Estados Unidos tiene un plan para extraer el uranio enriquecido de Irán, en una operación militar altamente compleja, prolongada y de alto riesgo, muy lejos de una incursión rápida y sorpresiva. El proyecto ha sido presentado por el Pentágono al presidente Donald Trump, quien lo pidió y todavía no ha dado luz verde para la misión.
Estados Unidos tiene un plan para extraer el uranio enriquecido de Irán, en una operación militar altamente compleja, prolongada y de alto riesgo, muy lejos de una incursión rápida y sorpresiva. El proyecto ha sido presentado por el Pentágono al presidente Donald Trump, quien lo pidió y todavía no ha dado luz verde para la misión.
Hasta antes de la guerra de los 12 días que enfrentó a Israel con Irán en junio del año pasado, la República Islámica había logrado acumular unos 440 kilos de uranio enriquecido al 60%, de acuerdo con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Estaba cerca del 90% de enriquecimiento que se necesita para construir el arma nuclear.
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El último paso, obtener la bomba nuclear, sí es extremadamente complejo. Se estima que integrar con éxito una cabeza nuclear en un misil podría demandar entre seis meses y dos años.
El proceso de enriquecimiento de uranio. (AFP).
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Durante la misma guerra de los 12 días, Estados Unidos bombardeó instalaciones nucleares subterráneas de Irán con bombas antibúnker de alta penetración, como la GBU-57 Massive Ordnance Penetrator (MOP), diseñadas para destruir objetivos profundamente enterrados.
Tras esos ataques, Washington sostuvo que el programa nuclear iraní había sido “significativamente degradado”, aunque admitió incertidumbre sobre el destino exacto del uranio enriquecido, sugiriendo que parte podría haber sido trasladado, oculto o no completamente destruido.

Un bombardero B-2 Spirit de la Fuerza Aérea de Estados Unidos sobrevuela el Océano Pacífico tras una misión de reabastecimiento aéreo el 2 de mayo de 2005. (Foto de la Fuerza Aérea de EE. UU. por el Sargento Técnico Cecilio Ricardo).
/ TSGT CECILIO RICARDO, USAF
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El bombardeo de Estados Unidos en Natanz. (AFP).
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De acuerdo con un informe del diario The Washington Post publicado esta semana, ni Estados Unidos ni el OIEA pueden confirmar con certeza la ubicación exacta, composición ni estado actual del stock de uranio enriquecido que todavía conservaría Irán.
Antes de los bombardeos del año pasado, ese material estaba asociado a instalaciones subterráneas clave como Isfahán, Natanz y Fordow, que fueron dañadas y cubiertas por escombros tras los ataques.
Esas instalaciones son profundas, fortificadas y de difícil acceso, lo que explica por qué EE.UU. considera una operación compleja para recuper el uranio y sacarlo de Irán.
El plan de Estados Unidos para extraer el uranio de Irán
Esta fotografía satelital, proporcionada por Maxar Technologies y tomada el 24 de junio de 2025, muestra una vista general de la planta de enriquecimiento nuclear de Isfahán y los túneles cercanos. (AFP).
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El Washington Post describió el plan presentado a Trump no como un “golpe tipo comando” clásico, o una operación quirúrgica, sino como casi una mini invasión terrestre temporal de Irán.
Implicaría el despliegue de fuerzas especiales, ingenieros y expertos nucleares.
Además, demandaría el uso de equipos de excavación para sacar el uranio que estaría enterrado.
También la construcción de una pista improvisada dentro de Irán para poder evacuar el material por aire.
La misión podría durar semanas, no horas o días, remarcó el Washington Post.
Durante ese tiempo, habrá combates sostenidos contra las fuerzas iraníes para proteger a las tropas estadounidenses encargadas de la extracción del material.
Para acceder a sitios como Natanz e Isfahán, las fuerzas especiales estadounidenses tendrían, primero, que volar hasta esos lugares, probablemente bajo el fuego de misiles tierra-aire y drones iraníes.
Una vez en tierra, las tropas tendrían que asegurar el perímetro para que los ingenieros, provistos de maquinaria de excavación, pudieran rastrear los escombros y comprobar si hay minas o trampas explosivas.
El diario Wall Street Journal consultó a expertos que manifestaron que el uranio enriquecido de Irán estaría probablemente almacenado en unos 40 a 50 cilindros parecidos a botellas de buceo. Una vez que sean ubicados, estos tendrán que ser colocados en contenedores de transporte y depués llevados en camiones para finalmente ser sacados del país.
Un operación de alto riesgo y sin factor sorpresa
Una fotografía distribuida por la oficina presidencial iraní el 10 de abril de 2021 muestra a un ingeniero dentro de la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz. (AFP).
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El analista internacional Roberto Heimovits considera que el plan de Estados Unidos para extraer el uranio enriquecido de Irán podría traducirse en un “éxito mayor” si logra capturar los 440 kilos del material, pero advierte que su ejecución enfrenta obstáculos que lo convierten en una operación “verdaderamente de alto riesgo”.
