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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en las últimas horas que el emblemático Kennedy Center, de Washington D.C., permanecerá cerrado por dos años debido a la realización de trabajos de remodelación. El recinto, considerado uno de los núcleos culturales más importantes del país norteamericano, cerrará sus puertas el 4 de julio.
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La idea de un gran edificio dedicado a las artes en la capital se discutía desde el primer tercio del siglo XX en Estados Unidos y al llegar al gobierno John F. Kennedy se mostró sumamente interesado en la creación de un centro con estas características.
El presupuesto para la construcción fue un problema. Se había planteado conseguirlo bajo un esquema de donaciones, pero el asesinato de Kennedy en 1963 y el planteamiento de la obra como monumento en su honor dieron un impulso al proyecto. El Congreso estadounidense asignó unos 40 millones de dólares a los trabajos y determinó que el local llevara el nombre del presidente fallecido.
La ceremonia de inicio de obras se llevó a cabo en diciembre de 1964, pero las excavaciones no empezarían hasta un año después debido a discusiones sobre la idoneidad de su ubicación. Tras la culminación de los trabajos, el Kennedy Center tuvo su primera presentación el 5 de septiembre de 1971 y tres días más tarde abrió sus puertas de forma oficial.
El centro está conformado por varias salas en las que se presentan obras de teatro, ballet, danzas modernas y tradicionales, música clásica y también ofrece espacio para géneros modernos o experimentales. El recinto es conocido por ser la sede oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional de Estados Unidos y de la Ópera Nacional.
En febrero del 2025, pocas semanas después del inicio de su segundo gobierno, Donald Trump anunció el despido de los 18 integrantes de la junta directiva del Kennedy Center, nombrando un nuevo consejo que tenía a su amigo Richard Grenell como director y garantizando el control del local por parte del mandatario.

Personas visitan el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, recientemente rebautizado como «Trump Kennedy Center», en Washington, D. C., el 26 de diciembre de 2025. El nombre del presidente estadounidense Donald Trump se incorporó al Kennedy Center en Washington el 19 de diciembre de 2025, un día después de que los miembros de su junta directiva, cuidadosamente seleccionados, votaran a favor de cambiar el nombre del recinto artístico a pesar de las dificultades legales. (Foto: Brendan Smialowski / AFP)
/ BRENDAN SMIALOWSKI
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Trump fue elegido presidente de le la junta por los nuevos miembros y se cancelaron presentaciones señalando que esto se debía a motivos financieros. El jefe de gobierno estadounidense había sido un crítico de los eventos relacionados a la comunidad LGTBQ e indicó que el centro “no necesitaba shows ‘woke’” y que algunos de estos “eran terribles”.
En consonancia con la postura gubernamental republicana, la nueva gestión del Centro Kennedy redujo las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), lo que fue generando un progresivo rechazo por parte de grupos de artistas a presentarse en el salón. En ese periodo dio que hablar el boicot de un grupo de actores a un montaje de “Los Miserables” que debía presentarse en el local, debido a que Donald Trump iba a asistir a la función.
Hubo más incidentes a lo largo del 2025. En setiembre se reportó que la compositora Yasmin Williams sufrió la interrupción de uno de sus espectáculos por parte de miembros del colectivo republicano Log Cabin, quienes la abuchearon e insultaron. Según el medio local The Washingtonian, el personal del Kennedy Center indicó que estas personas ingresaron gracias a que Grenell les facilitó entradas.
Meses atrás, la artista había escrito al director mostrándole su preocupación por los cambios en torno a las iniciativas de inclusión y que eso estaba llevando a cancelaciones por parte de sus colegas, a lo que Grenell había respondido que esto únicamente se debía a la intolerancia “hacia los republicanos” por parte de esas personas.
Si a esas alturas ya había debate y cuestionamientos en torno a la gestión del centro cultural, esto se acentuó desde el 18 de diciembre del 2025 cuando la junta del establecimiento votó a favor de cambiar su nombre a “Centro Conmemorativo Donald J. Trump y John F. Kennedy para las Artes Escénicas”.
Un día después el nombre del líder republicano fue añadido a la fachada del establecimiento.

El renombrado centro de artes John F. Kennedy de la capital estadounidense pasó a llamarse «Centro Trump-Kennedy» en honor al presidente Donald Trump, según anunció la Casa Blanca el 18 de diciembre de 2025. (Foto: Jim WATSON / AFP)
/ JIM WATSON
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Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, indicó que la actualización del nombre del Centro Kennedy era un reconocimiento al afán de Trump por “renovar y salvar el edificio, no solo desde el punto de vista de su reconstrucción, sino también financiero y de su reputación”.
Los parlamentarios demócratas criticaron la medida, señalando que la modificación carecía de base legal, pues el nombre del local fue establecido por una ley de 1964, y al tratarse de un monumento nacional solo el Congreso tenía autoridad para cambiarlo. La familia del fallecido John F. Kennedy también criticó la medida.
Maria Shriver, sobrina del fallecido gobernante estadounidense, calificó de “insensato” el cambio y señaló que era “incomprensible que Trump haya buscado agregar su nombre al de su tío”.
