Mientras más pasan los días, más inciertas se ponen las cosas en el proceso electoral. A casi un mes de la segunda vuelta se esperaba que los organismos electorales ofrezcan soluciones y den cierta tranquilidad a los electores. Pero no es así.
Mientras más pasan los días, más inciertas se ponen las cosas en el proceso electoral. A casi un mes de la segunda vuelta se esperaba que los organismos electorales ofrezcan soluciones y den cierta tranquilidad a los electores. Pero no es así.
El JNE desestimó las “elecciones complementarias” con argumentos débiles que pueden ser fácilmente cuestionados, pero finalmente zanjó el tema. Y cuando todo parecía indicar que se cerraría pronto la primera vuelta con las cifras definitivas, su presidente decide salir a cuestionar a la ONPE, culpar de todo a su exjefe, evadiendo la parte de responsabilidad que sí le corresponde al JNE, y disponen realizar una auditoría informática integral a la primera vuelta.
No queda claro cuál es el objetivo de esta auditoría, el plazo, ni si el resultado de esta puede afectar o repercutir en el cómputo final de la primera vuelta. Sobre eso sí debería pronunciarse el presidente del JNE.Aclarar esto es fundamental porque, de lo contrario, se corre el riesgo de estar alimentando falsas expectativas, o de confundir a la población con acciones “para la tribuna” que no tendrán ningún impacto real. Más todavía, cuando la ONPE señala que ya se hizo una auditoría como esa, lo que muestra, además, es que todavía no se puede lograr que ambas instituciones “hablen” y coordinen entre sí.
Lo curioso es que, en paralelo a todo este enredado tema que enfrenta al JNE y la ONPE, la población y los medios de comunicación ya “los han superado” y han asumido que la segunda vuelta será entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. No hay más que ver lo que publican los medios y lo que se señala y discute en las calles y en redes sociales, para darse cuenta de que la mayor parte del país ya va tomando partido por una u otro.Volvemos a un escenario en el que el voto se usará para impedir que el otro llegue al poder. El fujimorismo crece en las encuestas con la intención de voto de quienes temen que Roberto Sánchez llegue a Palacio; y quienes se suman a Sánchez son aquellos que prefieren votar por él que ver a Keiko con la banda presidencial.
Nadie votará por planes de gobierno o por propuestas. Serán el rechazo y el miedo las únicas “motivaciones”. Lo curioso es que ambas partes alimentan eso.
Decir que la izquierda es el enemigo o que gobernará como su padre no ayuda a Keiko Fujimori y suma al rechazo, más todavía cuando el presidente fujimorista del Congreso lanza planteamientos duros y radicales. Tener a Antauro Humala suelto en plaza con lanza llamas en mano, insistir en mentir con lo del cambio de Constitución o lo del indulto a Pedro Castillo, y tratar de pegarse al centro diciendo que no dijo lo que realmente sí dijo, solo hace crecer el temor hacia Roberto Sánchez. Todos alimentan la incertidumbre.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.




