Hay murales que decoran una pared y otros que consiguen convertirla en un lugar de memoria. Ese es el camino que ha recorrido Todas Las Sangres, colectivo artístico vinculado a la identidad de Alianza Lima que, durante más de una década, ha llevado la historia del club a muros, calles y espacios que hoy forman parte del recorrido de miles de hinchas. Su trabajo no busca únicamente pintar: busca que una generación reconozca a sus ídolos, que otra los descubra y que el barrio, en especial La Victoria, también se sienta parte de esa historia.
El proyecto nació, en buena medida, desde una inquietud sencilla: contar visualmente la historia aliancista. Para el colectivo, integrado por Bastar, Nyeth, Cavallini, Ultra, Ricky, Colo, Piurano, Drimz y Aper, no bastaba con representar al club a través de sus colores o de sus símbolos más conocidos. La idea era recuperar nombres, rostros y momentos que forman parte de su memoria. “Arte y Alianza” es, precisamente, una de las frases que resume esa motivación.
El vínculo con el club fue creciendo con el tiempo. Al comienzo, los integrantes de Todas Las Sangres llegaron a trabajar incluso sin cobrar, impulsados por el deseo de cumplir un sueño: pintar dentro del estadio. Su trabajo empezó a llamar la atención y, poco a poco, aparecieron nuevas oportunidades. Así llegaron los primeros murales en los túneles de las tribunas de local y visitante y, posteriormente, otros proyectos relacionados con la infraestructura del estadio.
Pero si hay una obra que resume la transformación de su trabajo es el Caminito Íntimo, un recorrido mural que conecta el entorno del estadio con la experiencia de quienes llegan al lugar. La idea llevaba años rondando en el colectivo, pero recién pudo concretarse después de distintas conversaciones y gestiones. El proyecto tomó aproximadamente un año y medio de trabajo y reunió diferentes técnicas y niveles de complejidad.
Más que una sucesión de imágenes, el recorrido terminó convirtiéndose en una especie de memoria a cielo abierto. Por allí pasan hinchas, familias, escolares y visitantes que se detienen a fotografiarse frente a los murales. Lo que antes podía ser simplemente una zona de tránsito adquirió otra dimensión: se convirtió en un espacio para encontrarse con la historia del club.
Para los integrantes de Todas Las Sangres, ese cambio tiene un significado que va más allá del fútbol. El arte también puede transformar la relación de una comunidad con su entorno. El colectivo recuerda que durante años trabajó para cambiar la imagen de los alrededores del estadio, una zona que consideraban descuidada y que con el tiempo comenzó a recibir más visitantes.
El resultado se mide, en buena parte, en algo tan sencillo como una fotografía. Familias enteras llegan al lugar, los padres explican a sus hijos quiénes aparecen en los muros y los más pequeños comienzan a reconocer una historia que quizá hasta entonces les era ajena. Para el colectivo, esa conexión entre generaciones es uno de los mayores logros del proyecto.
Una de las particularidades del trabajo de Todas Las Sangres es que sus murales no se limitan a reproducir figuras conocidas. Existe también una intención de reivindicar a los ídolos en vida. El colectivo considera importante que quienes hicieron historia puedan encontrarse con las nuevas generaciones y ver cómo su legado continúa presente.