Joe Kennedy, sobrino nieto de JFK, se mostró en la misma línea. “El Kennedy Center es un monumento vivo a un presidente caído… No se puede cambiar su nombre más de lo que alguien podría cambiar el nombre del Monumento a Lincoln, sin importar lo que digan”, afirmó.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (centro), conversa con invitados durante el estreno mundial de «Melania», de Amazon MGM Studios, en el Kennedy Center de Washington, D.C., el 29 de enero de 2026. (Foto: Brendan SMIALOWSKI / AFP)
/ BRENDAN SMIALOWSKI
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Más incómoda fue la posición de Robert F. Kennedy Jr., sobrino de JFK y actual secretario de Salud en el gobierno de Trump, mostrándose evasivo ante el hecho y señalando que estaba enfocado en los “problemas urgentes” de la sanidad de su país.
Joyce Beatty, congresista del Partido Demócrata, presentó una demanda a fines de diciembre del 2025 contra la alteración del nombre del Kennedy Center, argumentando que esta carecía de “efecto legal” porque la junta directiva se extralimitó en sus funciones.
Los demócratas también presentaron en enero un proyecto de ley en la Cámara de Representantes para impedir cualquier modificación del nombre del centro cultural.
El cambio de denominación del monumento no fue el primer movimiento de este tipo, pues en julio del 2025 un grupo de representantes republicanos había presentado una iniciativa para rebautizar la ópera del centro como “Ópera Melania Trump”.
Desde su origen, el Centro Kennedy se ha gestionado mediante un modelo de asociación público-privada, en el que el gobierno aporta aproximadamente 45 millones de dólares para cubrir el gasto operativo del edificio. El monto restante, que asciende al 84% del presupuesto se sostiene por ingresos privados como la venta de entradas a los eventos, donaciones y otras actividades.
La directiva que llegó con Trump sostuvo a inicios del 2025 que recibió una entidad quebrada y Donna Ardruin, la actual jefa de finanzas, afirmó que el déficit operativo rondaba los 100 millones de dólares y había una deuda que ascendía a 40 millones.
Richard Grenell es el hombre de confianza de Trump dentro del Centro Kennedy. (Foto: AFP)
/ THOMAS KIENZLE
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Richard Grenell acusó a la gestión anterior de cometer un “fraude” contra los donantes del centro y sostuvo que la infraestructura del centro cultural tenía daños severos y había quedado obsoleta. La nueva junta indicó que el mantenimiento que se habría dejado de hacer se estimaba en un monto de 225 millones de dólares.
Deborah Rutter, la presidenta anterior del consejo, respondió que estas acusaciones eran falsas y provenían de “personas sin el contexto ni la experiencia para entender las complejidades involucradas en la gestión de organizaciones sin fines de lucro y de las artes”. La exjefa del Kennedy Center sostuvo que la administración actual actuaba de forma maliciosa y buscaba “distorsionar los hechos” para “atribuirle” el déficit a la junta anterior.
Un reporte de The Washington Post señaló que el establecimiento dedicado al arte tuvo una caída de ventas histórica entre setiembre y octubre del 2025. Las tres salas principales del centro tuvieron una ocupación de apenas 43%, frente al 80% que tuvieron en el 2023 y el 93% que registraron en el 2024 durante el mismo periodo. Se trató de la asistencia más baja desde la pandemia.
Los abonos de temporada, de gran importancia para el sostén económico del Centro Kennedy, cayeron en un 36% en junio del 2025 con respecto al 2024. Algunos informes que llegaron a la prensa señalan que los ingresos totales habrían tenido una reducción del 50% desde la segunda mitad del año pasado, a lo que se añade una caída de la audiencia televisiva.
Antes del 2025, la facturación del local cultural se situaba en torno a los 100 millones de dólares, por lo que el cese de sus funciones por dos años supondría una pérdida de ingresos de 200 millones de dólares. Los críticos del proyecto de remodelación señalan que esta podría restar hasta 300 millones de dólares a la actividad económica en Washington D. C. El turismo y los servicios relacionados serían los principales afectados.
En medio de ese contexto la Ópera Nacional de Washington anunció el 9 de enero que abandonaba el Kennedy Center, su hogar por décadas, tras constantes desavenencias con la junta directiva actual.
Entre las razones que se han adjudicado a dicha decisión se encuentra la falta de viabilidad económica a causa del nuevo modelo de gestión, que implicaba el financiamiento de las producciones en su totalidad por adelantado, algo poco viable en el rubro.
A esto se habría sumado la poca comodidad de la ópera con la visión de la junta y el retiro de donaciones y patrocinios —complementos clave que se suman a la venta progresiva de entradas— por el viraje ideológico en la gestión del centro.
La marcha de la Ópera Nacional se ha sumado a una progresiva sangría de artistas que formaban parte del ecosistema artístico de la institución. El 27 de enero el compositor Philip Glass canceló el estreno de su Sinfonía N° 15 “Lincoln” y Stephen Schwartz también suspendió presentaciones que tenía programadas.
Artistas como Issa Rae, Kristy Lee, The Cookers, Rhiannon Giddens y Béla Fleck también se sumaron al boicot y dieron marcha atrás en sus participaciones en eventos del local. A lo anterior se suma que Renée Fleming y Ben Folds, que tenían puestos de asesores en el centro, renunciaron por diferencias con la administración.














