujarlo en la pizarra: hay que interpretarlo.

Se busca, además, un gestor de grupo. Un perfil cercano al de Jorge Fossati o Fabián Bustos, donde la idea futbolística convivía con una conexión directa con el vestuario. Porque si algo ha quedado claro en estos meses es que el mensaje no llegó.

Álvaro Barco es el responsable del fichaje de Javier Rabanal, quien dejará de ser técnico de la 'U' en las próximas horas. | Foto: Lenin Tadeo

Álvaro Barco es el responsable del fichaje de Javier Rabanal, quien dejará de ser técnico de la ‘U’ en las próximas horas. | Foto: Lenin Tadeo

/ LENIN TADEO

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El problema es que ese entrenador ideal no aparece. O no convence. Y en esa indefinición, aparece una alternativa de emergencia: inscribir a Araujo como técnico oficial para lo que resta del Apertura. Sería una forma de ganar tiempo, pero también una señal de improvisación.

Mientras tanto, la presión externa crece. La Trinchera Norte ya se manifestó y pidió la salida de Barco. Si ese escenario se concreta, Velazco quedará como única cabeza visible. Pero con una limitación evidente: no maneja el mercado ni los contactos para elegir un técnico. En ese caso, el poder se reconfiguraría hacia Antonio García Pye, gerente deportivo, quien asumiría un rol más protagónico.

En Universitario, entonces, la crisis no es solo de resultados. Es de estructura. Un club que había encontrado estabilidad institucional vuelve a caminar sobre una cuerda floja. Y en esa tensión, la elección del próximo técnico no será solo una decisión deportiva: será la prueba definitiva de quién manda realmente.

Porque en la ‘U’, hoy más que nunca, el poder no se mide en cargos. Se mide en decisiones. Y en aciertos.

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