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Es un lugar común hablar de que la ciencia ficción se ha convertido en un género costumbrista. Que la coyuntura actual y la especulación científica parecieran llevarse una diferencia de meses, a causa del vertiginoso desarrollo tecnológico. Dos escritores, el mexicano Alberto Chimal (Toluca, 1970) y el peruano Daniel Collazos (Lima, 1980) coinciden al lanzar dos conjuntos de relatos en los que la inteligencia artificial adquiere un perturbador protagonismo.
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—En general, la literatura actual parece poco interesada en un tema urgente como la IA y su influencia cultural. ¿Por qué?
Aún no nos desprendemos de la publicidad y de toda esa basura mercadológica alrededor del tema de la IA. Entonces, una parte de quienes podrían escribir sobre ella lo rechazan por considerarlo dentro de la ciencia ficción, poco serio. Y la otra parte está pensando en otros temas, como si la presencia de estas tecnologías fuera cosa juzgada. Creo que no es una cosa ni la otra: es algo que necesita ser discutido. Es mucho más que una serie de tecnologías que asombran y que, en algún futuro, supuestamente, traerá una edad dorada para la humanidad.
—En tu libro apelas a la imagen de “Máquinas enfermas” para explicar la patología tanto de la tecnología como de sus usuarios. ¿Es la IA un síntoma de una patología social o más bien hemos vivido con ella siempre y ahora se exacerba?
Un poco de ambas cosas. Por un lado, está la habilidad tan humana de endiosar todo lo que nos rodea. Y por otro, un síntoma de un momento presente, en el cual una oligarquía tecnológica trata de acumular más dinero y para ello aprovecha la IA de todas las maneras posibles. No se trata de darle un servicio a sus usuarios, sino de obtener más de ellos, explotar más nuestra información, datos personales, tiempo y atención.
—En uno de tus cuentos imaginas cómo la IA puede generar una identidad prefabricada que adaptaremos rápidamente…
Está clarísimo en esta época que nuestra identidad es algo frágil. No solo puede ser fragmentada por las diferentes máscaras que nos ponemos en la vida electrónica. Además, puede ser influida por toda clase de agentes extraños. Desde un algoritmo en una red social hasta la adicción desarrollada con un chatbot. En los márgenes de Internet hay toda clase de historias populares, leyendas y supersticiones. Muchas de ellas tienen que ver con la idea de que un agente digital se apodera de los cuerpos humanos.
—Una nueva versión de las películas de serie B sobre usurpadores de cuerpos.
Exacto. Mi idea era un poco ir por ahí. Imaginarme hasta dónde podía llegar la relación entre una especie de inteligencia contagiosa, viral, con un ser humano común.
—En YouTube y redes sociales encuentras que más de la mitad del contenido está hecho por una IA. Y parece que nos acostumbramos a su estilo de redacción, propio de un mal escritor, obvio y relamido. ¿Cómo ves esta influencia?
Efectivamente, está por todas partes. En ciertas circunstancias podemos aprender a verlo, criticarlo y rechazarlo. Pero a muchos no les interesa. Solo ven cómo el aparatito les genera más publicaciones en redes, obtener más clics y más monetización. Y a la mayor parte de los que están expuestos a esta basura tampoco les importa. Aprenden que eso es lo normal, que eso es lo que uno puede esperar del lenguaje. Es terrible.
—¿Crees que la literatura debe estar libre de toda interferencia con la IA?
Honestamente, no lo sé. Pero es cierto que con todas las grandes transformaciones tecnológicas desde que se inventó la escritura, siempre se ha transformado el papel de la literatura y nunca se le ha podido eliminar ni hacer a un lado como algo obsoleto. Ciertamente ha cambiado su situación respecto de otras formas de comunicación; ya no estamos en el siglo XIX cuando el principal medio de información y entretenimiento era la prensa. Sin embargo, siguen existiendo libros y gente que quiere hacerlos. Por lo menos, en este momento, estamos en una situación en la cual hace falta considerar la escritura y la literatura como formas de resistencia.
—¿Como escritor, cuánto le permites a la IA participar de tu proceso creativo?
Nada. Bastante trabajo me costó aprender a escribir como para delegarlo. Para lo que representa mi trabajo, no le encuentro uso a la IA. Desconfío enormemente de toda esta tecnología porque sé quién está detrás. Está controlada en su gran mayoría por una oligarquía repugnante, con muchos de sus miembros registrados en los famosos archivos de Epstein.
