La camiseta del Fortuna Sittard que lleva la imagen de Santa Rosa de Lima tiene una historia que se remonta a más de 350 años y que une a una ciudad de los Países Bajos con el Perú. Mark Drost, director comercial del club neerlandés, explicó a El Comercio que la indumentaria nació como un homenaje a la historia y la identidad de Sittard, localidad que mantiene una estrecha relación con la primera santa de América.
Todo comenzó en 1668, cuando una grave epidemia afectó a la ciudad de Sittard. Ante aquella situación, sus habitantes recurrieron a Santa Rosa de Lima para pedir protección. Un año después, en 1669, fue declarada oficialmente patrona de la ciudad. Con el paso del tiempo, se construyó una capilla en su honor y se consolidó una tradición que permanece vigente hasta la actualidad.
Cada año, el último domingo de agosto, los habitantes de Sittard participan en una procesión desde la ciudad hasta la capilla de Santa Rosa. Una celebración que mantiene viva una devoción centenaria y que, en 2026, coincidió con el día de Santa Rosa de Lima en el Perú.
Drost explicó que la relación del Fortuna Sittard con Santa Rosa no responde a un vínculo religioso independiente del club, sino a la conexión histórica que existe entre la santa y la ciudad donde juega el equipo.
“Fortuna está profundamente conectado con Sittard, por lo que, para nosotros, la camiseta trata realmente de contar la historia de nuestra ciudad a través de nuestro club de fútbol”, señaló el director comercial.
El diseño de la indumentaria también recoge distintos elementos vinculados con esa historia. El color burdeos hace referencia a la rosa, mientras que la tela incorpora un discreto patrón de rosas. Además, las letras y los números fueron diseñados especialmente a partir de elementos arquitectónicos de la capilla de Santa Rosa. La imagen de la santa también forma parte de la camiseta.
“Sentimos que era una oportunidad hermosa para crear una camiseta que fuera más que una simple camiseta de fútbol. Cuenta algo sobre el origen del Fortuna y sobre una parte importante de la identidad de Sittard”, explicó Drost.
La coincidencia de este año hizo todavía más especial la historia. El 30 de agosto de 2026 fue el último domingo del mes y coincidió con la celebración de Santa Rosa de Lima en el Perú, la misma fecha en la que tradicionalmente Sittard le rinde homenaje.
Drost contó que participó como espectador en la procesión celebrada en su ciudad y destacó la emoción de ver cómo una tradición de siglos continúa convocando a sus habitantes. También resaltó la presencia de personas procedentes del Perú en la actividad.
“En una época en la que tantas cosas cambian tan rápidamente, creo que tiene un verdadero valor respetar y preservar las tradiciones que han dado forma a una ciudad y a su identidad durante generaciones”, manifestó.
Para el directivo, estas celebraciones permiten conectar el pasado con el presente y, en esta ocasión, hicieron visible un vínculo entre dos ciudades separadas por más de 10.000 kilómetros.
“Mientras en el Perú celebraban a Santa Rosa ese día, Sittard también le rendía homenaje. De alguna manera, Lima y Sittard estaban celebrando juntas a la misma mujer, a más de 10.000 kilómetros de distancia”, expresó.
El director comercial reconoció que la respuesta del público peruano ha sido una de las sorpresas más agradables para el club. La camiseta fue concebida principalmente como un homenaje a Sittard y a su historia, pero terminó despertando interés en un país que comparte con la ciudad neerlandesa la devoción por Santa Rosa de Lima.
“La reacción del Perú ha sido, sinceramente, una de las partes más bonitas de toda esta historia”, sostuvo Drost, quien admitió que la atención internacional superó las expectativas iniciales de la institución.
El directivo también destacó el poder del fútbol para acercar realidades diferentes y generar vínculos que trascienden las fronteras. “El fútbol tiene una capacidad increíble para conectar a personas, ciudades y culturas. Creo que esta camiseta, y lo que vivimos hoy en Sittard, se ha convertido en un muy buen ejemplo de ello”, concluyó.
Así, una camiseta de fútbol se convirtió en el punto de encuentro entre dos ciudades y en una muestra de cómo una tradición nacida hace más de tres siglos continúa vigente y puede despertar interés a miles de kilómetros de su lugar de origen.
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