jueves, febrero 12

El 22 de febrero se cumplirán 131 años del nacimiento de Víctor Raúl Haya de la Torre. Y, en un año electoral, conviene detenernos a reflexionar sobre la política peruana desde una mirada histórica. Pensar el país exige ver más allá de la coyuntura inmediata y recuperar ideas, trayectorias y valores que contribuyeron a construir institucionalidad política en el Perú.

Haya de la Torre fue uno de los peruanos más ilustres del siglo XX por su concepción de los partidos como escuelas y por su orientación hacia la función formativa de la política, la educación cívica, el debate de ideas y la vocación pública. Estas nociones resultan especialmente vigentes hoy que la política se ha reducido a oportunismos y enfrentamientos.

Su legado se articula dentro del concepto de “ideario más que ideología”. Haya sostenía que las ideas deben dialogar con el espacio-tiempo histórico, es decir, adaptarse a contextos cambiantes y responder a los desafíos de su época. Esa flexibilidad intelectual permitió construir propuestas con sentido de país y evitar rigideces o extremos que solo empobrecen el debate público.

La política entendida como tradición fortalece la institucionalidad. Existen democracias donde los partidos acumulan una larga historia y continuidad. En Uruguay, por ejemplo, el Partido Nacional está por cumplir 190 años, reflejo de una cultura política que valora la permanencia, el aprendizaje y el respeto por las reglas.

En el Perú, esa vocación institucional se expresó con claridad en la Asamblea Constituyente de 1979, donde destacó la generosidad política de Luis Bedoya Reyes, quien respaldó el proceso liderado por Haya de la Torre anteponiendo el interés nacional a cualquier cálculo partidario. Ese episodio constituye una lección de madurez democrática y sentido de Estado.

Recordamos con cariño y admiración al doctor Bedoya, quien entendía el liderazgo político como una responsabilidad que se proyecta en el tiempo. En su libro “Joven centenario” y a lo largo de su trayectoria, transmitió una idea fundamental: “a los jóvenes les corresponde saber llegar y a los veteranos saber legar”.

Ramiro Prialé fue otra figura que entendió la política como un espacio de encuentro. Solía decir que “dialogar no es pactar”. Y es que el diálogo fortalece la vida política, permite integrar posiciones distintas y construir acuerdos sin renunciar a convicciones. Tender puentes es indispensable en sociedades complejas como la peruana.

En tiempos de polarización y elecciones, recuperar una mirada positiva de la política se vuelve urgente. El legado de Haya de la Torre, Bedoya y Prialé nos recuerda la importancia de la docencia y la decencia en la vida pública, valores que hoy resultan indispensables para fortalecer la confianza ciudadana. Integrar y formar siguen siendo tareas pendientes que exigen responsabilidad y visión histórica, con la capacidad de anteponer el futuro del Perú a la confrontación y al corto plazo.

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