“Licha no se va, no se va, no se va, Licha no se va”, cantaron sus compañeros en medio de la conferencia de prensa de despedida de Lisandro Alzugaray, quizá ya considerado un referente de LDU de Quito. La emotiva escena tuvo algo de despedida inevitable y algo de agradecimiento eterno: el coro no buscaba retenerlo, sino sellar un vínculo. Y ahí se puede dimensionar la jerarquía del nuevo fichaje de Universitario de Deportes con miras a un 2026 en el que esperan hacer historia.
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Alzugaray llegó a Liga en 2023 y en poco más de dos años dejó números que explican su peso específico: 130 partidos, 32 goles y 12 asistencias. Pero las cifras, aun contundentes, no alcanzan para describir su influencia. Con él en la cancha, LDU levantó cuatro títulos: la Copa Sudamericana 2023 —esa que compartió con Paolo Guerrero como símbolo continental—, dos ligas ecuatorianas y una Recopa. Un palmarés que lo elevó a la categoría de jugador determinante.
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“Me voy feliz y orgulloso”, dijo al anunciar su salida, pese a que tenía contrato vigente hasta 2026. No fue una ruptura traumática ni una salida forzada. Fue una decisión. El llamado del técnico Javier Rabanal terminó de inclinar la balanza. El español lo conoce bien: lo había sufrido cuando dirigía a Independiente del Valle, en aquel partido en el que Alzugaray marcó el gol del triunfo en el último minuto, con su firma registrada: desmarque en diagonal, de afuera hacia adentro, y definición cruzada de zurda.
Ese gol —uno más en su colección de tantos decisivos— explica por qué Universitario de Deportes fue a buscarlo. El proyecto que le presentó el área deportiva encabezada por Álvaro Barco lo entusiasmó: dos años de contrato, continuidad deportiva y el desafío de probar su jerarquía en una nueva liga: la peruana, la del equipo que viene de ser tricampeón y que mira el 2026 con ambición doméstica y continental.
A los 35 años, Alzugaray no llega a Lima para retirarse ni para administrar recuerdos. Llega con un presente sólido y con un dato que lo retrata mejor que cualquier elogio: en el 93% de los partidos en los que marcó, LDU no perdió puntos. Fueron 25 triunfos, 4 empates y apenas 2 derrotas. El auténtico tipo de los goles importantes. El que aparece cuando el margen es mínimo.
“No es fácil irte del club más grande de Ecuador al club más grande de Perú”, confesó al hablar de su llegada a Universitario. La frase no es solo una comparación institucional; es una declaración de intenciones. Cambiar de gigante implica asumir nuevas exigencias, convivir con otra presión y entender que la historia se respeta, pero no se hereda.
En Universitario lo esperan como se espera a los jugadores distintos: con expectativa, pero también con responsabilidad. Rabanal confía en su conocimiento del juego y en esa capacidad para leer los tiempos del partido, para aparecer cuando el reloj aprieta y el área se vuelve un laberinto. En 2025, con Tiago Nunes en LDU de Quito, jugó como segundo delantero o mediapunta en el 3-5-2 que usó el extécnico de Cristal; es decir, encajará perfecto en lo que busca Rabanal en la ‘U’.
Alzugaray se fue de Quito entre cánticos y aplausos. Llega a Lima con la mochila cargada de títulos, goles y decisiones valientes. El reto ahora es escribir otro capítulo, esta vez vestido de crema, en un club que exige ambición desde el primer minuto.

¿Alzugaray es el último fichaje de la ‘U’?
Universitario podría abrir una ventana clave en su planificación deportiva si el próximo 30 de enero el paraguayo Williams Riveros y el argentino Matías Di Benedetto aprueban el examen de nacionalización peruana. De darse ese escenario, el club crema liberaría dos cupos de extranjeros, aunque el proceso no terminaría ahí: luego vendrá la espera administrativa para la juramentación, paso final para que ambos defensores sean considerados oficialmente peruanos ante la FPF y la Liga 1.
La posibilidad no es menor en un año que exige profundidad y jerarquía. Riveros y Di Benedetto ya forman parte de la columna vertebral del equipo, y su eventual nacionalización no solo consolidaría esa base, sino que le daría a la ‘U’ de Javier Rabanal mayor margen de maniobra para reforzarse pensando en la competencia local y en los retos internacionales. En un fútbol cada vez más condicionado por el reglamento, los tiempos burocráticos también juegan su propio partido.
Hasta ahora, la ‘U’ ha ocupado sus plazas foráneas con Caín Fara, Héctor Fértoli, Sekou Gassama y el recién llegado Lisando Alzugaray. Sin embargo, en Ate saben que el mercado no se cierra con lo ya hecho. La chance de sumar dos extranjeros más —si el caso de Riveros y Di Benedetto llega a buen puerto— podría convertirse en una ventaja estratégica para un equipo que no se conforma con lo logrado y que sigue planificando como tricampeón.












