Si bien el EA-18G Growler fue el único avión cuyo rol principal era la guerra electrónica pura en la operación Resolución Absoluta, entre las 150 aeronaves utilizadas por Estados Unidos en la misión hubo otras naves que combinaron esas capacidades con las netamente de ataque a través de bombardeos.
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Se trata del F-35 Lightning II, cuyo software y sensores permiten detectar, interferir y engañar defensas enemigas como parte de sus funciones de supervivencia en combate. También el F-22 Raptor, que gracias a su diseño furtivo y sus sistemas de sensor fusionados contribuyen al dominio del espacio aéreo y a la supresión de amenazas, cooperando con otros activos electrónicos en la red de combate. Y el E-2D Advanced Hawkeye, un avión de alerta temprana y control aerotransportado que aporta capacidades de sensores y alerta del espacio electrónico que ayudan a identificar y coordinar respuestas frente a amenazas. Todos ellos fueron complementados por drones de reconocimiento ISR.

En el caso del EA-18G Growler, el pilar de la guerra electrónica de Estados Unidos, los analistas han señalado que interfirió y neutralizó los radares de Venezuela, y “cegó” y desorienó a sus defensas antiaéreas, compuestas en su mayoría por sistemas de diseño ruso y chino.
Thomas Withington, un experto en guerra electrónica del Royal United Services Institute, explicó al diario The Wall Street Journal que el EA-18G Growler puede incluso simular múltiples aeronaves en el radar enemigo muestreando su pulso y enviándolo de vuelta, en una táctica de señuelo que oculta la ubicación real.
Además de engañar al enemigo, rompe el seguimiento y degrada el guiado de misiles rivales.
Entonces, el trabajo fundamental del EA-18G Growler y de las otras aeronaves permitieron a EE.UU. bombardear puntos estratégicos de varias ciudades de Venezuela sin mayor respuesta, y capturar y sacar del país a Maduro y a su esposa Cilia Flores.

Un avión pensado para “apagar” al enemigo

A diferencia de los cazas tradicionales, el EA-18G Growler no busca destruir objetivos con bombas, sino anular la capacidad del adversario para ver, comunicarse y reaccionar.
Su misión central es la denominada Airborne Electronic Attack (ataque electrónico aerotransportado). En términos simples: interferir radares, bloquear comunicaciones militares, engañar sensores y abrir corredores seguros para que otras aeronaves —cazas, helicópteros o aviones de transporte— puedan operar sin ser detectadas.
Por eso, en la doctrina militar estadounidense, el EA-18G Growler suele volar antes o junto al resto de la flota, actuando como un “escudo invisible”.
El EA-18G Growler es tripulado por dos personas: un piloto y un oficial de guerra electrónica. Está impulsado por dos motores General Electric F414, que le permiten alcanzar velocidades cercanas a Mach 1.8 y operar a más de 15.000 metros de altura.
Entre sus sistemas más relevantes destacan: sensores de detección electrónica, capaces de ubicar radares enemigos a gran distancia. Pods de interferencia que bloquean o saturan señales de radar y comunicaciones. Radar AESA, que le permite operar incluso en entornos altamente hostiles.
Aunque no es su función principal, el Growler puede portar misiles antirradiación, diseñados para destruir radares enemigos, y misiles aire-aire para autodefensa.
En resumen, el poder del EA-18G Growler no se mide en toneladas de explosivos, sino en su capacidad de paralizar un sistema defensivo completo sin necesidad de disparar un solo misil.
Su diseño responde a una lógica clara: en los conflictos modernos, quien controla la información y las señales controla el campo de batalla. Sin radares ni comunicaciones confiables, una defensa aérea queda prácticamente inutilizada. Eso le pasó a Venezuela
El Growler es clave en misiones como: supresión de defensas aéreas, protección de fuerzas especiales, apoyo a incursiones rápidas y de alta precisión y operaciones encubiertas o de bajo perfil militar.
Venezuela tenía el sistema antiaéreo más sofisticado de la región, pero fue neutralizado

El especialista en defensa e inteligencia Andrés Gómez de la Torre sostiene a El Comercio que la Operación Resolución Absoluta se estructuró en dos grandes fases claramente diferenciadas. La primera fue una fase extractiva, de carácter puntual y quirúrgico, orientada directamente a la captura de Maduro, aunque —reconoce— con algunos daños colaterales inevitables. La segunda, desarrollada de manera paralela, fue una fase punitiva, centrada en la neutralización integral de los sistemas de defensa antiaérea venezolanos.
Según el analista, esta segunda etapa tuvo como objetivo desarticular uno de los pilares de la infraestructura militar del país: el sistema de defensa antiaérea por capas, construido durante años con apoyo tecnológico de China y Rusia. En ese entramado se combinaban radares de fabricación china con sistemas rusos de misiles y artillería antiaérea, lo que convertía a Venezuela —en su opinión— en el país con el sistema antiaéreo más sofisticado de América Latina.

Gómez de la Torre explica que la guerra electrónica cumplió un rol absolutamente decisivo, al neutralizar tanto los radares de defensa de punto como los de defensa de zona, en su mayoría de origen chino. Estos sistemas, que debían detectar y reaccionar ante incursiones aéreas, quedaron inoperantes desde las primeras fases del operativo. “La capacidad de respuesta fue nula”, subraya el especialista, incluso en el caso de sistemas de corto alcance como los Pantsir, diseñados precisamente para proteger instalaciones estratégicas.

El analista detalla que Venezuela contaba con una amplia panoplia de armamento antiaéreo, entre ellos S-300 Antey, Buk, Pantsir, sistemas SAM-3 Pechora repotenciados, misiles portátiles SAM-16, SAM-18 y SAM-24, además de artillería antiaérea modernizada. Sin embargo, toda esa estructura —considerada de última generación en el contexto regional— resultó ineficaz frente a la arquitectura tecnológica desplegada por Estados Unidos.

En ese contexto, Gómez de la Torre destaca como fundamental el rol del EA-18G Growler, al que atribuye un papel central en la desarticulación del sistema por capas venezolano. No obstante, advierte que el éxito de la operación no puede atribuirse a una sola plataforma. “No hay que limitarse únicamente al EA-18G”, señala, y remarca que también participaron otros vectores con capacidades electrónicas avanzadas, como el F-35 Lightning II y el F-22 Raptor.
Para el especialista, fue precisamente esta combinación de capacidades electrónicas, integradas dentro de un grupo de trabajo diseñado específicamente para la misión —incluida la denominada Operación Lanza del Sur—, la que permitió anular por completo un sistema defensivo que, hasta ese momento, era considerado el más avanzado de la región.














