Los problemas de abastecimiento energético derivados de la guerra de Irán han llevado a muchos países de Asia a acercarse a Rusia o a reforzar sus lazos con Moscú, como es el caso de India y China, para la compra de petróleo y gas, revirtiendo la tendencia que hace poco buscaba EE. UU.
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Por su parte, Nueva Delhi recibió su primer cargamento de petróleo ruso tras el levantamiento de sanciones el pasado mes. La medida supuso un radical cambio de postura del Gobierno de Donald Trump, que había presionado a la India con aranceles de hasta el 50 % por sus compras de crudo a Moscú tras la invasión de Ucrania.
Con la llegada de suministros rusos y el aumento de la producción nacional, Nueva Delhi considera ahora que su seguridad energética es “total” y que dispone de reservas para 60 días.
Filipinas fue el primer país del mundo en decretar el estado de emergencia energética la semana pasada, una medida que dio margen a Manila para, entre otras acciones, controlar precios, reducir impuestos o agilizar adquisiciones de combustible.
La compañía que opera la única refinería del país, Petron, anunció el pasado lunes un acuerdo para la compra de 2,48 millones de barriles de crudo ruso, una adquisición que ampliará las reservas del país hasta junio.
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Por su parte, la principal empresa química de Corea del Sur, LG Chem Ltd., compró a Rusia 27.000 toneladas de crudo, según el Ministerio de Industria citado por la agencia Yonhap.
Mientras, países como Sri Lanka, Tailandia o Indonesia mantienen conversaciones con Rusia sobre importaciones. Vietnam fue un paso más allá y firmó con Moscú un acuerdo de cooperación para la construcción de la que será la primera central nuclear del país del Sudeste Asiático.
Japón, que no ha hecho mención a posibles compras de crudo ruso, ha optado por reforzar sus lazos con otros proveedores, acercándose a países como Indonesia, mientras que su primera ministra, Sanae Takaichi, realizó recientemente una visita a Washington para coordinar la respuesta energética con Estados Unidos.
Uno de los pocos países de Asia-Pacífico que ha manifestado su rechazo a comprar crudo ruso ha sido Australia, que descartó este martes la posibilidad de levantar sanciones al crudo como medida para aliviar la presión sobre los precios del combustible, ya que, dijo el Ejecutivo, Camberra no quiere “proporcionar a (el presidente ruso) Vladimir Putin dinero para financiar su maquinaria de guerra”.














