En entrevista exclusiva con El Comercio, el exministro de Economía, Waldo Mendoza, señala que considera apropiada la expansión fiscal anunciada para enfrentar el fenómeno de El Niño y los choques externos, pero advierte que las obligaciones de pensiones pueden limitar los recursos disponibles. En el marco del evento Aula Magna de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el economista analiza las perspectivas de crecimiento, la próxima entrega de bonos y los retos en salud y educación.
-El Gobierno plantea elevar la meta del déficit fiscal del 2027 a 2,4% del PBI para financiar S/18.000 millones adicionales. ¿Considera justificada esa expansión? ¿Qué trayectoria debería acompañarla para retornar al 1% del PBI?
El Perú tiene una fortaleza fiscal que le permite hacer políticas contracíclicas. En el auge, la política fiscal debe ser contractiva y en la recesión, o ante la amenaza de una recesión, debe ser expansiva. Pero para hacer política fiscal expansiva se requiere de los ahorros realizados por el Gobierno durante el auge o de un acceso a tasas de interés moderadas a los mercados de crédito. Esto último pasa en el Perú: el Gobierno, debido a su bajo coeficiente de deuda/PBI, tiene la capacidad de endeudarse rápidamente, a tasas de alrededor de 6% anual, la cual es una tasa baja.
Dada la magnitud que se espera de El Niño, la respuesta fiscal de incorporar a la economía casi un punto y medio del PBI —S/18.000 millones— es apropiada. Asimismo, la trayectoria para alcanzar un déficit fiscal de 1% del PBI en el 2031, gradualmente, es apropiada y realista.
-Con los montos y destinos anunciados, ¿considera que el Gobierno está dando la respuesta que usted reclamaba frente a El Niño, o sigue encontrándola insuficiente? ¿Qué componente corregiría o reforzaría?
Con los montos y destinos anunciados, frente a los tres choques (El Niño, los precios de los combustibles y el alza en la tasa de interés internacional), el Gobierno está dando la respuesta de política fiscal apropiada. Falta conocer la respuesta del Banco Central de Reserva del Perú (BCR) frente a los dos choques de oferta transitorios —El Niño y el precio de los combustibles—, que son inflacionarios, y al choque positivo de demanda originada en el mayor impulso fiscal, que también es inflacionario. ¿El BCR subirá su tasa de interés?
-Antes del anuncio, usted consideraba que el Gobierno estaba subestimando El Niño. ¿Qué señales encontraba en el Marco Macroeconómico Multianual?
Las cifras del Marco Macroeconómico Multianual son las que me indujeron a decir que, al parecer, estamos subestimando El Niño. Según el marco multianual, el déficit fiscal, que terminaría en 1,8% este año, bajaría a 1,4% en 2027. Esa es una política fiscal restrictiva y 2027 se merece una política fiscal expansiva, porque vamos a necesitar recursos para la reconstrucción. Por lo tanto, hay que endeudarse, hay que gastar más.
La otra cifra es que, según el marco multianual, la inversión pública solo crecería en 3,5% en 2027. Si tomásemos en cuenta la magnitud de este Niño extraordinario, la inversión pública debería estar creciendo el 2027 a tasas de 15% o 20%. El déficit fiscal no debería caer tan fuertemente.
-¿Qué intervenciones permitirían alcanzar ese crecimiento de la inversión pública?
La reconstrucción. No sabemos cuánta pérdida de infraestructura vamos a tener: puentes que se caen, carreteras que se destruyen, caminos que se interrumpen. Recursos no van a sobrar.
-Si todavía no se conoce la magnitud de los daños, ¿qué debería dejar preparado el Gobierno?
Lo primero que hay que proteger es la vida. Para eso hay que estar listos para que, cuando venga El Niño, las personas puedan trasladarse a un lugar apropiado mientras dure este fenómeno tan fuerte.
-¿Y cómo evalúa los recursos previstos para este año mediante el crédito suplementario de alrededor de S/8.000 millones?
Esa cifra es más o menos 0,6% del PBI. Es un número importante. Estamos reaccionando, por lo menos en este 2026, bien, porque necesitamos recursos para enfrentar El Niño.
Es muy posible que suba el gasto público, nos endeudemos un poco más y aun así cumplamos con la regla fiscal del 1,8%, porque este mayor gasto va a estar financiado por los mayores ingresos extraordinarios que estamos teniendo. Hay que precisar, sin embargo, que no vamos a cumplir con las otras reglas de gasto corriente o de gasto no financiero que guían el crecimiento del gasto a las tasas históricas que ha tenido el Perú. El gasto va a crecer por encima de lo que estipula la regla fiscal.
-Mirando hacia el 2027, si los ingresos por metales resultan menores de lo previsto, ¿cómo se financiaría el gasto adicional?
