Hace unos días Osiptel aprobó un reglamento que establece las bases del ‘sandbox’ regulatorio. En términos simples, un ‘sandbox’ es un esquema mediante el cual una empresa puede experimentar la prestación de nuevos servicios, en un ambiente controlado, bajo una aplicación limitada o suspendida de la regulación; pero con un seguimiento cercano del regulador. Este reglamento complementa otro similar aprobado por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) en octubre del año pasado.
El esquema no es nuevo. En el Perú se ha venido aplicando en el sector de banca y seguros desde 2022. A nivel regional, Colombia y Brasil ya los venían aplicando en el sector de telecomunicaciones.
¿Por qué es relevante la introducción de este nuevo mecanismo? Principalmente por dos razones: una relacionada con el tipo de aproximación regulatoria a problemas públicos y otra con la aparición de tecnologías disruptivas como la IA.
Hasta ahora las aproximaciones regulatorias a los problemas públicos han descansado en dos principios: el principio de probanza regulatoria y el principio precautorio. El primero, quizá el más importante, se basa en la idea de que la introducción de cualquier intervención debe demostrar previamente que existe un problema regulatorio y que la solución propuesta es la más conveniente para la sociedad. Se trata de evitar aprobar normas innecesarias, que no respondan a un problema público o que generen mayores costos que beneficios. En ese principio se basan los protocolos de análisis de impacto regulatorio que se han venido aprobando en los últimos años en el Perú.
El principio precautorio, en cambio, parte de la premisa de que, si alguna actividad de investigación o desarrollo puede representar una amenaza irreversible a la salud, el medio ambiente o la seguridad, deben establecerse medidas regulatorias que eviten esos daños, aun cuando esta posibilidad no se haya determinado científicamente. Este principio ha sido invocado principalmente en el ámbito de la regulación ambiental.
Los ‘sandbox’ regulatorios buscan precisamente conciliar ambos principios, que parecieran irreconciliables. Al establecer un entorno controlado y seguro, se permite la innovación (no la limita) pero a la vez evita (previene) efectos imprevistos y no deseados que pudieran suscitarse.
Figuras como los ‘sandbox’ son especialmente importantes ante la emergencia de tecnologías disruptivas como la IA. ¿Puede la IA aplicarse en la atención de reclamos del usuario de telecomunicaciones? ¿Puede aplicarse en la gestión de la capacidad de tráfico de las redes? ¿Puede la IA servir para procesar datos de experiencia real de los usuarios y contrastarlos con las métricas de calidad de los reguladores?
En el caso de los reguladores, ¿puede el uso de la IA permitir pasar de una supervisión predominantemente procedimental a una priorización basada en riesgos y resultados?
El uso de la IA en el ámbito de la prestación y regulación de servicios públicos, así como en el diseño de las políticas públicas abre un gran abanico de oportunidades, pudiendo ser los ‘sandbox’ el laboratorio en el que estas se prueben, se validen y se desarrollen.