El tráfico aéreo doméstico en el Perú se ha recuperado lenta pero sostenidamente tras la pandemia, ubicándose en 114% respecto de 2019, según cifras del MTC. Sin embargo, el tráfico internacional continúa estancado en torno al 98%. Este desempeño es especialmente crítico dado que países competidores como Colombia y México se recuperaron en 2022. Si bien diversos factores han contribuido a este rezago, en un entorno regional cada vez más competitivo es urgente enfrentar los problemas que limitan la recuperación y sostenibilidad del sector; sin dar por sentado el interés de las aerolíneas de seguir apostando por el país.
En ese contexto, el nuevo Aeropuerto Jorge Chávez cumple un rol clave al abrir oportunidades para la expansión de rutas y frecuencias, pasando de 35 a 52 operaciones por hora. No obstante, su operatividad requiere serios ajustes. Persisten desafíos advertidos por la industria en puentes de abordaje, áreas de espera, tiempos de conexión y, especialmente, en los procesos de seguridad e inmigración, aspectos críticos para la experiencia del pasajero y que otros hubs de la región gestionan con eficiencia. Asimismo, la competitividad del sistema aerocomercial también depende del fortalecimiento de la red de aeropuertos internos, muchos de los cuales carecen de infraestructura y servicios adecuados que limitan la conectividad doméstica.
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A ello se suma el desafío de los costos. La nueva TUUA de transferencia internacional y el futuro traslado de la inversión del nuevo terminal a las tarifas desde 2027 restarán competitividad a Lima frente a otros hubs de la región, efecto ya reflejado en los anuncios de cancelaciones de rutas. Existen alternativas para mitigar estos impactos -respetando los compromisos del Estado-, pero requieren priorizar el interés nacional sobre beneficios particulares de corto plazo.
Finalmente, un marco regulatorio previsible es clave, más aún en un año electoral. Reducir burocracia, evitar iniciativas regulatorias sin sustento técnico y avanzar hacia una regulación eficiente será determinante. El Perú puede consolidar su recuperación y posicionamiento como hub regional en 2026, siempre que Estado e industria trabajen de manera coordinada y transparente para resolver las tareas pendientes.