“Las máquinas enfermas”
Autor: Alberto Chimal
Editorial: Páginas de espuma
Año: 2025
Páginas: 152
Daniel Collazos
Escritor peruano
A propósito de su libro “Ente”, defiende el pensamiento crítico, el uso de la IA como herramienta creativa y el contacto con la calle.
Daniel Collazos.
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—¿Es la ciencia ficción una metáfora para hablar de urgencias actuales?
La preocupación por la inteligencia artificial nos ofrece una excelente oportunidad para reconocernos como humanos y reflexionar sobre cómo estamos actuando. En el medio laboral, todo el mundo te dice que si no participas de esta tecnología estás muerto, y la gente lo asume sin mayor reflexión. Hay que detenernos a pensar cómo nos estamos reflejando en ella. Al final, la IA es un eco de quiénes somos ahora.
—Pienso en uno de tus personajes encerrado en su casa, conectado a su terminal por cables, como un gran útero materno. ¿Crees que la IA es un síntoma de nuestra patología social?
La IA se ha incorporado a una patología que ya veníamos desarrollando desde antes. Y precisamente por eso tiene tan buena aceptación. Creemos que decidimos, y la verdad solo escogemos del bufet que ella nos propone.
—¿A dónde crees que nos puede llevar la dependencia tecnológica?
El peligro está en la falta de uso del pensamiento crítico, y es ahí donde podemos fallar. La gente le pide cosas bastante absurdas a la inteligencia artificial, y lo que ella responde se considera totalmente cierto, como palabra sagrada. No contrastan. Creo que ese es el peligro del futuro: que conforme vaya engordando su poder, consideremos la IA como algo cada vez más mágico y alucinante. Así la gente le entregará todo, hasta sus propias ideas. Si no tenemos pensamiento crítico, vamos al desastre.
—¿Qué piensas de que gran parte de los contenidos de Internet sean producidos por la IA?
Le preguntamos a la IA cuál es el contenido que debemos hacer y ella nos suelta un patrón, una estructura a la que nos adherimos. No es una conspiración, pero suena un poco a eso: nos estamos encaminando todos a asumir un mismo pensamiento. La IA nos está formateando en serie.
—¿Crees posible que el mismo trabajo literario pueda terminar siendo obsoleto?
A mí me pasa algo bien curioso con el tema de la ciencia ficción. Cuando empecé a escribir mi primer cuento de ese género, “Dependencia programada”, no estaba muy involucrado en el tema. Había leído “Mañana las ratas”, de José Adolph, y me había encantado. Pero conforme me fui metiendo en el tema, comencé a sentir miedo como escritor. Pensaba que la ciencia ficción debía ser predictiva y temía que, tras escribir alguna idea, esta quedara obsoleta en poco tiempo, tal es la velocidad de los tiempos que corren. Pero gracias a largas conversaciones con colegas entendí que la ciencia ficción no tenía por qué ser predictiva. Se trata de criticar situaciones que ocurren en nuestro tiempo utilizando el futuro. Y tengo muchas cosas que decir sobre lo que está sucediendo ahora a partir de distopías y ucronías.
—¿Hasta dónde permites entrar a la inteligencia artificial en tu proceso de escritura?
Es un tema que me interesa muchísimo. Yo no creo que la inteligencia artificial sea el diablo; hay que saberla usar. En mi proceso de escritura ha entrado de una forma distinta a lo que podría pensarse. Quienes escribimos sabemos que la IA te arroja estructuras e ideas prefabricadas, y yo mismo he estado en contra de eso. Pero ahora me sirve muchísimo. Por ejemplo, escribí un cuento llamado “Otros mundos” que desarrolla aspectos de astronomía. Lo venía pensando por años, pero me demoraba escribirlo porque no tenía las herramientas técnicas. La inteligencia artificial me permitió investigar de forma más cerrada que un buscador. Jamás he estado dentro de una nave espacial, y la IA me permitió acceder a los planos de una. Así me va ayudando, siempre conversando y discutiendo con ella. Me sirve incluso para romper los bloqueos. No tomo lo que me dice como cierto, pero enriquece el proceso. La gran responsabilidad del autor está en no quedarte con lo que te dice. Por supuesto, no la dejo entrar al texto final. No permitiría que contamine mi estilo. Bueno o malo, es el mío, es lo que lo hace auténtico. Y si bien la IA es maravillosa, le falta algo muy importante: la calle. Algo fundamental para un escritor.
“Ente”
Autor: Daniel Collazos Bermúdez
Editorial: Pandemonium
Año: 2025
Páginas: 194













