Aquel 23 de mayo, en Matute, Alianza Lima volvía a ser, después de mucho tiempo, un club en armonía casi absoluta: se acababa de consagrar campeón del Torneo Apertura, con un equipo identificado con la idea de Pablo Guede, referentes positivos en el vestuario, una administración con balance favorable y, sobre todo, un pueblo blanquiazul unido. Pero tratándose de Alianza, la calma rara vez dura demasiado. Apenas unas semanas después, el foco dejó de estar en la cancha para trasladarse, una vez más, a los pasillos donde se toman las decisiones más importantes del club.
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La inestabilidad dirigencial también terminó trasladándose al aspecto deportivo. En los últimos años pasaron por el club, sin lograr consolidar un proyecto de largo plazo, nombres como Néstor Bonillo, Bruno Marioni, Mariano Soso, Mauricio Larriera y Alejandro Restrepo. Lo mismo ocurrió con administradores que, pese a mostrar avances, dejaron el cargo antes de completar sus procesos. Katia Bohórquez, clave en la recuperación institucional de 2021 tras la pésima campaña del 2020; Fernando Salazar y, más recientemente, Fernando Cabada son algunos ejemplos. ¿Quién toma finalmente esas decisiones que, desde fuera, parecen interrumpir la continuidad del club?
Cabe recordar que el administrador de Alianza Lima es designado por la Junta de Acreedores, órgano cuya conducción depende del peso de los votos de sus integrantes. En ese contexto, Paolo Guerrero hizo pública una carta en el Diario El Comercio en la que reveló su intención de adquirir parte de las acreencias del club y cuestionó la falta de transparencia del proceso. Según explicó, pese a cumplir con los requisitos solicitados, no logró identificar con claridad quiénes son los verdaderos responsables de conducir la negociación ni por qué su propuesta no avanzó pese a cumplir los requisitos y presentar un proyecto sustentable.
Pero más allá de Guerrero, ese es, precisamente, uno de los problemas que desde hace años rodea la administración de Alianza Lima: la dificultad para identificar dónde reside realmente el poder de decisión. En su carta, Guerrero menciona a Salomón Lerner, un nombre históricamente vinculado al club, aunque sin un rol que públicamente se encuentre claramente definido.

El Comercio se comunicó con el capitán de Alianza Paolo Guerrero y su entorno sobre la carta abierta que se filtró la noche del domingo. | Foto: Alianza Lima
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Quienes conocen el entorno del capitán de la selección peruana aseguran que su interés por adquirir acreencias nace de un objetivo concreto: contribuir a la profesionalización de Alianza Lima. Después de casi dos décadas en el fútbol europeo y sudamericano, Guerrero considera indispensable que una institución de la magnitud de Alianza cuente con infraestructura y estándares acordes a un club de primer nivel, desde un centro de alto rendimiento hasta instalaciones modernas para el plantel profesional.
Sin embargo, su visión trasciende al propio Alianza. La idea, según personas cercanas a su proyecto, es que un club fortalecido institucionalmente pueda convertirse en un modelo de gestión para el resto del fútbol peruano, elevando los estándares administrativos, económicos y deportivos de toda la competencia. Fue precisamente en ese intento por involucrarse más en la vida dirigencial del club cuando, sostiene, descubrió una estructura en la que los principales espacios de decisión no siempre tienen responsables visibles.
El involucramiento de Guerrero tampoco es reciente. Más allá de portar la cinta de capitán, durante los últimos meses participó en distintas gestiones internas para afrontar momentos de tensión y crisis que atravesó el club, especialmente a comienzos de año. Ese acercamiento le permitió conocer con mayor profundidad cómo funciona la estructura institucional de Alianza Lima y reforzó su decisión de intentar comprar acreencias.
Ese interés, sin embargo, sigue vigente: el proceso aún permanece abierto y el futbolista continúa buscando participar en él.
Mientras la venta de las acreencias formal sigue sin resolverse, las preguntas permanecen abiertas. ¿Quiénes terminarán controlando el futuro institucional de Alianza Lima? ¿Qué criterios definirán la elección del nuevo acreedor mayoritario? Y, sobre todo, ¿por qué un proceso tan determinante para el club continúa desarrollándose en medio de cuestionamientos sobre su transparencia?