Con déficits fiscales mayores, y el déficit fiscal se financia con el mercado de deuda pública doméstica. Está bien que se gaste, porque es en estos momentos cuando nuestra fortaleza fiscal debe ser aprovechada. El Perú tiene la gran característica de que su prima de riesgo es bien baja porque la deuda pública está apenas en 30% del PBI. Para nosotros, a diferencia de otros países, es muy fácil endeudarse. Esa deuda baja es un activo. Es como un fondo de estabilización fiscal: viene el problema y puedes endeudarte y conseguir recursos rapidísimo.
-¿Cómo deberían incorporarse al presupuesto las ayudas directas del 2027?
En el caso del próximo año, relajando el tema fiscal y subrayando que no hay espacio para el pago de pensiones, los bonos o las ayudas directas se financiarían con ese nuevo presupuesto. El presupuesto que está en el Congreso va a ser modificado casi inmediatamente. Estamos discutiendo una ley de presupuesto, un presupuesto institucional de apertura, que va a ser modificado rápidamente en el primer trimestre del próximo año con un crédito suplementario y, de repente, con normas que permitan al Estado tener más holgura fiscal.
-Menciona que no hay espacio para pagar esas pensiones. ¿Cómo afectan las leyes de pensiones de militares, policías y maestros el margen para enfrentar El Niño?
Si incorporásemos ese gasto enorme, estaríamos conversando en un tono distinto. Cambia toda la trayectoria del déficit y la deuda considerar estos gastos, porque son macroeconómicamente grandes. Si no operamos sobre estas normas de pensiones para policías, militares y maestros, no va a haber espacio para hacer una política fiscal contracíclica frente a El Niño. Conforme pasa el tiempo, ese costo se va incrementando porque hay más jubilados en educación y en las fuerzas militares.
Si esas leyes van a ser cumplidas, los recursos que existan para El Niño no van a ser tan holgados como en toda nuestra conversación lo estoy sugiriendo.
-¿Qué debería hacer el Ministerio de Economía?
Elevar su queja al Tribunal Constitucional y no esperar que la queja del Colegio de Economistas haga efecto. Creo que sería más importante para el Tribunal Constitucional que se queje una institución del Estado. Yo esperaría que un gran porcentaje de esos S/8.000 millones se destine a la reconstrucción o a actividades vinculadas al fenómeno El Niño. Sería incorrecto que este crédito suplementario sea para hacer efectivo el pago de pensiones a militares, policías y maestros. El Gobierno tiene que resistir, perseverar y, mientras tanto, no ejecutar la medida dada en la ley del Congreso.
-Pasando al crecimiento, el MEF proyectó un avance de 3,4% para 2027 y el BCR, de 3%. ¿Cómo está viendo la economía y qué escenario le parece más probable?
Afortunadamente, el sector moderno de la economía, el sector no primario, está creciendo a tasas altísimas. Construcción, por ejemplo, va a crecer 10% este año, una de las cifras más altas de los últimos años. La inversión privada va a crecer alrededor de 15% este año. En el PBI hay un sector primario, donde están la pesca, la minería y la agricultura, y un sector no primario, donde están la construcción y el comercio, entre otros. El primero está afectado por El Niño. La pesca y la agricultura están creciendo a tasas negativas; la minería un poco menos, porque no es muy sensible a lo que está pasando.
Dado el dinamismo que muestra la economía, un crecimiento de alrededor de 3% no está mal para el Perú. En medio de El Niño, crecer a 3% es una tasa interesante.
-¿Ese crecimiento lo estima para este 2026 o 2027?
Para 2026 y 2027 va a ser una cosa parecida. Los sectores no primarios van a seguir con la misma velocidad, por lo menos en la parte en que El Niño no esté en su plenitud. Los gastos de reconstrucción durante el 2027 también explican el fuerte crecimiento que va a tener especialmente construcción.
Afortunadamente, las cuentas fiscales permiten ayudar a que la economía peruana enfrente con éxito este choque interno fortísimo. A pesar de que en la parte preventiva no hemos avanzado, en la parte reactiva y de reconstrucción tenemos la oportunidad, como pasó con la pandemia y el programa Reactiva, de tener una política macroeconómica apropiada para las nuevas circunstancias.
-¿La inversión privada puede seguir sosteniendo la actividad si las familias pierden ingresos en pesca y agricultura y enfrentan alimentos más caros?
Pongamos todo en contexto. La economía peruana está enfrentando tres choques adversos simultáneamente. Primero, la guerra entre Irán y Estados Unidos, expresada en un alza del precio del petróleo que provoca inflación y estancamiento. Segundo, El Niño, que también provoca inflación y recesión. Y un choque al que no estamos prestando mucha atención, pero puede ser importante, es la tasa de interés internacional.
