viernes, septiembre 11
Por Redacción EC

Frente a la urgencia del cambio climático, sembrar árboles no es suficiente: la prioridad en la Amazonía peruana es conservar los bosques milenarios. Así lo demuestra “El Tayta”, un imponente shihuahuaco de 1,100 años y 54 metros de altura que ARBIO Perú protege en la cuenca del río Las Piedras, Madre de Dios.

Frente a la urgencia del cambio climático, sembrar árboles no es suficiente: la prioridad en la Amazonía peruana es conservar los bosques milenarios. Así lo demuestra “El Tayta”, un imponente shihuahuaco de 1,100 años y 54 metros de altura que ARBIO Perú protege en la cuenca del río Las Piedras, Madre de Dios.

La dimensión de este ejemplar permite entender el valor de los grandes árboles amazónicos. “El Tayta” alcanza una altura equivalente a un edificio de más de 15 pisos y, de acuerdo con estimaciones realizadas mediante tecnología LiDAR, almacena alrededor de 62.8 toneladas de CO₂ equivalente en su biomasa.

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A pocos metros se encuentra “Annita”, otro shihuahuaco de aproximadamente 700 años, identificado como un árbol madre por su alta producción de semillas y su capacidad de contribuir a la regeneración natural del bosque. Estos ejemplares cumplen funciones que trascienden la captura de carbono: sus troncos, copas y cavidades sirven de refugio y fuente de alimento para distintas especies, además de contribuir a la estructura y regeneración del ecosistema.

ARBIO Perú protege actualmente 916.2 hectáreas de bosque primario en Madre de Dios y realiza el monitoreo científico de más de 200 shihuahuacos. La organización también desarrolla investigaciones junto con Royal Botanic Gardens, Kew, orientadas a comprender el papel de los grandes árboles madre en la conservación y regeneración de los bosques tropicales.

Desde una perspectiva climática, mantener estos ecosistemas en pie también contribuye a reducir la vulnerabilidad de la Amazonía frente a eventos extremos. Los bosques intervienen en la regulación del ciclo del agua, mantienen la humedad y almacenan carbono, funciones que adquieren mayor relevancia ante escenarios de sequías, lluvias intensas y otros impactos asociados a la variabilidad climática.

“Los árboles más antiguos sostienen la biodiversidad de hoy y crean las condiciones para que el bosque pueda seguir creciendo. Pero protegerlos también es una forma de prevenir y enfrentar los impactos de los eventos climáticos extremos. Un bosque amazónico saludable ayuda a regular el agua, almacenar carbono y mantener la estabilidad de todo el ecosistema”, señala Tatiana Espinosa, fundadora y directora ejecutiva de ARBIO Perú.

En esa línea, la conservación no se limita a proteger especies individuales. Se trata de preservar ecosistemas completos y los procesos naturales que permiten que continúen regenerándose. Para ARBIO, este enfoque resulta especialmente relevante en los bosques primarios, donde existen árboles que han acumulado cientos de años de crecimiento y cumplen funciones ecológicas difíciles de reemplazar en el corto plazo.

El trabajo de conservación también viene incorporando alianzas con empresas. La colaboración entre ARBIO Perú y Grupo AJE, a través de Amayu, busca integrar ciencia, sostenibilidad e innovación en iniciativas vinculadas a la protección de ecosistemas estratégicos.

Asimismo, la Municipalidad Provincial de Tambopata reconoció recientemente a diez ejemplares como Árboles Patrimoniales, entre ellos dos shihuahuacos protegidos por ARBIO. La medida contribuye a poner en valor a estos ejemplares como parte del patrimonio natural de la región.

Conmemorando el Día del Árbol (01 de setiembre), ARBIO advirtió que sembrar nuevos ejemplares no basta: es urgente conservar los bosques maduros. Estos gigantes amazónicos albergan biodiversidad y almacenan masivas cantidades de carbono desarrolladas durante siglos. El verdadero desafío es mantenerlos en pie sumando a empresas, instituciones y ciudadanía en alianzas de conservación a largo plazo.

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