Perder una licitación frente un competidor que ofrece un precio más bajo, puede ser doloroso para un empresario, pero son las reglas del juego. En una maratón, solo uno recibe el premio. No hay que “picarse” por perder. Pero si el que gana lo hace porque ha recibido la ayuda de un Estado (nacional o extranjero), no necesariamente gana el mejor. Es imposible competir con quien recibe este tipo de ayudas y menos si viene de un Estado extranjero. Este riesgo no es hipotético. Es más cercano de lo que parece y no estamos haciendo nada para enfrentarlo.
En un reporte reciente de la OECD (MAGIC Database of Industrial Subsidies, junio 2026) se advierte de la intensidad de las subvenciones públicas en ciertos sectores. Estas ayudas pueden tener la forma de subvenciones directas, exenciones fiscales, así como de acceso a préstamos con tipos de interés más ventajosos, generalmente otorgados por instituciones financieras públicas. Todos lo hacen, pero algunos lo hacen con mayor intensidad. Según el reporte, entre 2005 y 2024 las empresas chinas recibieron, en promedio, entre tres y ocho veces más apoyo gubernamental que las empresas con sede en los países miembros de la OCDE.
Algunos países han tomado medidas. Desde el 2023, a nivel de la Comunidad Europea, existe un régimen para supervisar las subvenciones otorgadas por Estados extranjeros a empresas que operan en el mercado comunitario o quieren participar en algún tipo de licitación pública. Se busca evitar distorsiones a la competencia. Bajo dicho régimen, se puede restringir la adjudicación de contratos o condicionar su participación en el mercado a empresas que registran este tipo de subvenciones a la adopción de ciertas medidas (reembolso de lo recibido como ayuda, por ejemplo).
En julio pasado se gatilló en Europa un proceso en contra de Temu –la popular plataforma de comercio electrónico de origen chino– por haber obstruido una investigación por supuestamente haber recibido subsidios de un Estado extranjero. Procesos similares se han iniciado en contra de empresas –en su mayoría de origen chino– fabricantes de trenes, equipos de seguridad, turbinas de viento y centrales fotovoltaicas.
Este problema no nos es lejano. Gracias al puerto de Chancay, muchos productores (de vidrio, cerámica, pañales y toallas higiénicas, siderúrgicas, etc.) de origen chino han decidido o manifestado interés de instalarse en el Perú para abastecer al mercado local y al resto de la región aprovechando las ventajas del puerto. Esto es muy bueno, pero a su vez representa un riesgo si estas inversiones vienen con ayuditas de un Estado extranjero. Lo mismo puede decirse del impacto de estas ayuditas a empresas que participan en procesos de licitación públicas o en concursos para la adjudicación de concesiones.
No tenemos un régimen para supervisar las ayudas de un Estado extranjero a empresas que operan en el país. Esto puede estar distorsionando la competencia colocando en desventaja a algunas empresas frente a otras. Sea chifa, hamburguesa o chicharrón, lo importante es que el piso esté parejo para todos. ¿Quién le pone el cascabel al gato?