— La tercera misión de avanzada del Vaticano que ha recorrido los lugares que visitará el Papa. ¿Qué conclusiones o ajustes ha recomendado?
Ha sido muy importante esta última visita porque, como usted imaginará, en la primera se vio todo sobre la viabilidad de la visita, si era posible o no. En la segunda se vino a ver cómo se avanzaba, si efectivamente se habían tomado en cuenta las decisiones, porque había cosas que parecen sencillas, por ejemplo, por dónde iba el Papa, pues, a veces, se traza una ruta a la que la policía dice no o a la que la seguridad del Vaticano propone cambios. Esta tercera visita ha sido para comprobar que todo está hecho y ajustar lo pendiente.
—Tras la cirugía, la salud del Papa está evolucionando favorablemente. ¿Se ha reconfirmado la visita a Cusco y Santa Cruz en Cajamarca, teniendo en cuenta el tema de la altura?
Hasta el momento todo se mantiene igual. El Papa quiere y hasta el momento irá tanto a Cusco como a Pucallpa y, naturalmente, a Santa Cruz y a Chiclayo. Además, se cuenta con un helicóptero ambulancia. Santa Cruz está muy en el corazón del Papa.
—¿El Estado ha desembolsado S/112 millones para esta visita? ¿Cuál es la inversión?
La gran ventaja es que es una inversión que se devuelve al triple, por lo menos. Efectivamente, es una inversión generosa, sobrepasa los S/112 millones, S/120 millones tal vez. Y la alegría para nosotros es que, como dicen los especialistas, este dinero se va a recuperar.
—Se habla de una recuperación de S/100 millones con el movimiento económico que traerá la visita…
Sí. Añadido a lo que llaman los especialistas la imagen del Perú que se proyecta al mundo, que si se midiera económicamente sería muchísimo más.
—¿Qué ha hecho la Iglesia para complementar esta inversión?
Se lanzó una colecta nacional. ¿Y por qué nació esto? Había gente sencilla que quería participar y no podía pagar su pasaje, por ejemplo, de Tacna a Lima. Y mucha gente nos preguntaba, a través de los párrocos y los obispos, ¿por qué no puedo participar de alguna manera? Entonces, allí nació la oración, una oración para que puedan estar los subsidios, pero también si quieres, colabora. Hemos tardado un poco, pero recién el Yape como tal ya se puede usar.
“No hay paz si no hay resurrección, si no se vence el mal. Y el mal tiene nombre propio: minería ilegal, pobreza, marginación, sicariato…”.
—¿En qué se va a destinar este recurso?
El gobierno nos ayuda es cierto, pero siempre hay gastos. Le cuento, por ejemplo, tenemos un coro de 500 voces que va a cantarle al Papa. Se hará un recital en el Circuito Mágico del Agua con la participación de 600 niños, y esto –aunque efectivamente nos han dado mucha ayuda– significa costear toldos, tener graderías y gastos que no estaban previstos. La ayuda vendría para cubrir estos gastos. La gente podrá colaborar y, si tenemos un excedente, quisiéramos destinarlo para el fenómeno de El Niño.
—A propósito de El Niño, ya empezaron las lluvias en el norte. ¿Hay alguna contingencia respecto a la visita y esa situación?
Tenemos dos cosas que convergen, la fe y la sana preocupación. Nosotros pensamos que, al fin y al cabo, el mundo está gobernado por Dios, aunque a veces nos cueste aceptarlo. Pero, de otro lado, sabemos también que hay que prever. Entonces, nos preocupa, pero esperamos que, al menos como ahora, se mantenga manejable de alguna manera. Si hubiese una fuerte lluvia, sí nos complicaría.
—¿Qué medidas de protección se están tomando con las entradas gratuitas para la misa del Papa en Las Palmas, para que gente inescrupulosa no se aproveche y quiera venderlas?
El procedimiento es bastante seguro. Nos pidieron un excel para llenar todos los datos. Ese lo mandan a Ticketmaster y ellos después envían el ticket electrónicamente a través de un correo. En teoría, no habría mucho problema.
—¿No debe haber una campaña permanente para decir que las entradas son gratuitas?
Lo dijo Lima, lo dijo Chiclayo, lo dijimos nosotros en su momento, hay que seguirlo repitiendo.
—¿Habrá un millón de fieles el lunes 16 de noviembre en Las Palmas?
Mínimo.
—Porque con Francisco fueron más de un millón.
Se comenta que fueron 1‘200.000 personas. Nosotros esperamos al menos esa cantidad. La última vez que fuimos a Las Palmas, nos dijeron que hay una parte que estuvo ocupada [por la FAP] cuando vino el papa Francisco, y ahora está libre, entonces podría haber incluso 100.000 personas más que en el 2018.
—En el 2018 se dijo al final que, incluso, sin entrada se podía ingresar a la misa de Francisco.
La entrada nos ayuda por el orden, porque el público entra sabiendo dónde ubicarse, pero sabemos que siempre habrá quien sacó su ticket y no quiso ir, y quien no sacó y se anima a último momento. Entonces, al final, como dice el Evangelio, se abren las puertas y todos son bienvenidos.
—Si bien para algunos lo recomendable es ir caminando a Las Palmas, ¿se ha asegurado el transporte público para los fieles? ¿Se ha coordinado con empresas de transporte para que faciliten unidades especiales?
