lunes, febrero 9

Hay una pregunta que queda en el aire luego de ver la presentación de Bad Bunny en el show del medio tiempo del Super Bowl, el evento deportivo más visto de todo Estados Unidos: ¿Hasta dónde crecerá este puertorriqueño que puso a bailar a un público mayoritariamente angloparlante? Fueron 68.500 en el estadio Levi’s de California, millones más en todo el mundo a través de la TV por cable y el streaming. Lo hizo con un repertorio en español casi en su totalidad, a pesar de los detractores que hicieron su ceremonia paralela, “totalmente americana”, para oponerse a la decisión de la NFL y la AFL en apostar por el artista latino del momento.

Los detalles deportivos, en las páginas siguientes; aquí, el show. Todo empezó con el punk de Green Day, banda que ha sido crítica del gobierno de Donald Trump, cosa que no demostró con su miniconcierto; de hecho, brillaron por su ausencia algunas letras que apuntan sin rodeos al liderazgo de su país (CNN indicó que entregó una performance “dócil”). La agrupación liderada por Billie Joe Armstrong, que estuvo en Lima en 2025, salió al escenario, cantó unos cuantos temas y regresó por donde vino. Interpretaron canciones como “Boulevard of Broken Dreams” y, por supuesto, ese clásico llamado “American Idiot”. Otros hitos que no podían faltar: Brandi Carlile cantó “America The Beautiful” y Charlie Puth el himno nacional.

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A las 8:19 p.m. (hora del Perú) ya era el medio tiempo. Solo entonces apareció Bad Bunny en el estadio, honor que, dicho sea de paso, ya tuvo en el pasado: fue uno de los invitados a la presentación que hicieron en el 2020 Jennifer López y Shakira. Pero esta es la primera vez donde él es la atracción principal. El show empezó con un video pregrabado donde aparecen agricultores en un campo, haciendo su trabajo, todos de blanco. Cambio al video en vivo y sale Benito Antonio Martínez Ocasio (nombre real del artista), traje igual de blanco, con una pelota de fútbol americano en la mano.

En una toma continua, el artista se movió a lo largo de un pasadizo de verdor, entre diversas personas que representaron la sociedad puertorriqueña, gente trabajadora, deportistas, vendedores de comida callejera. Y a todos Bad Bunny les dedicó unos segundos mientras cantaba “Tití me preguntó”. La presentación fue una carta de amor a Puerto Rico, con el uso de palabras específicas del lugar, de elementos que un boricua conoce bien, muy aparte del español, presente de inicio a fin. De hecho, varias de las canciones de su álbum más reciente tienen extractos de letras de temas conocidos por varias generaciones de latinoamericanos (“un verano en Nueva York”, por ejemplo); es música que, si bien contemporánea, establece un diálogo transversal entre el presente y el pasado.

Con sus diferencias, el espectáculo de medio tiempo fue como una versión reducida del tour “Debí tirar más fotos”, que hace unas semanas llevó al artista a Lima. Incluso estuvo “La Casita”, construcción a la que Benito invita a diversas personalidades que considera relevantes. Esta vez llevó al actor chileno Pedro Pascal, a la actriz estadounidense Jessica Alba, a la cantante colombiana Karol G, etc., quienes gozaron al ritmo de “Yo perreo sola”. Y dentro de lo esperado, algo de humor: Benito simuló haber roto el techo de ‘La Casita’, que tenía una familia en su interior. Pero aquí no pasó nada; abrió la puerta y siguió con el baile. Otro momento que el show construyó: el cantante le entregó su Grammy recién ganado, el de Mejor álbum, a un niño. Se entiende que el pequeño representa a su yo del pasado, pero al mismo tiempo es un mensaje político; el pequeño es Liam Cornejo Ramos, quien fue detenido por ICE, la policía de migraciones.

Bad Bunny junto a la cantante Lady Gaga, a la cual invitó para cantar en el Super Bowl 2026.

/ PATRICK T. FALLON

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