“Si efectivamente fuera viable, con un costo-beneficio razonable, capturar esos 440 kilogramos de uranio sería un éxito mayor para Estados Unidos e Israel”, señala a El Comercio, al considerar que la destrucción de centrifugadoras iraníes en la guerra del 2025 pudo retrasar durante “meses, quizás años” la capacidad de Teherán de seguir enriqueciendo material.
Sin embargo, identifica tres problemas clave para la operación: el primero, la inteligencia, “si en verdad Estados Unidos e Israel pueden estar seguros de que esos 440 kilos están en el lugar donde dicen que están”.
El segundo, “la logística de un desembarco aerotransportado de centenares o miles de tropas en el corazón de Irán y mantenerlos abastecidos y protegidos durante días o semanas”.
El tercero, el más crítico, la falta de sorpresa: “Trump viene anunciando que quiere ir por el uranio, no habría sorpresa”, algo que debilita cualquier operación militar.
Heimovits indica que los bombardeos a instalaciones subterráneas de Irán en junio del 2025 pudo concentrarse en las centrifugadoras y no necesariamente en el stock de uranio enriquecido, cuyo destino sigue siendo incierto. “
“Sin centrifugadoras, esos 440 kilogramos sirven de poco… pero si tienen un número pequeño que funciona, eventualmente podrían enriquecerlos al 93%”, advierte.
Sobre el destino del material en caso de ser incautado, considera “muy poco probable” que se entregue a organismos internacionales como el OIEA y estima que quedaría bajo control de Estados Unidos o Israel.
Como alternativa a una acción militar directa para extraer el uranio, Heimovits plantea intensificar la presión militar sobre la Guardia Revolucionaria para forzar una negociación y la entrega del material.
Y lanza una advertencia final: si la guerra termina sin que Irán entregue el uranio y mantiene capacidad técnica o la consigue en el mercado negro internacional, “va a comenzar a correr a toda velocidad hacia la bomba atómica”, lo que implicaría “una derrota estratégica” para Estados Unidos y un escenario crítico para Israel.
¿Cómo se transporta el uranio enriquecido?
Las instalaciones nucleares de Irán. (AFP).
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Trasladar uranio altamente enriquecido no es una tarea improvisada ni exclusivamente militar. El movimiento de este tipo de material nuclear está sujeto a protocolos internacionales muy estrictos y a tecnologías de transporte diseñadas para evitar fugas radiactivas, accidentes o intentos de sabotaje.
Las normas específicas y generales que regulan estas operaciones son establecidas por el OIEA. Estas reglas definen desde el tipo de contenedores autorizados hasta los procedimientos de seguridad, monitoreo y respuesta ante emergencias durante el traslado.
En términos técnicos, el uranio enriquecido suele almacenarse y transportarse en forma de hexafluoruro de uranio (UF₆), un compuesto químico que se utiliza en el proceso de enriquecimiento dentro de centrifugadoras. Para su traslado, el material se solidifica y se sella dentro de cilindros metálicos especiales. Estos cilindros, a su vez, se colocan en contenedores de transporte certificados, diseñados para resistir impactos severos, incendios e incluso la inmersión en agua.
Los contenedores deben superar pruebas extremas antes de ser autorizados: caídas desde varios metros de altura, exposición prolongada al fuego y choques violentos. El objetivo es garantizar que el material nuclear permanezca aislado incluso en caso de accidentes graves.
A estas medidas técnicas se suma un componente de seguridad reforzada. Cuando se trata de uranio altamente enriquecido, el traslado suele realizarse bajo estricta custodia estatal o militar. Los envíos pueden incluir escoltas armadas, rutas confidenciales, monitoreo constante y equipos de especialistas en radioprotección.
El proceso también implica la presencia de ingenieros nucleares y expertos en seguridad radiológica, responsables de supervisar la manipulación del material y verificar que se cumplan todos los estándares internacionales.
En teoría, transportar los 440 kilos de uranio enriquecido al 60% que se atribuyen a Irán no requeriría un gran volumen de carga, ya que el material ocupa relativamente poco espacio. Sin embargo, hacerlo en medio de un conflicto armado actual añadiría una complejidad considerable: primero habría que asegurar las instalaciones nucleares, evaluar posibles daños por bombardeos y luego aplicar los protocolos técnicos para retirar el material sin provocar riesgos radiológicos.
En resumen, incautar y trasladar uranio enriquecido desde instalaciones subterráneas en un país en guerra sería una operación logística y científica de enorme dificultad, incluso si se cumplen con los protocolos internacionales diseñados para manejar este tipo de materiales.
Otra opción sería diluir el uranio altamente enriquecido en el mismo lugar donde se encuentra, un procedimiento conocido en el ámbito nuclear como downblending.
Este proceso consiste en mezclar el uranio enriquecido con uranio natural o empobrecido para reducir la concentración del isótopo fisible uranio-235, llevándolo a niveles que ya no puedan utilizarse para fabricar armas nucleares.
La técnica tiene precedentes en programas internacionales de desarme y se realiza bajo estrictos protocolos de seguridad y verificación establecidos por el OIEA.
Sin embargo, aplicarla en instalaciones nucleares dentro de un país en guerra implicaría un desafío técnico considerable.




