Mónica Fuentes, presidenta de la Asociación de Colegios Particulares Amigos (Adecopa), se mostró a favor de empoderar a los maestros en la formación de los escolares y de separar a los alumnos involucrados en actos graves. A continuación las respuestas a un cuestionario que se le envió:
1. PISA y el caso del Liceo Naval han puesto a la educación en el debate nacional. ¿Qué reflexión le merecen?
Ambos acontecimientos nos movilizan como país y muestran la urgencia de abordar la educación de manera integral: mejorando los aprendizajes en un ambiente escolar seguro.
Por un lado, los resultados de PISA 2025, revelan resultados que deben ser leídos no solo como indicadores de rendimiento, sino como una oportunidad para revisar la calidad de las experiencias de aprendizaje que estamos ofreciendo. Y hoy no debemos dejar de ver que los propios resultados de PISA demuestran que existe una relación directa entre el clima escolar, el apoyo docente, el sentido de pertenencia y las condiciones reales para aprender. Aprender requiere, sentirse seguro, reconocido y respetado en la escuela.
Por otro lado, lo ocurrido en el Liceo Naval es sumamente grave y debe ser investigado con absoluto rigor por las autoridades competentes. Este hecho debe llevarnos a reflexionar sobre la convivencia escolar, la formación del carácter, el restablecimiento de la autoridad educativa, el rol de la familia y nuestra capacidad para detectar tempranamente situaciones de riesgo.
Por ello, no debemos mirar PISA por un lado y la convivencia escolar por otro. Debemos enseñar a pensar y comprender, pero también a convivir, respetar al otro y actuar con responsabilidad y sentido del bien común.
2. ¿Qué puede proponer el sector educativo privado para prevenir la violencia y mejorar la enseñanza?
Es importante resaltar que la educación requiere una alianza firme entre el Estado, la escuela y las familias en:
En prevención de la violencia se debe fomentar una cultura de prevención permanente. Esto implica capacitar a docentes y directivos en la detección de señales de alerta, fortalecer la tutoría y desarrollar habilidades socioemocionales como la autorregulación, la empatía y la resolución pacífica de conflictos. Estas no son solo habilidades para convivir, sino también habilidades fundamentales para aprender. Asimismo, se requiere urgente un régimen suficientemente claro para la atención de situaciones graves en las que la permanencia de un estudiante puede resultar incompatible con la protección de la comunidad educativa.
En mejora de la enseñanza, el caso PISA nos recuerda que la mejora de los aprendizajes sucede, finalmente, en el aula y depende de la calidad de la práctica docente. El desafío no es saturar de contenidos, sino lograr que los estudiantes piensen mejor con lo que aprenden: que analicen, argumenten, formulen preguntas y resuelvan problemas complejos.
3. ¿Se debe empoderar a los profesores para prevenir cualquier tipo de violencia?
Definitivamente debemos fortalecer la autoridad educativa del maestro, entendiendo claramente que autoridad no es autoritarismo. Un docente tiene autoridad cuando cuenta con reglas claras, respaldo institucional, formación y herramientas para intervenir de manera oportuna, y cuando los estudiantes reconocen en él a un adulto referente que cuida y establece límites.
No se le puede exigir al profesor que prevenga la violencia si, al mismo tiempo, se le mantiene en la incertidumbre sobre cuándo puede intervenir o qué medidas respaldadas por las normativas puede adoptar.
Resaltando que la prevención no es una tarea solitaria del maestro, sino es una tarea que empieza en la familia. Colegio y familia deben actuar en unidad, comunicación y respaldo en la formación de los estudiantes.
Mónica Fuentes es la presidenta de Adecopa