Cuando esta tasa se eleva, hace que los capitales en el norte sean más atractivos y los dólares del sur migren hacia Estados Unidos, de tal manera que el tipo de cambio pueda ser impactado al alza. En la parte buena están los términos de intercambio, que siguen en el nivel más alto desde los tiempos del presidente Odría, en 1948. El hecho de que la economía siga creciendo a pesar de estos choques fortísimos es una muestra de nuestra fortaleza monetaria y fiscal.
-En construcción, ¿el impulso de la reconstrucción alcanzaría a compensar las obras que se paralicen y los proyectos que se posterguen?
Cuando pasan estas desgracias en países europeos o en Estados Unidos, lo que se ve en la economía es una reactivación. El desastre natural provoca daños, pero los gastos y la intervención para reconstruir son tan fuertes que el PBI agregado crece más que en situaciones normales. El Perú tiene la posibilidad de hacer eso, de pasar este Niño sin que la economía se enfríe.
Construcción va a crecer alrededor de 10% este año y se estima entre 7% y 8% [de crecimiento para ] el próximo año, pero va a tener un comportamiento distinto. En el primer semestre se va a trabajar muy poco en reconstrucción; en el segundo seguramente habrá un alza importantísima. El sector está avanzando no solamente por la obra pública, sino también por la construcción de viviendas particulares.
-Usted sostuvo que el Gobierno podía actuar sin esperar las facultades legislativas. Ahora que el Senado aprobó otorgarlas, ¿qué cambia en la capacidad del Ejecutivo para responder?
En cuanto a El Niño, las facultades no eran indispensables. En períodos como este o como la pandemia hay motivos para poder gobernar sobre la base de decretos de urgencia. No ameritaba esperar las facultades para actuar. El Gobierno tiene ese instrumento para enfrentar El Niño. Esperar me parece que fue por gusto.
-Más allá de las herramientas legales, ¿cómo evalúa la capacidad del Gobierno para ejecutar una respuesta a tiempo?
Estaba el tema de los recursos, que ahora el crédito suplementario se los va a dar. Ya no hay excusas para que los ministerios empiecen a operar. Quizá ya no en tareas preventivas, pero sí preparándose.
En el sur vamos a tener sequía. Allí no es reconstrucción: son ingresos que caen cerca de cero y que hay que compensar quizá con programas focalizados de bonos o subsidios. En la pesca también estamos en un problema porque los pescadores se han quedado sin materia prima para trabajar. Hay que prestarles atención. Felizmente tenemos espaldas fiscales para eso, pero subrayando que no las tenemos si tomamos en cuenta estos gastos en pensiones que se han aprobado y que son onerosamente grandes.
-¿Cómo deberían funcionar las ayudas directas y quiénes deberían recibirlas?
Hay que diseñar la estrategia desde ahora. En la pandemia teníamos un sistema que identificaba a los pobres y pobres extremos, de manera que el apoyo podía ir masivamente a esos grupos. Ahora es distinto.
El grupo de la sequía deberá tener un tratamiento especial, básicamente campesinos y ganaderos. En la pesca, el apoyo debe ser para los pescadores. Incluso tenemos el problema de Gamarra: dicen que han perdido por El Niño como S/1.000 millones. No hemos tenido invierno este año y casi no ha habido ventas de chompas. Eso ha generado una caída de alrededor de 10% en el sector textil, que puede agravarse durante 2027.
-¿Cómo se identificaría a los afectados que no están en los padrones de los programas sociales?
No lo sé. Pero así como en la pandemia creamos un instrumento para transferir ingresos, aquí la focalización debe ser más geográfica, más territorial, en las zonas afectadas fuertemente por la sequía o las inundaciones.
En Lima, por ejemplo, el apoyo lo recibirían quienes han tenido inundaciones en Cieneguilla o Chaclacayo. En Piura hay que identificar a los damnificados y en el sur a la gente que sufre la sequía.
No soy especialista en ese tema. En el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social tienen especialistas en cómo focalizar en estos casos. Eso debería estar haciéndose ya, para que el aparato esté listo para ser activado. Deberíamos tener un mapa de los principales damnificados por El Niño para actuar rápidamente.
-¿Qué criterio debería aplicarse para distinguir las ayudas temporales frente a El Niño de los compromisos permanentes de protección social?
Como este es un fenómeno transitorio, los gastos también tienen que tener una naturaleza transitoria. Así como los ingresos están subiendo fuertemente este año, pueden caerse fuertemente en los siguientes. Nunca se sabe.
