Piura, Chiclayo y Trujillo se mantienen conectadas con el resto del país, sobre todo, por carretera, pero cuando el clima complica ese acceso, el transporte aéreo cumple un papel especialmente importante. Así ocurrió en emergencias climáticas anteriores, cuando las vías estuvieron interrumpidas durante semanas y el avión se convirtió en una alternativa confiable para personas, medicinas y carga urgente. En esos momentos se hace particularmente visible algo que debería estar presente también en tiempos normales, y es que la conectividad aérea es infraestructura esencial para un país como el Perú, especialmente cuando el territorio enfrenta fenómenos naturales.
Este año ese rol cobra especial relevancia, porque a fines de setiembre la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) actualizó sus proyecciones y contempla un escenario de magnitud extraordinaria en los próximos meses, con efectos que podrían extenderse hasta el otoño de 2027. El Senamhi proyecta temperaturas de tres a cinco grados por encima de lo habitual en la costa, y según Enfen las lluvias en el norte se intensificarían desde noviembre.
La preparación ya está en marcha y vale la pena reconocerla. El Ministerio de Transportes, a través de Corpac, destinó S/1,9 millones a obras preventivas en siete terminales del norte, entre ellos Tumbes, Piura, Chiclayo y Trujillo, que incluyen la impermeabilización de pistas, el refuerzo de torres de control, nuevas estaciones meteorológicas, generadores de respaldo y motobombas, en coordinación con Indeci y las autoridades regionales. A eso se suma el trabajo de quienes están detrás de cada vuelo que despega en Piura con lluvia, como el técnico que revisó la pista dos veces o el controlador que pasó la noche en la torre. La industria, por su parte, coordina de manera permanente con la autoridad aeroportuaria y trabaja con protocolos definidos antes de la emergencia.
Según Indeci, diez regiones concentran la mayor exposición a inundaciones y huaicos, y varias de ellas reúnen destinos que el turismo interno necesita seguir moviendo. El Perú recibió 3,4 millones de turistas extranjeros el año pasado, todavía por debajo de los 4,4 millones de 2019, y cada vuelo que se mantiene pese al clima le da confianza a quien decide si viajar o esperar. De esa continuidad dependen el turista que llega, la carga de exportación que sale a tiempo y el trabajador que cruza el país en un día en lugar de tres.
Los fenómenos naturales vuelven a demostrar que el transporte aéreo es una infraestructura estratégica para el Perú y que debemos seguir fortaleciendo su capacidad. Eso pasa por priorizar, dentro de la agenda de inversión pública, las obras de resiliencia en los aeropuertos regionales. Con aeropuertos resilientes, infraestructura preparada y una industria aérea capaz de seguir conectando al país, podemos responder mejor frente a una emergencia, y hacer posible que más personas, turismo, comercio y oportunidades sigan moviéndose por el Perú.

