`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Originario de Vega Baja, Puerto Rico, Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como Bad Bunny, es famoso por su estilo único, letras que combinan fiesta y compromiso social, y sus conciertos de impacto. Digamos que, si un presidente como Donald Trump cuestiona su participación en el Super Bowl en febrero próximo –el espectáculo deportivo y mediático más grande de EE.UU–, es porque algo debe haber hecho bien.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Autora de “El ABC de DTMF”, un diccionario de localismos boricuas que examina las referencias culturales del último álbum del ídolo, “Debí Tirar Más Fotos”, Sherwood estira la noción de literatura para dar cabida a las letras de sus canciones (o líricas, como se dice en la jerga de la música urbana) y analizar el vocabulario puertorriqueño, los préstamos del inglés, así como la incorporación de otras variedades del español.“El disco ‘Debí Tirar Más Fotos’ es un objeto de estudio relevante. En gran medida, por su éxito y alcance internacional sin precedentes, vistos sus números récord de descargas por ‘streaming’. Sin embargo, también es importante por las posturas lingüísticas de Bad Bunny, quien elige cantar y hablar en español en los espacios mediáticos anglohablantes. Y específicamente en el español puertorriqueño de su generación”, explica la numeraria de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española.
Se trata de un castellano trufado de palabras taínas, africanas y, cómo no, inglesas, con la compleja relación con Estados Unidos iniciada en 1898, que incluye la experiencia migratoria, a menudo circular, de la población de la isla. A decir de la académica, la decisión de Bad Bunny de cantar en castellano puertorriqueño no ha inhibido en absoluto su éxito internacional, más bien lo ha potenciado.
¿Cómo un producto musical que celebra tanto lo local ha tenido tal éxito global? En palabras de la investigadora, la razón se debe a la implicación musical, temática y emocional del disco, que ha convocado a diferentes generaciones de puertorriqueños. “No se trata de un disco de reguetón y trap, nada más. Musicalmente, en el disco conviven además la salsa y la plena, así como elementos de bomba y de música campesina”, afirma. Todos estos géneros musicales son a su vez productos de procesos de intercambio cultural: la bomba proviene de la tradición africana; la plena combina influencias africanas con elementos campesinos orales; la salsa resulta de la fusión puertorriqueña, cubana y afroamericana desarrollada en Nueva York, mientras que el reguetón nació en Panamá por influencia del reggae haitiano, se enriqueció con el hip hop en Nueva York y se fraguó en el Puerto Rico de los años noventa.
Del lado temático, la lexicógrafa explica que el álbum aborda asuntos actuales que tocan a todo puertorriqueño. Está la sexualidad, el alcohol y las drogas, pero también la emigración, la gentrificación urbana, la compraventa de áreas ecológicas y el resultante desplazamiento de poblaciones. A ello se suma una terca apuesta de permanencia en la isla, manifestada en una expresión de un amor inefable hacia el país, la familia y los amigos.
Ese sentimiento está también en el espíritu de la temporada de conciertos titulada “No me quiero ir de aquí”, celebrada entre el 11 de julio y el 20 de septiembre de 2025 en el Coliseo José Miguel Agrelot en San Juan. Fueron 31 recitales, a los que asistieron cerca de un millón de personas, y que generaron alrededor de 400 millones de dólares. “Fueron muy significativos para Puerto Rico”, confirma la investigadora, recordando su asistencia. “Lograron articular un profundo sentido de pertenencia, que tocó a personas de todas las generaciones, tanto de la isla como de la diáspora. Esto ocurre en un contexto de profundas sacudidas durante más de dos décadas en la isla, lo que resultó en una migración dramática”, explica Sherwood. Una migración calculada en 600.000 personas en los últimos 20 años. Un número significativo para una isla de 3,2 millones de habitantes.
Portada del disco «Debí tirar más fotos».
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Estos conciertos se organizaron en temporada baja turística para asegurar precios accesibles, y se reservó la mitad de las entradas para público local. Asimismo, para acompañarse en el escenario, Bad Bunny incluyó grupos musicales de la isla, sean juveniles o maduros, tendiendo puentes intergeneracionales. “Al concierto las mujeres íbamos con una flor en el pelo, mientras los hombres llevaban sombrero y guayabera, como homenaje a los jíbaros, los campesinos de nuestra zona montañosa. Fueron tres horas de una alegría impresionante”, recuerda la estudiosa. “Para mí, sus conciertos dieron pautas sobre qué podemos hacer en estos tiempos tan inestables para la isla, luego de un terremoto, un huracán, la quiebra económica del país y la imposición de una junta de control fiscal formada por siete individuos nombrados por el presidente de EE.UU”.
En su análisis de las 17 canciones del último disco de Bad Bunny, la lingüista detecta un 25% de términos originales del vocabulario puertorriqueño: palabras como ‘cañita’, ‘pitorro’, ‘chinchorrear’, ‘güiro’, ‘bomba’, ‘plena’, ‘maones’. Otro subconjunto del léxico puertorriqueño corresponde al usado por los jóvenes en los ambientes urbanos: frases como “estar puesto para”, “estar en la mía”, “estar enchulado” o “dar un palo”. Y si bien en su disco Bad Bunny toma muchos préstamos de otras variedades del español caribeño, es la influencia del inglés la más evidentes. La investigadora cuenta en el disco un 20% del léxico total formado por palabras que tienen origen en anglicismos crudos como ‘cute’, ‘single’, ‘soul’ o ‘player’; en términos adaptados como ‘las girls’, ‘estoquear’, ‘juquearse’, así como formas híbridas como ‘lista de waiting’ por ‘lista de espera’.
Bad Bunny en una parodia de la vecindad del Chavo, en su participación en SNL, el programa de comedia más influyente en EE.UU., el pasado octubre.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Hay términos que mantienen la forma inglesa, pero adquiriendo nuevos sentidos: Es el caso de ‘la movie’, que no refiere directamente a la película del cine, sino la narrativa mental que una persona puede hacerse de su propia vida. Para Sherwood, la postura lingüística de Bad Bunny encarna la idiosincrasia de una generación que no se mueve por mandato externo, sino que busca sentido y autenticidad. “Bad Bunny se ha convertido en portavoz de ese espíritu de época. Y eso es parte de su atractivo. Y su expresión en español puertorriqueño se enmarca en eso”, añade.











