Se trataría de una práctica cultural que simboliza el fin de una etapa, marcada por el dolor superado como muestra de valentía. Sin embargo, para otro sector de la población, esta acción representa un acto de deshumanización y coacción dentro del proceso de ascenso en la institución policial.
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Se identificó que el video original proviene de una escuela de suboficiales en Huánuco y fue grabado en el año 2021. Comentarios como “qué brutal es que le claven dos agujas por terminar un curso” y “es increíble que existan ese tipo de ‘bautizos’” fueron algunos de los que se viralizaron en la publicación en TikTok.
Por otro lado, al revisar más comentarios, se evidenció que para algunos usuarios esta práctica representa un motivo de orgullo como parte del cuerpo policial, ya que “demuestra que uno es valiente; es algo histórico y cultural”. A raíz de esto, se recogió el testimonio de Carlos Ampuerto, exmiembro de las fuerzas especiales de Perú, quien explicó que “esto es algo normal. Todos los alumnos pasan por esta situación al graduarse. La tradición en la escuela es que el instructor coloque la insignia sin los protectores, es decir, se clavan las agujas en el pecho, se golpea para que entren bien, y listo”.
“El día de mi graduación, al terminar, mi camisa estaba roja. Pero bueno, es una tradición que nunca debe perderse. Al día siguiente no podía ni tocarme el pecho por los agujeros, pero valió la pena”, agregó Ampuerto. Con este testimonio se revela que esta práctica no solo ocurriría en la PNP, sino también en las fuerzas militares del país.
En diálogo con El Comercio, el exministro del Interior y exgeneral de la PNP, Carlos Morán, indicó que la práctica de clavar la insignia o el pin del curso es común en ceremonias de clausura dentro de organismos militares. “Es más habitual en cursos dirigidos a varones en el ámbito militar, pero me parece una novedad preocupante que ahora también se realice con mujeres policías. Es brutal”, expresó.
Una situación reincidente
Al continuar con la investigación, El Comercio encontró otro video, esta vez correspondiente a la ceremonia de clausura de policías varones en Huánuco. En las imágenes se observa nuevamente a un oficial colocando la insignia en el pecho de un egresado sin utilizar la protección de la aguja, con el aparente propósito de que esta se incruste directamente en la piel.
“Clavarle una insignia en el pecho a un policía no es signo de valentía. Los policías aún viven en los 90”, fue uno de los comentarios que se viralizaron en redes sociales. Cabe resaltar que el video en cuestión fue grabado en 2024, siendo más reciente que el primero que circuló en redes.
Casos del extranjero
En Estados Unidos, este tipo de práctica se conoce como “bloody pins”, una tradición controversial dentro de las novatadas en el Cuerpo de Marines y otras ramas de las Fuerzas Armadas. Consiste en clavar las insignias a través de la piel como rito de iniciación. Aunque esta práctica está prohibida oficialmente, algunos aún la consideran un rito de paso honorable. La cantidad de veces que se clava el pin puede corresponder al número de la unidad a la que se integrará el efectivo militar o policial.
Se cree que esta tradición se remonta a los entrenamientos de paracaidistas durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de su historia, la práctica ha generado fuerte controversia y ha sido criticada por considerarse una forma dolorosa de novatada que contradice las políticas modernas de las instituciones militares.
Debate
En primer lugar, el abogado experto en derechos humanos y gestión pública, Renato Sotelo, declaró a este diario que quienes llevan a cabo esta práctica son generalmente policías o militares que realizan actividades de fuerza. “Ahora bien, es importante tener claro el criterio de la voluntad. Ellos aceptan, pero si alguien se niega a participar —ya sea por decisión personal o por razones médicas, como una alergia al metal— y eso impide su egreso, entonces no sería correcto. El desempeño de una persona no debería estar condicionado por esta práctica”, agregó.
“El egreso responde a una serie de criterios distintos. La ceremonia es solo un acto simbólico; no forma parte de las pruebas de resistencia física, evaluaciones técnicas, formación académica u otros elementos del proceso de capacitación. Además, debe tenerse en cuenta el límite absoluto para no exceder el umbral de la tortura. En ese sentido, podría considerarse una práctica tolerable siempre que se respeten ciertas condiciones y salvedades”, indicó.
Por otro lado, el abogado penalista y experto en derechos humanos, Aaron Alemán, indicó a El Comercio que esta práctica constituye un trato inhumano, y que los aspirantes a la policía son víctimas de dicha situación. “No es relevante conocer la voluntad u opinión de la persona sobre la que recae esta acción, ya que de todas maneras se afecta su dignidad”, afirmó.

Según el artículo 321 del Código Penal, Alemán sostuvo que se estaría frente a un acto de tortura, ya que un agente de la PNP estaría infligiendo sufrimiento físico a una persona. En ese caso, se configura el delito de tortura, cuya pena mínima es de 8 años y puede alcanzar hasta los 14 años de prisión.
“No importa la aparente voluntad o consentimiento de la persona que recibe esta acción. Si una institución realiza esta práctica, y la persona afectada quiere formar parte de ella, es evidente que su voluntad ha sido manipulada y, en cierto modo, coaccionada”, agregó.
El abogado precisó que esto constituye una forma de someter a la víctima, y aunque podría haber una sanción interna para el efectivo involucrado, también compromete a la propia PNP como tercero civil responsable. “La pena podría aumentar de 15 a 20 años si la víctima resulta con una lesión grave o si se trata de una persona menor de 18 años”, concluyó.
Este diario se comunicó con la Policía y las Fuerzas Armadas para solicitar sus descargos; sin embargo, hasta el cierre de esta nota no se obtuvo respuesta.