Con la línea 1 se ha hablado y, aparentemente, va a haber todas las facilidades. Con las otras, no tengo al momento el dato. Se va a hacer un cercado semejante al del papa Francisco, serán las mismas rutas señaladas como límite para entrar con vehículo. Eso se va a replicar.
“Si vemos la finalidad de la visita del Papa, nos va a ayudar a superar tanto el miedo como la utilización […]. El Papa viene para todos”.
—¿Qué podemos esperar del mensaje de León XIV, que es un Papa peruano, que conoce nuestras circunstancias, nuestra idiosincrasia?
El Papa conoce bastante del Perú pero ciertamente ahora es un panorama distinto. Lo que el Papa vivió no podríamos decir que se asemeja al sicariato de hoy, a la violencia de hoy. Es un salto muy grande, aunque se quiera quitar la fuerza, pero en realidad es una situación que el pueblo vive muy dura, muy fuerte. La gente experimenta el miedo, lo escuchamos quienes estamos en parroquia, a la bodega la extorsionaron, al mototaxista. Esa realidad el Papa la debe conocer porque se la habrán comentado. Encuentra un Perú que necesita ser pacificado por la violencia interna, porque al fin y al cabo esto refleja una pérdida de paz interior muy fuerte. Sea por las causas que sean, hay una violencia que ha crecido y, como todos advertimos, con una poca sensibilidad a la vida humana. El Papa va a traer una buena dosis no solo de esperanza, sino de sanación a la persona humana, para sanar el corazón. Por eso los obispos eligieron el lema “Abramos el corazón”.
—En el 2018, Francisco nos dijo: “No se dejen robar la esperanza”. ¿León XIV viene a reavivarnos esa esperanza?
La esperanza se sostiene en un fundamento cristológico. Si Cristo no está al centro, no hay esperanza, no hay paz. Y el Papa, desde el principio, centró todo en Cristo. Nos habla de la paz que nace del Cristo resucitado, con lo cual ya nos dio un panorama bellísimo. No hay paz si no hay resurrección, si no se vence el mal. Y el mal tiene nombre propio: minería ilegal, pobreza, marginación, sicariato. Solamente venciendo el mal podemos nosotros encontrarnos con la vida que es Cristo.
—¿Cree que la presencia del Papa debe ser una oportunidad de reconciliación entre los peruanos?
El pedido del Papa al inicio de su pontificado –y que refleja un anhelo del mismo Cristo– fue: “Padre, que sean uno como tú y yo somos uno”. Los teólogos dicen que es el testamento espiritual del Señor, el deseo de unidad. Y nosotros lo necesitamos. ¿Cómo aceptar ese mensaje del Papa si es que no limamos nuestros propios intereses personales? Porque al final la desunión nace cuando yo quiero algo que prevalece por encima del otro, o cuando yo aplasto al otro por conseguir lo que me parece que me conviene. La unidad será el mensaje que el Papa nos traerá.
—Además de ser la cabeza de la Iglesia Católica, el Papa es jefe del Estado Vaticano. Por lo tanto, también hace una visita de Estado, además de apostólica. ¿Cómo evitar que algunos sectores busquen politizar esta visita?
Es un riesgo que lo tiene muy presente también el Vaticano cuando hemos conversado con la comitiva, y muchas veces no se puede evitar. Se puede impedir, pero no solo de un lado. Todos los lados intentan siempre sacar un poquito de agua para sus ríos, ¿no?… ¿Cómo evitarlo? En Francia y España, el Papa tuvo mucha valentía para decir y para no hacer algunas cosas que podrían dar una idea equivocada de lo que él quería en su mensaje. Entonces, aquí él tendrá esa prudente valentía que suele tener.
—Hubo quienes incluso se alegraron ante la posibilidad de una cancelación del viaje tras la operación, porque el gobierno ya no tendría ese bálsamo, y otros celebran porque la presencia de Su Santidad debería suponer un oasis de paz.
Si vemos la finalidad de la visita del Papa, nos va a ayudar a superar tanto el miedo como la utilización. Porque a veces, si yo lo traigo para mí, está muy bien; pero si el otro lo lleva para él, está muy mal… El Papa viene para todos. El Papa viene para ti, para mí, para los que yo quiero, para los que yo no quiero. Somos todos, como esa imagen tan bonita de la Biblia que dice: “El Señor nos ama tanto y el sol sale para buenos y malos al mismo tiempo”.
—Hemos visto el lunes la alegría del Papa al confirmar su viaje. ¿Qué más se conoce de su estado de ánimo?
Si hablamos de estado de salud, técnicamente es excelente. Si hablamos de estado de ánimo, está feliz. Si yo estuviese enfermo y voy a la casa de la gente que me quiere, me siento mejor. El Papa viene contento. La decisión es mantener todo el recorrido, que es difícil. Nosotros hemos hecho el recorrido Chiclayo, Cusco, Pucallpa, Lima, y es agotador porque sale de Chiclayo que hay calor, llega a Cusco que está frío, va a Pucallpa que es un horno, y luego volver a Lima. Ya en situaciones buenas, es cansado. Yo admiro la valentía y el coraje del Papa.
—El Papa tiene muchos encuentros pendientes en el Perú.
Ama el Perú y siente a todos. Cuando llega a Roma alguien del Perú, los que están cerca dicen que ese día la mirada del Papa brilla más.
El papa León XIV y Guillermo Inca Pereda. (Foto: Andina)

