viernes, enero 23

Aunque la iniciativa originalmente planeada para detener la guerra entre Israel y Hamás ha sido respaldada por un grupo reducido de países alineados ideológicamente con Trump, su lanzamiento se ha producido sin el apoyo de los aliados históricos de Estados Unidos y bajo una mirada crítica de la propia ONU, que ha calificado a la nueva entidad como una organización “amorfa”, según un portavoz oficial.

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Precedentes y declaraciones

Durante la ceremonia de presentación en Davos, Trump estuvo acompañado por más de 20 líderes mundiales, entre ellos el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y el presidente de Argentina, Javier Milei. No obstante, no estuvieron presentes sus principales socios históricos. Pese a ello, Trump añadió que “todos quieren formar parte” de la junta de paz y que incluso el presidente de Rusia, Vladimir Putin, habría aceptado unirse.

En su discurso inaugural, el presidente estadounidense planteó que el impulso que le brinda a la Junta de Paz se respalda en los múltiples conflictos que, según él, fueron resueltos desde su llegada a su segundo mandato. “El mundo es más rico, seguro y pacífico”, dijo Trump. Además, enumeró una serie de conflictos que habrían terminado gracias a su intervención y afirmó que la Junta de Paz beneficiaría al mundo, no solo a Estados Unidos.

Trump dijo que el nuevo organismo podría “expandirse a otras cuestiones a medida que tengamos éxito en Gaza”, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que “las posibilidades son infinitas”.

This photograph shows the logo of the "Board of Peace" during the World Economic Forum (WEF) annual meeting in Davos on January 22, 2026. US President Donald Trump will show off his new "Board of Peace" at Davos on January 22, 2026 burnishing his claim to be a peacemaker a day after backing off his own threats against Greenland. Originally meant to oversee the rebuilding of Gaza after the war between Hamas and Israel, the board's charter does not limit its role to the Strip, and has sparked concerns that Trump wants it to rival the United Nations. (Photo by Mandel NGAN / AFP)

Posteriormente, Trump apuntó contra la ONU, aduciendo que no hizo lo suficiente para resolver algunos conflictos internacionales, aunque indicó que trabajarían en conjunto. En respuesta, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, calificó a la Junta de Paz como “amorfa” y agregó que respalda a este organismo únicamente para resolver el conflicto en Gaza.

Jorge Chávez Mazuelos, analista internacional y profesor en la PUCP, considera que el hecho de que solo un grupo reducido de países alineados ideológicamente con Trump respalden la Junta es un detalle clave para entender el alcance real de este nuevo espacio. “No estamos ante una organización representativa del sistema internacional, sino ante un grupo limitado de Estados que responde a una lógica política muy concreta”, señala.

¿La Junta de Paz ameneza al rol de la ONU?

Uno de los principales cuestionamientos es si la Junta de Paz pone en duda el papel histórico de la ONU como garante de la paz y seguridad internacionales. Chávez recuerda que la ONU fue creada, precisamente, por iniciativa de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. “El orden multilateral nace con un fuerte impulso estadounidense, pero hoy vemos una narrativa que busca desacreditarlo desde dentro”, explica.

En una línea similar, Alonso Cárdenas, internacionalista y profesor en la UARM, considera que la Junta de Paz busca restar protagonismo a la ONU más en el plano simbólico que en el práctico. “Es una señal política que cuestiona el multilateralismo, pero no necesariamente una alternativa funcional”, afirma.

Los expertos coinciden en que el verdadero riesgo es el precedente que se establece y que uno de los puntos más críticos es la legitimidad de la Junta.

A diferencia de la ONU, que cuenta con 193 Estados miembro, la nueva organización apenas reuniría a unos 35 países, entre ellos Arabia Saudí, Azerbaiyán, Armenia y Egipto. “Ni siquiera aliados históricos de Estados Unidos, como Francia o el Reino Unido, han aceptado participar”, subraya Chávez.

En esa línea, Cárdenas advierte que “una organización que excluye a las principales potencias europeas y a China difícilmente puede reclamar representatividad global”. Agrega que el problema no es solo numérico, sino político: la ausencia de actores clave debilita cualquier pretensión de sustituir o competir con la ONU.

¿Una estructura sólida o un proyecto frágil?

Otro eje central del análisis es la viabilidad a largo plazo de la Junta de Paz. Para el catedrático de la UARM, la iniciativa presenta debilidades estructurales evidentes que ponen en duda su sostenibilidad. “Estamos frente a una organización que no tiene claridad sobre su financiamiento, su estructura administrativa ni sus mecanismos internos de toma de decisiones”, señala. En ese sentido, considera que más que un organismo pensado para perdurar, la junta responde a una coyuntura política específica.

El experto añade que la dependencia del liderazgo de Trump es un factor de riesgo adicional. “Si cambia el escenario político en Estados Unidos o en los países que hoy la respaldan, la junta podría perder rápidamente relevancia”, advierte. A su juicio, la falta de institucionalidad sólida limita su capacidad de consolidarse como un actor estable en el sistema internacional.

En la misma línea, Chávez considera que la fragilidad de la Junta está directamente vinculada a su carácter personalista. “Es una estructura que gira en torno a Trump y a su visión del mundo”, explica. Para el analista, esta dependencia la hace vulnerable a cambios políticos y reduce su proyección a mediano y largo plazo. “No estamos hablando de una organización con reglas claras y consensuadas, sino de una iniciativa que puede diluirse rápidamente”, sostiene.

Riesgos legales fuera del marco de la ONU

También preocupa el impacto legal de la Junta de Paz si actúa al margen de la ONU. Es decir, si va más allá del conflicto en la franja de Gaza, como ha anunciado Trump.

“Si la junta decide intervenir en un conflicto sin el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU, estaríamos frente a una violación del espíritu del derecho internacional”, advierte Chávez. Para el especialista, esto podría erosionar aún más un sistema jurídico internacional ya debilitado.

Cárdenas coincide en el riesgo, aunque subraya que la junta no tiene, por ahora, capacidad real para imponer decisiones. “El problema no es lo que hoy puede hacer, sino lo que legitima a futuro: la idea de que se puede actuar fuera de la ONU sin consecuencias”, señala.

La respuesta de la ONU ha sido cauta. Según Cárdenas, refleja la falta de claridad sobre su naturaleza y alcance. “La ONU está marcando distancia sin confrontar directamente, dejando claro que no reconoce a la Junta como un actor institucional consolidado”, explica.

Para Chávez, que Guterres usara el calificativo de “amorfa” también pone en evidencia las dudas sobre su funcionamiento. “No se sabe cómo va a operar, qué atribuciones tendrá ni cuánto tiempo puede durar”, señala. A su juicio, la ONU confía en la solidez de sus propios fundamentos y en el respaldo mayoritario de la comunidad internacional.

Ambos especialistas coinciden que es poco probable que la Junta de Paz logre reemplazar a la ONU. Cárdenas considera que, en el mejor de los casos, podría tener un rol puntual y limitado. “No va a sustituir a un sistema donde casi todos los países tienen representación”, afirma.

En el mismo sentido, Chávez sostiene que el verdado impacto de la Junta será simbólico. “Más que una alternativa real, es un síntoma del deterioro del multilateralismo”, concluye. Para ambos analistas, el riesgo no es la desaparición de la ONU, sino su debilitamiento progresivo en un contexto internacional cada vez más fragmentado.

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