Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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A fines de febrero, la presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, publicó en su cuenta de X (antes Twitter) un video de su reunión con directivos de la empresa multinacional de hidrocarburos Shell. “Seguimos avanzando en el impulso energético de Venezuela. Hoy [26 de febrero] sostuve un encuentro de trabajo con representantes de la empresa Shell para avanzar en una agenda de cooperación en materia de gas, explorando nuevas oportunidades de inversión y de desarrollo de nuestros yacimientos”, decía el texto que acompañaba el post en la red social.
A esta reunión le ha seguido la firma de acuerdos entre Shell y el Gobierno venezolano, como parte de la agenda diplomática durante la visita del secretario del Departamento del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum.
Según el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV) se trata de convenios en materia de energía entre ambas naciones. Aunque no se han dado detalles del acuerdo, se cree que el centro será impulsar la producción de gas en el país. “Esta alianza estratégica reafirma que Venezuela sigue siendo un destino seguro y confiable para la inversión extranjera, impulsando el desarrollo del sector de hidrocarburos y la estabilidad económica del país”, señala una nota oficial emitida en medios estatales de Venezuela.
Los acuerdos se dan luego de que en enero de 2026 se modificara la Ley Orgánica de Hidrocarburos, cambios que se producen tras medio siglo de nacionalización de las empresas petroleras, que se acentuó durante el Gobierno de Hugo Chávez. La nueva norma reduce el rol del Estado y permite una mayor participación de inversionistas privados en la industria petrolera. Estos cambios en la norma ofrecerían a las compañías internacionales facilidades para invertir en conjunto con la firma estatal PDVSA, además de un mayor control sobre los proyectos y acceso más directo a las ganancias de las ventas de petróleo.
En el caso del gas la situación es distinta. Emiliano Terán-Mantovani, investigador de la Universidad Central de Venezuela, explica que la explotación de gas sí contemplaba la inversión privada antes de la reciente reforma. “Tienes a Eni [empresa italiana] y a Repsol [empresa española] explotando el gas en Campo Perla, un proyecto que forma parte del consorcio Cardón IV, en la península de Paraguaná, que ha sido promocionada como uno de los principales campos de explotación gasífera de América Latina”. El Campo Perla es un yacimiento offshore en aguas del Golfo de Venezuela.
La empresa Shell tiene actualmente participación en el yacimiento de gas Dragón, ubicado costas afuera en aguas venezolanas, y en el Complejo de Gas Loran-Manatee, que se extiende en ambos lados de la frontera entre Venezuela y Trinidad y Tobago, según explica Gregor Clark, gerente del Portal Energético para América Latina de Global Energy Monitor (GEM), una organización que analiza el panorama energético internacional.
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En este último caso, dice Clark, la participación de Shell corresponde al lado trinitense. El acuerdo de Shell con el Gobierno de Venezuela también contempla el desarrollo de las unidades de producción terrestres Carito y Pirital en la División Punta de Mata, en el Estado de Monagas, agrega el experto.
Mongabay Latam consultó al Gobierno de Venezuela sobre los alcances de estos acuerdos y las perspectivas sobre la explotación del gas, pero hasta el cierre de esta edición no recibió respuesta.

La presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, se reunió con el Secretario del Departamento del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum. Foto: cuenta de X de Delcy Rodríguez.
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Ante la consulta de Mongabay Latam, la empresa Shell señaló que “el jueves 5 de marzo, Shell y el Gobierno de Venezuela firmaron varios acuerdos que formalizan la intención de Shell de impulsar diversas oportunidades con Venezuela. Estas incluyen el desarrollo de gas en alta mar, oportunidades de petróleo y gas en tierra, exploración y contenido local, e iniciativas de desarrollo de la fuerza laboral».
En la respuesta enviada por escrito también se indica que Shell firmó varios acuerdos técnicos y comerciales con la empresa de ingeniería venezolana Vepica, así como con KBR y Baker Hughes. “Estos acuerdos reflejan el compromiso de Shell de trabajar con socios locales e internacionales para impulsar proyectos, capacidades e infraestructura que puedan apoyar el desarrollo de Venezuela en beneficio de su pueblo”, precisa la empresa en su email.
La actual presencia norteamericana en Venezuela está dando paso a nuevos proyectos tanto de petróleo como de gas. En el caso del gas, se estarían abriendo las puertas a una posible explotación para la exportación, así como a la reactivación de propuestas en conflicto como es el caso del proyecto que involucra a Venezuela, Trinidad y Tobago y Estados Unidos.
