La líder de derecha extrema francesa Marine Le Pen, favorita en las encuestas para las presidenciales, pronunció este domingo su primer gran discurso de campaña, en el que prometió “restablecer el Estado de derecho” tras las recientes protestas marcadas por los disturbios.
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Cientos de miles de personas volvieron a salir a las calles el sábado en marchas contra el alto costo de la vida que transcurrieron en su mayoría pacíficamente, bajo un dispositivo de seguridad reforzado con respecto al fin de semana pasado, cuando se produjeron actos violentos y saqueos en varias ciudades.
El Ministerio del Interior francés informó este domingo de 1.314 detenidos en la víspera, así como de 53 miembros de las fuerzas de seguridad heridos y 24 comercios saqueados.
La dirigente ultraderechista acusó al gobierno de centroderecha de Emmanuel Macron de mostrarse débil ante los disturbios y de haber perdido la autoridad.
“¿Quién puede afirmar que existe un Estado de derecho cuando hordas vienen a saquear e incendiar nuestros edificios?”, preguntó.
“Vamos a restablecer el Estado de derecho”, prometió.
Le Pen también se comprometió a endurecer las leyes migratorias, tanto a nivel nacional como europeo.
“Restableceremos nuestras fronteras, una doble frontera: una francesa y otra europea”, afirmó.
“La nacionalidad francesa volverá a ser un privilegio que se hereda o se merece”, añadió.
Le Pen lidera todos los sondeos para suceder a Macron, quien no puede volver a presentarse a las elecciones. La ultraderechista quedaría muy por delante en la primera vuelta (con hasta un 38% de votos) y se impondría en la segunda frente a cualquiera de sus posibles rivales.
Su partido se beneficia de la fragmentación del centro y las dificultades de los partidos tradicionales.
Su principal adversario, el líder del partido de izquierda radical La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, se vería perjudicado por un escaso trasvase de votos en caso de pasar a la segunda vuelta y sufriría una derrota contundente, según las encuestas.
Antes de la intervención de Le Pen, su mano derecha y presidente del partido, Jordan Bardella, fue recibido con una ovación.
El discurso del dirigente de 31 años fue interrumpido brevemente por miembros de una organización estudiantil judía, que desplegaron una pancarta en referencia a una polémica en la que Bardella está envuelto por presuntamente haber escrito mensajes antisemitas cuando era joven.
Bardella lo niega y, de momento, el escándalo no parece frenar el impulso del autoproclamado “primer partido de Francia”.
Miles de manifestantes contrarios a Le Pen y a su formación se movilizaron el sábado en Orléans coreando consignas antifascistas.
“Uno de los riesgos de que Agrupación Nacional llegue al poder, más allá de sus políticas, es el clima que podría generar”, declaró a la AFP Antonine Rochet, una profesora de yoga de 35 años.
“Si la extrema derecha llega al poder, tememos que la situación empeore mucho”, añadió.
Si gana las presidenciales, Le Pen promete un endurecimiento de las medidas de seguridad, el control de la inmigración, la expulsión de extranjeros y una reforma de la Constitución mediante referéndum, entre otras cosas. Tampoco descarta echar un “pulso” a la Unión Europea.
Tendrá que “convencer” al 15% de los votantes que aún le falta para acceder al poder de que sus “soluciones para mejorar la vida de la gente” y “hacer felices a los franceses” son precisamente las que necesita un país al borde de la crisis social y financiera.