Cuando uno se compromete a un gasto permanente, el gasto se queda, los ingresos caen y queda un déficit estructural difícil de enfrentar. Un problema transitorio se enfrenta con gastos transitorios y también se relajan transitoriamente las reglas fiscales, a las que luego hay que volver lo más rápidamente que se pueda.
-El Gobierno propone combinar la suspensión perfecta de labores con un bono para los trabajadores afectados. ¿Cómo debería repartirse el costo de preservar esos empleos entre el Estado, las empresas y los trabajadores?
La suspensión perfecta de labores es una política extrema que se usa en los casos en los que una empresa deja de vender totalmente, como en la pandemia y, por lo tanto, no tiene cómo pagar los salarios a sus trabajadores. Estos, a su vez, aceptan no recibir el pago a cambio de que, cuando la empresa reanude sus actividades, mantengan sus puestos de trabajo.
¿De qué viviría el trabajador? De un apoyo, de un bono que le otorgue el Gobierno. De esa manera, se evita que la empresa quiebre y que los trabajadores se queden sin ingresos. Obviamente, los bonos son una fracción del salario del trabajador.
-Más allá de la emergencia, en su columna en El Comercio usted destaca que la salud y la educación también generan crecimiento. ¿Cómo deberían abordarse en el presupuesto?
Hay que distinguir entre el ciclo y el crecimiento económico. El ciclo es transitorio, de expansión o recesión. Ahora estamos en un ciclo que puede enfriar la economía y hay que enfrentarlo con un gasto transitorio, porque la crisis tiene un origen transitorio.
Cuando vamos al crecimiento y al desarrollo económico, la cosa es distinta: ya no son gastos transitorios, paliativos, sino estructurales. El crecimiento, además de generar empleo, salarios y menos pobreza, es una fábrica de recursos para el Estado. Aumenta la recaudación y, si ese aumento es estructural y no transitorio, podemos financiar gastos permanentes sin preocuparnos.
Para que un país crezca sostenidamente necesita invertir no solamente en capital físico, sino también en capital humano: salud y capacitación. Esa mayor salud y educación, que conseguimos a través de políticas públicas con gastos permanentes, contribuye al crecimiento, porque este necesita mano de obra calificada, sana e inversión privada.
-¿Qué falta para que la fortaleza financiera se traduzca en mejores servicios y una respuesta efectiva ante las crisis?
Durante la pandemia, el Perú tenía recursos fiscales, reservas internacionales, deuda pública baja, prima de riesgo baja y grado de inversión. Sin embargo, tuvimos el número de muertos por millón de habitantes más alto del mundo.
Eso nos interpela y obliga a pensar más allá de la fortaleza financiera. Hay que pensar en la fortaleza en educación y salud. A las crisis hay que recibirlas no solo con dólares y financiamiento, sino también con camas, hospitales y educación.
-¿Qué cambio concreto debería impulsar el Gobierno?
En educación hay que derogar esas normas antieducación que se han dado en los últimos diez años y que la han empeorado, como hemos visto con las pruebas PISA. Tenemos que dar una contrarreforma para restablecer los elementos sustantivos de la reforma de 2013 que fueron muy buenos: meritocracia en la enseñanza y no a las universidades que funcionaban en garajes. Todo eso se ha debilitado.
En salud hay que preguntarle al ministro, pero es evidente que hay una falta enorme de recursos. Uno va a los hospitales y ve a los enfermos en los pasadizos. Faltan recursos, profesionales y hospitales. Hay que garantizar el crecimiento para que nos siga dando recursos y poder financiar gastos permanentes que tengan que ver con el capital humano.
-Usted ha cuestionado que el gasto corriente desplace a la inversión. Pero un hospital o colegio también necesita personal, insumos y mantenimiento. ¿Dónde falla esa combinación?
Desde 2024 se han dado leyes que han implicado más gasto corriente. Como la meta del déficit no ha cambiado, con un presupuesto dado, a más gasto corriente tengo que afectar la inversión. Cuando uno mira las cifras de inversión del Gobierno Nacional de este año, son negativas porque el presupuesto se ha ajustado a ese mayor gasto.
El gasto corriente no es malo, es indispensable en educación y salud. Hay que buscar crecer para obtener recursos y, con buenas políticas públicas, buenos ministros y buenos superintendentes, el crecimiento económico puede traducirse en desarrollo humano a través de la educación y la salud.
-¿El Perú puede enfrentar El Niño sin perder dinamismo económico?
Ante un fenómeno tan dramático como El Niño, el Perú tiene la oportunidad de convertir esta debilidad en una fortaleza con una política fiscal súper expansiva, básicamente en infraestructura y apoyo directo a ciertos segmentos de la población. Una respuesta potente, de tal forma que incluso podamos crecer más que en tiempos normales, a través de la infraestructura y el gasto social transitorio.