“Las reservas gasíferas venezolanas están consideradas entre las más grandes del mundo, por lo menos entre las 10 primeras”, comenta Teran-Mantovani. Se trata de gas asociado, es decir, gas natural que se encuentra en yacimientos de petróleo y que puede ser reutilizado, reinyectado o recuperado para la producción petrolera, explica el especialista.
El mayor porcentaje de este gas, afirma el experto, es utilizado para facilitar la extracción del petroleo y el resto es comercializado en el mercado interno. “En el caso venezolano la producción gasífera no se orienta a la exportación, sino que una tercera parte de la producción va al uso doméstico, pero la mayor parte termina siendo quemado”, explica Teran-Mantovani.

Durante la visita a Venezuela del secretario del Departamento del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, se firmaron acuerdos entre Shell y el Gobierno venezolano. Foto: cuenta X de Delcy Rodríguez.
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El gas que está asociado al petróleo se quema para desecharlo puesto que durante la extracción del crudo un aumento repentino y drástico de la presión del gas podría causar una explosión. Esta práctica resulta contaminante para el medio ambiente debido a que la quema significa la emisión de metano, un gas de efecto invernadero.
Teran-Mantovani explica que con la presencia norteamericana se están dando cambios en las autorizaciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, responsable de las sanciones económicas y comerciales contra países extranjeros específicos. En ese sentido, el Gobierno de Estados Unidos ha otorgado licencias a las petroleras para que ejecuten contratos en el país sudamericano.
“Las progresivas autorizaciones de la OFAC que se van otorgando están abriendo el camino para la explotación en varias zonas del país”, comenta Teran-Mantovani. Por su parte, Gregor Clark aclara que lo que otorga la OFAC a las empresas privadas es la posibilidad de operar en Venezuela sin estar sujetas a sanciones. En varios momentos en los últimos años, comenta Gregor, el Gobierno norteamericano decidió prohibir a las compañías privadas las operaciones en Venezuela.
“En este marco también está el tema de las inversiones que aplican para el financiamiento de la recuperación de gas asociado [al petróleo] que está siendo quemado”, asegura Teran-Mantovani y menciona que la Asociación Venezolana de Productores del Gas estima que para aumentar al doble de la cantidad de gas que se extrae actualmente, incluyendo el gas no asociado de los campos offshore, se requeriría una inversión de por lo menos 15 000 a 20 000 millones de dólares.
Uno de los proyectos offshore es el yacimiento de gas Dragón, operado por Shell —que involucra a Venezuela, Trinidad y Tobago y Estados Unidos— que estuvo rodeado de conflictos y generó una ruptura entre Venezuela y Trinidad y Tobago. “Ahora están en un proceso de acercamiento”, dice Teran-Mantovani. “Por un lado, Venezuela posee los campos de explotación y las acumulaciones gasíferas, pero al mismo tiempo carece de un despliegue de infraestructura para que el gas sea extraído, pueda salir al mercado y ser comercializable. Una infraestructura y terminales que sí tiene Trinidad y Tobago”.

El mapa muestra la ubicación de los yacimientos de petróleo y gas en Venezuela. Fuente: Global Energy Monitor
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Teran-Mantovani menciona que Venezuela depende de esos terminales que implicaría la construcción de un gasoducto entre Venezuela y Trinidad y Tobago, mientras que este último país necesita de este proyecto porque la explotación gasífera en su territorio está en declive. “Ahí hay un proyecto que tiene las más altas expectativas comerciales y energéticas”.
En tanto, Gregor Clark, de GEM, menciona también que ahora es posible el avance del proyecto gasífero Dragón y del proyecto transfronterizo Loran-Manatee, en manos de Shell, puesto que ya “no hay obstáculo desde el punto de vista de la política norteamericana”.
Clark menciona además que Shell también habría firmado un acuerdo con el Gobierno de Venezuela para dos campos terrestres al interior del país, los yacimientos Carito y Pirital, en el estado de Monagas. “Es un proyecto que existe desde hace tiempo como proyecto de petróleo, pero parece que ahora tiene aprobación para que se extraiga gas del mismo yacimiento. Normalmente quemaban el gas asociado al petróleo, pero Shell tiene mucha experiencia en la extracción de gas, incluso el que está asociado al petróleo”. En el mapeo realizado por Clark para GEM también aparece un proyecto de gas natural de la British Petroleum (BP) llamado Manakin Cocuina.
