Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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La primera lección que recibe el simio Rotpeter no ocurre en una academia, sino en cautiverio. Herido, encerrado y sin una salida visible, comprende que no podrá recuperar la libertad por la fuerza. Entonces observa. Imita. Aprende. Durante casi cinco años modifica su cuerpo, su conducta y su manera de hablar hasta convertirse en un humano. Esa historia escrita por Franz Kafka, “Informe para una academia”, llega desde el 2 de octubre al teatro Ricardo Blume.
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Tuesta conoce el cuento desde hace al menos una década. Lo leyó cuando trabajaba como diseñador de luces en el Teatro Británico, mucho antes de imaginarse como director, y desde entonces la historia quedó dando vueltas. Regresó a ella varias veces, acumulando ideas de música, montaje e imágenes hasta sentir que había llegado el momento de convertir esa obsesión literaria en una experiencia teatral.
“Estas son aquellas obras que les encanta a artistas como yo -menciona Odar- el simbolismo tan fuerte que hay saca lo mejor de ti como actor y no busca relajar al espectador, sino mostrarle una realidad que bien puede ser la suya. El teatro que no es aleccionador, sino que invitando a una conversación incomoda”

“Informe para una academia” lleva al escenario del teatro Ricardo Blume la historia de Rotpeter, un simio que abandona progresivamente su naturaleza para encontrar una salida al cautiverio.
/ Eduardo Cavero Sibille
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En Kafka, el simio no quiere convertirse en humano. Lo hace porque necesita una salida. Esa diferencia sostiene buena parte de la lectura contemporánea que propone la puesta en escena, pues Rotpeter no persigue una nueva identidad por deseo, sino que sacrifica parte de la suya para sobrevivir.
Para Tuesta, esa es una de las claves del relato. La transformación del personaje funciona como un espejo de los mecanismos con los que las personas se adaptan a su entorno. “Siempre estamos actuando por necesidad y a veces por narcisismo, pero sobre todo porque buscamos encajar, buscamos constantemente imitar”, sostiene. El problema, añade, aparece cuando esa actuación se vuelve permanente y ya no resulta posible distinguir entre la máscara y quien la lleva.

La adaptación de Kafka utiliza la transformación de Rotpeter para cuestionar las formas en que las personas modifican su identidad para encajar, sobrevivir y encontrar libertad.
/ Eduardo Cavero Sibille
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La idea atraviesa también la vida cotidiana. Somos hijos, parejas, amigos, jefes, empleados; cada espacio parece exigir una conducta distinta. Bruno Odar encuentra en esa multiplicación de papeles una de las conexiones más directas con Rotpeter. “No somos los mismos dependiendo de los entornos, pero hay que buscar aquello que nos hace ser nosotros”, afirma.
Esa reflexión se extiende hacia un presente atravesado por redes sociales, imágenes fabricadas e inteligencia artificial. La pantalla puede convertirse en otro escenario en el que cada persona decide qué versión de sí misma mostrar. Tuesta encuentra allí una actualización del universo kafkiano, porque la distancia entre realidad y representación se vuelve cada vez más difícil de precisar. “Ahora vemos como ya nadie sabe quién es. ¿Eres quien dices ser o eres lo que consumes? Y si es así ¿Qué dice eso de la gente que solo consume TikTok?”, dice.
Odar, por su parte, lleva esa discusión hacia el mismo significado del ser humano. Rotpeter observa a los humanos para aprender a sobrevivir como ellos y, al hacerlo, termina viendo como las contradicciones aparecen. “Hemos normalizado la violencia, la guerra, el bullying, el homicidio. En esta historia es un mono el que se humaniza y, al hacerlo, nos muestra nuestra propia deshumanización”, concluye Odar.
Sobre la obra
«Informe para una academia»
Estreno: 2 de octubre
Funciones: viernes y sábados a las 8:00 p. m. y domingos a las 7:00 p. m.
Lugar: Teatro Ricardo Blume
Entradas disponibles en Ticketmaster.


