Durante años, Antonela Roccuzzo fue observada desde un lugar casi anecdótico: la novia de toda la vida, luego esposa, de Lionel Messi. Sin embargo, con el paso del tiempo -y especialmente en los últimos años- su imagen se transformó en algo mucho más poderoso. Hoy, Antonela no solo acompaña a una de las figuras más influyentes del deporte mundial: se ha consolidado como un referente de estilo global, capaz de marcar tendencia sin estridencias, desde la coherencia y la fidelidad a sí misma.
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El punto de inflexión llegó en 2023, cuando se mudó a Miami tras la incorporación de Messi al Inter Miami. La ciudad no solo significó un nuevo capítulo familiar, sino también una plataforma de visibilidad internacional. Desde entonces, su proyección creció de manera exponencial: campañas con marcas globales, apariciones en eventos clave y, finalmente, una consagración simbólica al ser portada de Vogue. Antonela había cruzado definitivamente la frontera entre la cancha y la moda.
Su estilo, a menudo definido como “sencillo”, merece una lectura más profunda. Sencillo, sí, pero nunca básico. En su armario conviven firmas como Loewe, Saint Laurent, Balmain, Versace, Gucci o Alaïa, integradas con una naturalidad que escapa al logo evidente o a la ostentación. La diferencia no está en qué viste, sino en cómo lo hace: siluetas limpias, colores neutros, prendas atemporales y una estética clásica que se mantiene intacta temporada tras temporada.
Uno de los códigos más reconocibles de Antonela son sus llamados “looks de partido”, que ella misma comparte en redes sociales. Jeans -su prenda infalible- combinados con camisetas, blusas o chaquetas, siempre pensados desde la comodidad, pero sin perder elegancia. Es un vestuario funcional que conecta con miles de mujeres que buscan verse bien sin renunciar a la naturalidad.
Ese mismo espíritu se traslada a su beauty look. Antonella ha hecho de la frescura su sello: melena larga, natural, sana y brillante, llevada casi siempre suelta; maquillaje minimalista donde predominan la máscara de pestañas, el gloss y un toque de rubor. Nada excesivo. Una estética que refuerza su imagen cercana.
Su relación con la moda, además, ha adquirido una dimensión consciente. En noviembre del año pasado, sorprendió al poner a la venta parte de su armario de lujo con fines solidarios, promoviendo la educación y fomentando el consumo responsable. Un gesto que resignifica el lujo desde un lugar ético y contemporáneo, alineado con los valores actuales de la industria.
Incluso en clave deportiva, Antonela demuestra intuición estilística. Recientemente, en un torneo de pádel organizado por la joyería Tiffany & Co., apostó por un set ivory de Adidas by Stella McCartney de top y falda tableada combinado con zapatillas blancas. Un look sporty-chic que sintetiza a la perfección su identidad: elegante, actual y sin esfuerzo.
Imposible hablar de Antonela sin recordar uno de los momentos más icónicos de su historia pública: su vestido de novia firmado por Rosa Clará. Aquel diseño marcó pauta a nivel mundial, se volvió viral y permanece en la memoria colectiva como uno de los looks nupciales más recordados del universo fútbol.
Frecuentemente comparada con otras WAG, como Georgina Rodríguez, Antonela ocupa un lugar distinto. No compite, no imita, no exagera. Su fuerza radica en la constancia, en la coherencia estética y en una autenticidad que hoy, más que nunca, resulta magnética.
Antonela Roccuzzo demuestra que se puede ser fashion sin dejar de ser real. Y quizá ahí resida su verdadero impacto.
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