El comunicador Diego Avendaño (@avendiego) fue el que mejor retrató la elección del Senado –en su cuenta de Instagram– con un gráfico del famoso videojuego Among Us (en el que el objetivo principal es sobrevivir descubriendo al traidor). En el Congreso, el bloque de izquierda demostró que no sabe jugar y perdió su primera partida porque, hasta el día de hoy, no puede determinar con certeza quién vició su voto para dejar ganar al fujimorismo la presidencia del Senado (y, sobre todo, descubrir a cambio de qué).
La izquierda no tenía que perder la presidencia del Senado, toda vez que en la Cámara de Diputados contaba con los votos para ganar de manera holgada (cosa que finalmente logró con 76 votos). El haber perdido con un voto viciado en la Cámara Alta solo responde a una negociación, ya sea de una bancada o en tono más personalista. Sea como fuese, nos habla de puertas abiertas al transfuguismo que han salido a relucir desde el arranque de la era bicameral.
Si bien ya no se pueden crear nuevas bancadas en el sistema bicameral, sí existe la posibilidad de que un legislador renuncie –por única vez– a su bancada de origen y pueda firmar su pase a otro grupo parlamentario. En ese marco, la traición en la votación del domingo muestra que algunos parlamentarios están dispuestos a negociar sus votos tras bambalinas a cambio de ciertas prebendas.
Y esto puede corroerse a todo el bloque de izquierda ahora que la puerta está abierta (y, sobre todo, cuando se vean los beneficios obtenidos), pero también podría terminar salpicando a su nuevo aliado, el Partido del Buen Gobierno.
El partido de Jorge Nieto podrá haber ganado la presidencia de la Cámara de Diputados, pero acaba de darse cuenta de que no podrá confiar en sus aliados. Gobernará en una Mesa Directiva en la que nadie sabe para quién trabaja, con lo cual ha hipotecado su capital político –al menos este primer año legislativo– a unos aliados que en cualquier momento pueden jugarle sucio. Los del PBG se fueron por el camino fácil, autoengañados bajo el eslogan del “consenso democrático” sin proyectar las consecuencias a largo plazo.
Se pudo llegar a los mismos resultados, con distintas formas de negociación, poniendo sobre la mesa una agenda en común para este primer año legislativo. En cambio, PBG repitió los mismos errores vistos en el unicameralismo, con alianzas armadas a última hora y sin mayor plan que presentarse como una “oposición” para la fotografía.
Peor aún, la bancada de Nieto podría terminar corroída por los mismos juegos de traición, en los que podrían quedar a un solo paso de ser vistos como una bancada que solo se acomoda en torno al poder legislativo.