Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Aquel 28 de octubre de 1926, las provincias de Junín y Huancavelica abrieron sus puertas al transporte motorizado y a la tracción a vapor. La culminación de estas vías terrestres puso fin a décadas de aislamiento y viajes a lomo de mula a más de tres mil metros de altitud.
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El proyecto del ferrocarril a Huancavelica acumulaba décadas de postergaciones y proyectos truncos. La propia geografía andina, abrupta y rocosa, impuso severas dificultades técnicas a los ingenieros peruanos encargados de trazar la ruta entre abismos y perforar túneles en la cordillera.
Durante la gestión del ministro de Fomento, Celestino Manchego Muñoz —oriundo de Huancavelica—, la obra recibió el impulso presupuestal y técnico determinante para su concreción. Su ejecución buscaba dinamizar el comercio y el transporte de pasajeros en la sierra central.
La travesía de la delegación oficial comenzó en Lima, desde donde partieron los vagones especiales con destino al departamento de Junín. El convoy trasladaba a representantes del Poder Ejecutivo, parlamentarios, autoridades eclesiásticas y mandos militares.
Durante el trayecto por los poblados de Junín y Huancavelica, los pobladores locales se congregaron en los andenes para presenciar el paso de la comitiva y el avance de las unidades a vapor.
BANDERAS, COMPARSAS Y EL VAPOR DE LA MODERNIDAD
El ingreso del convoy a la estación de Huancavelica estuvo acompañado por la concentración de pobladores locales. Las calles principales lucían adornadas con guirnaldas y banderas patrias que flameaban bajo el clima de la puna peruana.

Locomotora y vagones avanzando en la sierra alta de Junín y Huancavelica en 1926. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio, mejorada con IA)
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En la zona central de la estación se instaló una carpa para la ceremonia religiosa y los discursos oficiales. Frente a esta estructura se formaron las tropas del Regimiento de Infantería N° 10, junto con las bandas musicales del colegio nacional y vecinos de la zona.
Monseñor Emilio Lissón, Arzobispo de Lima, ofició la bendición de las instalaciones y de las locomotoras. Ataviado con sus ornamentos litúrgicos y acompañado por seminaristas, realizó la invocación religiosa para los operarios y futuros pasajeros.
Posteriormente, se develó una placa conmemorativa de bronce elaborada en los talleres de David Lozano. El texto grabado destacaba el impulso del presidente Augusto B. Leguía y la gestión ministerial de Celestino Manchego Muñoz en la realización del proyecto.
Los vagones incorporados al servicio incluyeron coches furgón, servicios higiénicos y unidades tipo Pullman con capacidad para 20 personas, diseñadas para el transporte en zonas de gran altitud. Y, como parte de los homenajes, el primer coche de pasajeros recibió el nombre de Manuel Tellería, el ingeniero que murió durante las labores iniciales de construcción de la línea.
PRONUNCIAMIENTOS AL PIE DE LA LOCOMOTORA
El ingeniero José Viterbo Bernales, quien asumió la dirección técnica tras el deceso de Tellería, tomó la palabra en primer término. Bernales reseñó las complejidades topográficas superadas y destacó la labor de los peones e ingenieros peruanos.

Ciudadanos del interior del país conectados ferroviaria y vialmente hace 100 años. Al lado, autoridades del Ministerio de Fomento del ‘Oncenio’ de Augusto B. Leguía. (Fotos: Archivo Histórico de El Comercio, mejoradas con IA)
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En su turno, el diputado por Angaraes, Dimas Vidalón, encabezó la delegación provincial junto con el alcalde M. Méndez Delgado. Vidalón expresó el agradecimiento de la provincia por el fin del aislamiento territorial.
Asimismo, intervino el universitario Medardo M. Castro, en representación de la juventud estudiantil, quien señaló la importancia de la conexión rápida con los centros académicos de Lima y Huancayo.
El discurso principal lo dio el ministro Celestino Manchego Muñoz. En su intervención sobre su región natal, indicó que el ferrocarril terminaba con la “vida vegetativa, estrecha y estacionaria” de Huancavelica para dar paso a la actividad minera y agrícola. También dijo que las vías férreas funcionaban como “elementos de orden, de paz y de solidaridad nacional”.
Tras la intervención del ministro, los asistentes aplaudieron y se dirigieron a los banquetes oficiales en los salones de la Prefectura, así como a los bailes de gala en el Club Nacional y el Casino de la ciudad.
EL EMPUJE DE LA CARRETERA JAUJA-TARMA
Culminados los festejos en Huancavelica, la comitiva oficial se trasladó hacia la provincia de Jauja para continuar con las actividades programadas. La siguiente actividad consistió en la apertura oficial de la carretera entre Jauja y Tarma, obra considerada fundamental dentro de la red vial impulsada por el gobierno del ‘Oncenio’.

Un acontecimiento social de gran magnitud fue para los pueblos de Junín y Huancavelica el inicio del ferrocarril, luego llamado «Tren Macho». (Foto: Archivo Histórico de El Comercio, mejorada con IA)
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En el punto limítrofe entre ambas provincias se reunieron autoridades locales, agricultores y pobladores, junto con una fila de automóviles y camiones listos para transitar por la vía. Los trabajos iniciales de esta carretera estuvieron a cargo del teniente coronel Ramos Marga y el mayor Demarini, mientras que la culminación técnica fue dirigida por el ingeniero Viterbo Bernales.
Para la ejecución de la obra se emplearon los recursos de la Ley de Conscripción Vial y la labor de destacamentos del Ejército. La carretera, ya habilitada, permitió el tránsito constante de vehículos de carga y pasajeros, disminuyendo el tiempo de viaje en comparación con las jornadas a lomo de mula.
Durante el banquete realizado en el Casino de Jauja, el doctor Jesús M. Salazar, presidente de la Cámara de Diputados y representante por dicha provincia, pronunció un discurso. Salazar definió la nueva carretera como un “fuerte y vigoroso lazo de unión” que vinculaba el intercambio comercial entre Jauja y Tarma.
Asimismo, destacó la labor del presidente Augusto B. Leguía en el desarrollo vial del país, indicando que las carreteras permitían dinamizar la producción agrícola del valle del Mantaro y la región oriental.
Por su parte, el vicepresidente de la Cámara de Diputados, Ernesto Sousa, extremó su entusiasmo gobiernista y dijo: “Si nuestra independencia evoca a San Martín y Bolívar, la grandeza nacional evocará, siempre, a Leguía”.


