Gabino Pampini tenía 17 años cuando subió por primera vez a un escenario. Llevaba un pantalón y una camisa prestados, además de un saco que le había facilitado un trompetista. Nunca había cantado con una orquesta y aquella noche debía reemplazar a su hermano, el bolerista Sócrates Lazo. Los abucheos del público lo llenaron de miedo, pero bastó que comenzara a cantar para que los silbidos dieran paso a los aplausos. Así, en la ciudad panameña de Colón, comenzó una carrera que supera las seis décadas y que, a sus 77 años, todavía tiene mucho por ofrecer.
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Gabino Pampini es padre de ocho hijos, nacidos en distintos países. Tiene una hija peruana, un hijo colombiano, cinco panameños y uno estadounidense. Habla de todos con afecto, aunque reconoce que las exigencias de su carrera le impidieron estar tan presente como hubiera querido durante sus infancias.
Hoy, una de sus mayores alegrías es viajar junto a su hija mayor, Anayansi, quien también lo ayuda a organizar sus actividades profesionales.
“Está pendiente de todo. Me pregunta si ya comí, si desayuné. Es tan atenta conmigo que a veces me da pena porque no me porté muy bien con ella cuando era niña”, reconoce con pesar.
Aunque todavía tiene proyectos musicales pendientes, su mayor ilusión está puesta en el futuro de sus hijos. “El sueño que me queda por cumplir es poner un buen negocio para dejárselo a mis hijos. Yo ya no quiero nada para mí”, confiesa.
La música también podría unirlo en un nuevo proyecto con su hijo mayor, Gabino Lazo, compositor de música cristiana. Recuerda que una vez le pidió que escribiera una canción para él, pero su respuesta lo sorprendió: “Me dijo: ‘Papá, yo no hago música mundana’”. Ahora planean grabar juntos un álbum de música cristiana.
Más de seis décadas sobre los escenarios le han dejado innumerables anécdotas. Una de las más insólitas ocurrió en Colombia, cuando un amigo lo llevó, sin advertirle, a cantar para un grupo guerrillero. Para llegar, tuvo que cruzar un puente colgante que separaba a los militares de los hombres armados.
“Yo no sabía que iba a cantarle a la guerrilla. Cuando vi a esa gente con sus botas y sus armas, dije: ‘Ay, no, ¿dónde me metí yo?’”, recuerda.
Tras su primera presentación, se refugió asustado en el bus de la orquesta. Unos hombres armados fueron a buscarlo y le preguntaron por qué no bebía con ellos. Para salir del apuro, respondió que solo tomaba Buchanan’s. Poco después regresaron con una botella del whisky escocés.
“Empecé a tomar y terminé disfrutando tanto de la fiesta que quería quedarme con los muchachos, pero los músicos de la orquesta no me dejaron”, cuenta entre risas.
En otra ocasión sufrió un accidente durante una presentación en Nueva York. Estuvo a punto de caer de una tarima y se lastimó gravemente un pie con el borde metálico del escenario. A pesar del dolor, consiguió continuar. Hoy recuerda aquel episodio como una muestra de los riesgos que también ha tenido que enfrentar durante su carrera.
Gabino Pampini habla del Perú con especial emoción. Asegura que el cariño del público peruano lo ha marcado profundamente y que su vínculo con el país es aún más estrecho porque tiene una hija peruana.
“Me preguntan por qué digo que me quieren más en el Perú que en otros países. Porque aquí me han tratado con amor. En Panamá nunca me han hecho una entrevista en un lugar tan hermoso como este (la hemeroteca de El Comercio). No le dan el mismo valor al artista. Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero gracias a Dios aquí sí lo soy. Amo al Perú, es un país fuera de serie… Perdón, soy muy sentimental”, confiesa con la voz entrecortada, sin poder contener las lágrimas.
A sus 77 años, Gabino no siente nostalgia por una juventud a la que sabe que no puede regresar. Prefiere concentrarse en el presente, en sus hijos y en las canciones que aún tiene por grabar. Además del proyecto cristiano con su hijo, contempla nuevas colaboraciones musicales y espera continuar viajando mientras su salud se lo permita.
Cuando se le pregunta a qué momento de su vida quisiera volver, responde sin vacilar.
“Lo vivido, vivido está. Ahora quiero aprovechar los años que me quedan y vivirlos con dignidad. No quiero quedarme atrapado en los recuerdos. Quiero disfrutar de mi familia y seguir encontrando en cada aplauso, una razón para volver a empezar, concluye.
El Dato
Gabino Pampini cantará el 16 y 17 de octubre en el Barley Bar de Pueblo Libre. Las entradas en Teleticket.