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En este panorama surgen varias dudas. Teran-Mantovani considera que el hecho de que se mantenga la misma estructura del régimen chavista genera muchos interrogantes, pues aún no se sabe el rumbo que tomará el Gobierno de Venezuela.
Por otro lado, los costos de inversión también generan grandes dudas, puesto que, a diferencia del petróleo, que cuenta con infraestructura, aunque con limitaciones y deficiencias, en el caso del gas no se dispone de esta infraestructura. “¿Se van a aventurar a hacer semejantes inversiones?”, se pregunta Teran-Mantovani. A ello le suma la volatilidad actual del mercado energético global.

Donald Trump durante una reunión con funcionarios de energía y ejecutivos de la industria petrolera. Foto: prensa Casa Blanca.
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Un reciente análisis de Global Energy Monitor (GEM) sostiene que los proyectos petroleros y de gas que se iniciaron en 2025 tardarán por lo menos 15 años en entrar en funcionamiento. En este estudio se menciona particularmente el caso de Venezuela, donde la incertidumbre política tras la intervención estadounidense y la infraestructura deteriorada, altos costos y complejidad técnica están prolongando significativamente los tiempos de desarrollo y aumentando la incertidumbre en inversión.
“Se calcula que reactivar la industria petrolera venezolana requeriría una inversión de entre 80 000 y 183 000 millones de dólares. Además, analistas señalan que el país enfrenta retos económicos, geológicos y de ingeniería sustanciales para aumentar la producción tanto en campos nuevos como existentes”, menciona la publicación. El análisis de GEM también sugiere que el promedio global de 15 años para que un campo entre en producción podría ser una subestimación para nuevos hallazgos en Venezuela, dadas sus implicaciones geopolíticas.
A esto Clark agrega que el costo de desarrollar nuevos yacimientos es mucho más alto que el costo de aumentar la producción de campos ya existentes. “Según la ONG estadounidense Consejo de Relaciones Exteriores, el desarrollo de los yacimientos existentes podría rehabilitarse con un costo aproximado de 10 000 a 20 000 millones de dólares y aumentar la producción requeriría el desarrollo de nuevos yacimientos y aproximadamente 100 000 millones de dólares en un período de hasta 10 años”, explica.
Clark sostiene que “hay mucha incertidumbre sobre la situación económica y política, por tanto, si el desarrollo lleva unos 5 a 10 años o más, muchas cosas pueden cambiar en el mercado del petróleo, del gas y también en la situación política en Venezuela”.
En este panorama también entran los problemas ambientales que hasta ahora ha generado la quema de gas. “Más del 80 % de todo el gas que comprende las reservas venezolanas es gas asociado a la explotación petrolera. Este gas históricamente no ha sido capturado sino que se quemaba a través de los llamados mechurrios —como se denomina en Venezuela a los mecheros— que evidentemente han tenido consecuencias ambientales muy fuertes”, dice Teran-Mantovani y agrega que se trata de un tema del que no se habla en Venezuela. Los mecheros son torres industriales que queman el gas asociado a la extracción de petróleo.
Teran-Mantovani comenta las cifras de la Agencia Internacional de Energía (AEI) para tener una idea de la quema gigantesca de gas que se hace en Venezuela. Según esta organización, la cantidad de gas que se quemó en el país en 2024 fue al mismo nivel de Estados Unidos. Otro dato de la AEI menciona que el gas que se quema en Venezuela en un año es equivalente a todo el gas que se consume en Colombia. “Es una cantidad gigantesca de gas que tiene un impacto ambiental tremendo”.
“La Agencia Internacional de Energía también mencionó en su momento que Venezuela era el octavo emisor de gas metano —un gas de efecto invernadero— del mundo por estas quemas enormes”, agrega el experto.
En ese sentido, dice Teran-Mantovani, la recuperación del gas tendría otros usos y un menor impacto en el cambio climático, aunque su quema se daría de forma diferente. Gregor Clark agrega que el cuestionamiento desde el punto de vista ambiental es que el desarrollo de cualquier nuevo yacimiento de petróleo o gas no es compatible con los objetivos del Acuerdo de Paris.
*Imagen principal: las llamas se elevan desde las chimeneas de la refinería de Amuay en Los Taques, Venezuela. Foto: AP / Matias Delacroix













