viernes, febrero 13

El halftime show del Super Bowl no solo es uno de los escenarios musicales más vistos del planeta; es, desde hace años, una plataforma de lectura cultural donde la moda juega un rol protagónico. Este año, Benito Martínez Ocasio -más conocido como Bad Bunny- volvió a demostrar que entiende ese lenguaje como pocos, al elegir a Zara para su look principal. La decisión, por supuesto, encendió el debate digital y dejó al internet completamente dividido.

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Por un lado, surgieron las voces críticas que cuestionan la coherencia entre el discurso de identidad, resistencia y autenticidad que ha construido el artista y la elección de una firma de fast fashion española. Para otros, en cambio, la lectura fue muy distinta: una declaración clara sobre la democratización de la moda. Zara, con su alcance global especialmente fuerte en Latinoamérica, ha sido durante décadas la puerta de entrada a las tendencias para millones de personas. Y en ese gesto, Bad Bunny podría comunicar que la moda no tiene que ser exclusiva para tener significado.

El look con el que apareció en escena fue monocromático en tono hueso, aparentemente sencillo, pero cargado de símbolos. La camiseta, custom made, llevaba el apellido Ocasio y el número 64, cifra que muchos interpretaron como un homenaje íntimo a su madre, al unir su apellido con su año de nacimiento. Una elección sobria, personal y emocional, que contrastó con la magnitud del escenario, pero que justamente por eso logró conectar.

Minutos después, la propuesta evolucionó: el outfit se transformó en un traje blanco con chaqueta, elevando el conjunto hacia una estética más formal y marcando el tránsito narrativo del show. La moda, una vez más, como herramienta de storytelling. El cambio de vestuario acompañó el ritmo del espectáculo y anticipó un momento especial: la boda real que sucedió durante su performance.

Uno de los gestos más comentados y menos visibles ocurrió fuera del estadio. Bad Bunny decidió regalar la camiseta de Zara que usó durante el show a los trabajadores de la fábrica central de Inditex. Junto a la prenda, una nota escrita por él mismo: “Este show también fue de ustedes. Espero que lo disfruten. Nos vemos pronto. Benito.” Un acto que da valor al vínculo entre creador, marca y quienes están detrás del proceso productivo y pone en primer plano a los trabajadores que sostienen una industria muchas veces cuestionada por sus prácticas laborales.

La pregunta, entonces, es inevitable: ¿estamos frente a una posible colaboración entre Bad Bunny y Zara? No sería un movimiento descabellado si recordamos el éxito arrollador de Adidas x Bad Bunny, una de las alianzas más potentes del streetwear contemporáneo. De hecho, el artista aprovechó el escenario para lucir las nuevas BadBo 1.0, su primer modelo signature con la marca, lanzadas en edición limitada días antes del Super Bowl.

El espectáculo también fue una carta de amor a Puerto Rico. Los bailarines llevaron sombreros de pava, elaborados con hojas de palma y tradicionalmente asociados a los jíbaros, campesinos puertorriqueños que representan la raíz, el trabajo y la identidad del país. Nada fue casual: cada elemento reforzó una narrativa de orgullo cultural.

Y cuando parecía que todo estaba dicho, llegó uno de los momentos más comentados de la noche: Lady Gaga irrumpió en escena interpretando una versión salsa de uno de sus temas, vestida con un diseño azul cielo custom made de Luar, la firma del diseñador dominicano Raul Lopez. El vestido, impecable en silueta y detalles, llevaba prendida en el pecho la flor nacional de Puerto Rico. Las comparaciones con Sharpay Evans en High School Musical no tardaron en aparecer: exageradas, teatrales, icónicas.

Al final, el halftime show de Bad Bunny no fue solo un concierto. Fue una conversación abierta sobre moda, identidad, acceso y símbolos. Y como toda buena conversación cultural, dejó más preguntas que respuestas. Justamente ahí reside su poder.

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SOBRE EL AUTOR

Diseñadora de modas, empresaria y creadora de contenido. Fundadora de Casa Morilo. Con más de 12 años de trayectoria en la industria, se desempeña como docente en formación de emprendedores y es embajadora del Instituto Marangoni. Mirada contemporánea, cercana y con identidad peruana.
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