Hasta aquí, entonces, tenemos una primera fractura. El partido de gobierno y su principal aliado no han ganado plazas electorales fuera de Lima. ¿Pero eso importa? No mucho. Cada GORE (Gobierno Regional) se ha acostumbrado a presionar y negociar con el Ejecutivo y lo seguirá haciendo, sin importar si coincidan o no políticamente. Tienen un gran punto de agenda en común: ¡La distribución del presupuesto de la República!. No se sorprendan cuando vean a la izquierdista Verónika Mendoza, muy probable gobernadora del Cusco (las cifras preliminares de ONPE le dan 31.1%), reunida con ministros y hasta con Keiko. Ya declaró que no descarta esa eventualidad. Un gobernador ya no se debe a la agenda nacional que esgrimió cuando fue político de partido, llámenle asamblea constituyente, el antimperialismo o el ambientalismo antiminero. Se debe a sus urgencias regionales que, gran ironía, pueden ser paliadas, en el Cusco, con el canon gasífero y minero. De enero a marzo de este año el GORE Cusco recibió S/. 88 millones del gasífero y S/.31 millones del minero. Quizá no sea suficiente para los cálculos de Verónika, pero una cosa es pelear para regular a las transnacionales; otra cosa es lidiar para que paguen más canon.
Las regiones, incluso, se han convertido en un actor político corporativo a través de la ANGR (Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales). Esta es vista con apetito por los gobiernos sin mayoría parlamentaria, como el actual. El gran antecedente es este: PPK, antes de asumir el mando en el 2016, estaba abrumado por la muralla naranja, con mayoría absoluta, que le esperaba en el Congreso. Pues se la pasó dos días en Cusco, participando en un evento de la ANGR, subrayando el mensaje de que gobernaría con las regiones para compensar la mala onda congresal.
La estrategia inaugurada con PPK, continuó con Martín Vizcarra y Francisco Sagasti. Con Pedro Castillo se volvió todo más confuso cuando hizo sus Consejos de Ministros descentralizados. Dina Boluarte retomó la estrategia inaugurada por PPK y la enturbió cuando recibió joyas y Rolex regalados por el actual gobernador ayacuchano Wilfredo Oscorima. La historia de nuestro descentralismo no había registrado un episodio tan bochornoso. Keiko Fujimori no tiene mayoría en diputados y tiene un tenso empate en el Senado. La estrategia regional le vendría a pelo. Sin embargo, Paulo Vilca, investigador del IEP y acucioso observador de las dinámicas regionales, me dice: “A Keiko le falta un discurso descentralista. Cree que la relación con las regiones se limita a hacer viajes”. Y añadamos que desde ya varios gobiernos, la relación con las regiones, a falta de partidos y bancadas sólidas, pasa por las triangulaciones ministerio/alcalde/congresista que son el pan de cada día en nuestra democracia. El MEF, el MTC, Vivienda y otros pocos ministerios que hacen obra menuda; son puertas giratorias por donde sale un senador de Amazonas, y entra un par de Huancavelica acompañado de alcaldes.
“El partido de gobierno no ha ganado plazas electorales fuera de Lima. ¿Pero eso importa? No mucho. Cada GORE (Gobierno Regional) se ha acostumbrado a negociar sin importar si coincide o no políticamente con Palacio”.
Los contratistas
Paulo Vilca insiste en que no podemos evaluar dos décadas de descentralización reduciendo todo al cálculo de cuánto se transfirió y cuánto se ejecutó. Esa diferencia porcentual no basta para medir la calidad del GORE. Es una reducción economicista y mezquina. Junto a Álvaro Gálvez llegaron a una conclusión para leerla junto al Latinobarómetro que marca nuestra desconfianza en las instituciones: se ha transferido competencias en salud, educación, en muchas cosas; pero no se ha transferido institucionalidad. O sea, si el proceso descentralista hubiera sido acompañado de asistencia y capacitación en diseño institucional y planificación, otro sería el balance.
Con todo y sus defectos, Paulo sostiene que se ha formado, en los GOREs, una clase política profesional de más experiencia que la que postula al Congreso. El IEP tiene un cuadro que resume la formación de 40 candidatos, los 10 que habrían ganado en primera vuelta en 10 regiones y los 30 que pelearían una segunda vuelta en 15 regiones. De los 40, el 90% ha postulado antes a un cargo público, el 60% ya ha ganado antes algún cargo y el 48% ya ha sido gobernador. Solo 4 no han postulado o trabajado antes en la esfera pública; pero ninguno de ellos es un outsider con todo el peso de la palabra. Se trata de figuras del mundo empresarial que ya asomaban a la política. Uno de ellos sería el puneño Eduardo Quispe Pandia, que tiene una gran empresa de cemento. Postula por Ahora Nación y pelearía con el candidato de JP. No se sorprendan de que en Puno un empresario postule con la izquierda. La región ha experimentado una radicalización política, enervada por los muertos durante las protestas contra Boluarte, que provocó que su gobernador Ricardo Hancco fuese el único esquivo a reunirse con una presidenta. Aunque FP avaló la actuación oficial en Puno, no se le puede achacar directamente la tragedia, de modo que lo más probable es que quien resulte elegido opte por una reconciliación pragmática con el Ejecutivo.
Paulo y Álvaro Gálvez destacan un perfil en especial en su descripción de esta nueva clase política regional: a expensas de la creciente obra pública han cobrado relevancia muchos contratistas con el Estado, en especial dueños de empresas constructoras. Por lo pronto, saben lidiar con el Estado y con los varios grupos económicos y de poder, formales e informales, con los que se relacionan. Por ejemplo, el actual gobernador de Huánuco, Antonio Pulgar, está vinculado a la empresa constructora O&F. Su hermano Enrique, también de O&F, siguió contratando con el Estado y ha postulado al GORE este 4 de octubre. No tuvo la misma suerte de Antonio.
Agreguemos que nuestros gobernadores, al igual que congresistas y alcaldes, son saltimbanquis. En su historial, verán que postularon con distintos partidos. Varios de los que han ganado postularon con partidos que no han saltado la valla: APP, Podemos, Avanza País, entre otros. He ahí otra razón poderosa para que vuelvan a brincar. Los de ahora son la primera promoción post movimientos regionales. En el 2024 se aprobó, en primera votación, una reforma constitucional para desaparecerlos. En el interín, antes de la segunda votación, muchos se disolvieron para que sus cuadros se afilien a los partidos, pues se vencía un primer hito para las postulaciones presidenciales y congresales. Finalmente, la reforma no se aprobó; pero ya habían desaparecido varios movimientos. Para los nuevos candidatos a gobernadores puede ser más cómodo lidiar con partidos que ayudar a formar y solventar movimientos. Ese desfase debe ser llenado con nuevas formas de participación política y ciudadana.
“A Keiko le falta un discurso descentralista. Cree que la relación con las regiones se limita a hacer viajes”.
Las regiones ya no lloran las calamidades del centralismo. Las sopesan, las negocian, a veces las protestan. Las regiones facturan, unas más que otras, de acuerdo a su dotación de riqueza natural. Si se les han transferido competencias y recursos, los GORES no pueden transferir culpas al centralismo por lo que no hicieron bien. Pero sí es deplorablemente cierto que hay un gran déficit de gran infraestructura de conectividad vial, ferroviaria y digital, achacable al gobierno central, entre otras brechas; que dificulta el acceso al mercado, a la salud, a la educación y al turismo en muchas regiones. No hay igualdad de oportunidades para sus ciudadanos. He ahí los temas para ese discurso descentralista que no se oye desde Palacio.

