La adoración de los Reyes Magos es una de las escenas más importantes del nacimiento de Jesús. Se sabe que, entre los siglos IV y VI de la era cristiana, cuando se instituyó y popularizó la fiesta de Navidad, ya se celebraba este acontecimiento marcado por la presencia de estos personajes venidos del oriente y guiados por el fulgor de una estrella, como afirma el evangelio de San Mateo.
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De acuerdo con el investigador Alfredo Martorell, autor de “El origen de la Navidad”, estos enigmáticos magos serían la representación de los antiguos sacerdotes persas, adoradores de Mitra, quienes, en la época del nacimiento de Jesús, mantenían este culto en Jerusalén y gozaban de notable influencia. Fue el papa León Magno quien, alrededor del año 450, difundió la Epifanía del 6 de enero como la “fiesta de los Magos”. Con el transcurrir del tiempo, estos pasaron de ser doce, como creían los cristianos de oriente, a ser tres según la tradición romana, donde también adquirirán la categoría de reyes.
Durante la Edad Media, el culto a los Reyes Magos fue en aumento e incluso se comenzó a difundir la creencia de que sus “reliquias” estaban en Constantinopla, desde donde fueron traídas hasta Milán, para finalmente descansar en la catedral de Colonia. Por ese tiempo, también cobró notoriedad la figura del pesebre, donde según los evangelios fue recostado Jesús al nacer, elemento que fue haciéndose común en las iglesias, abadías y catedrales, sobre todo de Alemania e Italia.
Solo fue cuestión de tiempo para que estas representaciones pasaran de los templos a las casas. “Papel destacado tuvieron en su difusión los franciscanos y las clarisas, rama femenina de la orden, ya que se convirtieron en las introductoras de los Niños Jesús en los conventos y en los domicilios particulares”, escribe la investigadora Estrella Rodríguez, en “La Navidad a través del tiempo”. Según la misma autora ya desde el siglo XV los belenes o nacimientos comenzaron a ser hechos tal como los conocemos hoy, con la imagen central del nacimiento, las figuras de los Reyes Magos, así como de aldeanos y pastores que bajaban de las alturas para adorar al niño Jesús.
En el Museo Pedro de Osma
La masificación de esta costumbre coincidió con la llegada de los europeos al Nuevo Mundo, donde la elaboración del belén o nacimiento adquirirá un nuevo uso: aquí se convertirá en elemento de evangelización. Durante el virreinato, los belenes fueron armados en iglesias o dentro de baúles que podían ser transportados a diversos lugares para la enseñanza del catecismo. Estas cajas desplegables se abrían por la parte frontal y dejaban ver en su interior pequeñas figuras que escenificaban pasajes de la vida de Jesús.
Una de estas piezas del siglo XVIII forma parte del repositorio del Museo Pedro de Osma y es un objeto finamente trabajado en madera y pasta moldeada y policromada. En su interior una coreografía de diminutos personajes recrea escenas del nacimiento, “siguiendo una tradición heredada de Europa, especialmente de España e Italia, donde (estos objetos) eran conocidos como presepi da viaggio o belenes de viaje”, de acuerdo con la ficha técnica elaborada por el área de Colecciones del museo.
En este baúl se reproducen episodios referidos a la adoración de los pastores, la huida a Egipto, la matanza de los inocentes y la bajada de los Reyes Magos, hechos que son dispuestos en diversos niveles con una función didáctica. “Nosotros para el proceso de restauración hicimos una investigación de otros lugares donde hay baúles y sabemos que hay uno mucho más grande en Arequipa, con piezas ensambladas directamente en el convento de esta ciudad; en cambio el nuestro es más pequeño y transportable, y todos los materiales usados son sumamente ligeros”, dice Isabel Flores, coordinadora del área de colecciones del Museo Pedro de Osma.
Sobre los materiales, la especialista destaca que las figuras están hechas con una pasta especial, además del uso del maguey para la construcción de las estructuras y el balcón corrido de estilo cusqueño, donde están dispuestos los personajes principales. “Digamos que todo lo que es arquitectura está tallado en maguey. Los personajes están hechos con esta pasta de harina y sus trajecitos con tela encolada para dar esos efectos de pliegues, de vuelo. La vegetación está hecha con alambres e hilos que se cruzan. Todo es muy curioso y elaborado”, describe Flores. Además, en la tapa del baúl hay una pintura adherida que representa a la Trinidad con un coro de ángeles y en la parte frontal otra pintura hecha en la misma madera que recrea una escena de caza.
Piedra de Huamanga y escuela cusqueña
Por las fiestas, el Museo Pedro de Osma también diseñó un recorrido que incluyeron interesantes piezas referidas al nacimiento, como tres bellas esculturas de gran tamaño de la Virgen, San José y del Niño, del siglo XVIII, talladas en maguey y en pasta. También pudo apreciarse una gran urna que contenía un belén, del siglo XIX, hecho en piedra de Huamanga y compuesto por 127 piezas, cuidadosamente pintadas. La escena central, por supuesto, estaba dedicada a la llegada del niño Jesús, con la presencia de los Reyes Magos.
Este circuito se completó con dos cuadros de la colección permanente del museo: una peculiar pintura anónima del siglo XVIII que representa a la Sagrada Familia sentada alrededor de una mesa ovalada, con panes, una botella, frutas y flores. Al centro, aparece el niño Jesús con la mano derecha levantada en señal de bendición. El otro lienzo, también del siglo XVIII, está referido a la adoración de los Reyes Magos. Aquí un travieso niño Jesús tiene la mano derecha puesta sobre la cabeza de Melchor, mientras este, inclinado, le besa uno de sus pies.
Resulta constante en todas estas piezas la presencia de estos tres personajes que, según la tradición cristiana, cada 6 de enero dejan en el pesebre de Jesús oro, incienso y mirra. Una costumbre medieval que echó raíces en España y floreció en el Nuevo Mundo.
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El Baúl de Nacimiento, de la colección del Museo Pedro de Osma, viene exhibiéndose en Madrid, España, en la Sala Alcalá 31, como parte de la exposición Ecos del virreinato del Perú. La muestra se presenta, además, en la Casa Museo Lope de Vega y en el Museo Casa Natal de Cervantes.
Las pinturas de la cena de la Sagrada Familia y de la adoración de los Reyes pueden verse en el Museo Pedro de Osma (av. Pedro de Osma 421, Barranco), de martes a domingo, de 10:00 a. m. a 6:00 p. m.













