En Universitario de Deportes discutir del rendimiento, los malos centros, los pésimos achiques y que ningún refuerzo 2026 ingresó el domingo al campo es agotador para el hincha. La verdadera discusión está en el poder. La derrota 2-1 ante Alianza Atlético terminó de confirmar que la goleada frente a Deportivo Garcilaso fue solo un paréntesis, no un punto de quiebre. Y en medio de ese escenario, la pregunta se vuelve inevitable: ¿Quién manda hoy en la ‘U’? ¿Álvaro Barco o Franco Velazco?
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Más allá de nombres propios, el perfil está claro. Universitario necesita un entrenador que respete el 3-5-2, no como un capricho táctico, sino como una identidad construida. Es el sistema del tricampeonato, el que el plantel defiende y el que la hinchada reconoce. Pero no basta con dibujarlo en la pizarra: hay que interpretarlo.
Se busca, además, un gestor de grupo. Un perfil cercano al de Jorge Fossati o Fabián Bustos, donde la idea futbolística convivía con una conexión directa con el vestuario. Porque si algo ha quedado claro en estos meses es que el mensaje no llegó.

Álvaro Barco es el responsable del fichaje de Javier Rabanal, quien dejará de ser técnico de la ‘U’ en las próximas horas. | Foto: Lenin Tadeo
/ LENIN TADEO
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El problema es que ese entrenador ideal no aparece. O no convence. Y en esa indefinición, aparece una alternativa de emergencia: inscribir a Araujo como técnico oficial para lo que resta del Apertura. Sería una forma de ganar tiempo, pero también una señal de improvisación.
Mientras tanto, la presión externa crece. La Trinchera Norte ya se manifestó y pidió la salida de Barco. Si ese escenario se concreta, Velazco quedará como única cabeza visible. Pero con una limitación evidente: no maneja el mercado ni los contactos para elegir un técnico. En ese caso, el poder se reconfiguraría hacia Antonio García Pye, gerente deportivo, quien asumiría un rol más protagónico.
En Universitario, entonces, la crisis no es solo de resultados. Es de estructura. Un club que había encontrado estabilidad institucional vuelve a caminar sobre una cuerda floja. Y en esa tensión, la elección del próximo técnico no será solo una decisión deportiva: será la prueba definitiva de quién manda realmente.
Porque en la ‘U’, hoy más que nunca, el poder no se mide en cargos. Se mide en decisiones. Y en aciertos.













