Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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En las últimas semanas, Lima se ha llenado de separadores de carriles, ya sean bolardos naranjas o tachones reflectivos rojos. Previamente, El Comercio había informado sobre esta clase de estructuras entre las cuadras 14 y 8 de la avenida Javier Prado Este, en dirección hacia San Isidro. Ahora, su uso se ha extendido a otras avenidas de la capital, lo que genera dudas entre los ciudadanos sobre si esta medida realmente contribuye a agilizar el tránsito o si, por el contrario, genera nuevos problemas de circulación.
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Asimismo, al finalizar el tramo, debido a su corta extensión, los vehículos vuelven a juntarse en los carriles que se encuentran más adelante, tal como ocurre en las cuadras previas.
El siguiente punto se encuentra en la cuadra 31 de la Vía Expresa Luis Fernán Bedoya Reyes, a la altura de la estación Andrés Reyes del Metropolitano, en San Isidro. Allí también había bolardos naranjas. Al tratarse de un tramo más corto que el anterior, la cantidad de vehículos que termina ingresando al carril delimitado es similar o, en determinados momentos, incluso mayor que la que circula por los demás carriles.
Luego, este Diario se dirigió a la Panamericana Sur, primero al kilómetro 4, debajo del puente vehicular de la avenida El Derby, que conecta San Borja con Surco. Lo llamativo de este punto es que algunos de los bolardos naranjas observados se encontraban deteriorados, aparentemente como consecuencia de impactos de vehículos.

La cantidad de vehículos que termina ingresando al carril delimitado es similar o, en determinados momentos, incluso mayor que la que circula por los demás carriles. Foto: GEC.
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Finalmente, se observó otro separador de carril en el kilómetro 14 de la Panamericana Sur, debajo del puente peatonal Electroperú. A diferencia de los tramos anteriores, allí no había bolardos naranjas, sino tachones reflectivos rojos, dispositivos diseñados para alertar a los conductores sobre zonas donde no se debe cruzar la línea.
Separadores dañados
Usuarios en redes sociales alertaron que en la Panamericana Norte también se colocaron bolardos naranjas, pero terminaron dañados debido al paso de los vehículos. “Etiqueten a Emape y díganles que su estrategia no funciona”, dijo un ciudadano que registró el hecho.
Análisis
La instalación de estos separadores ha generado cuestionamientos. Para Krishan Barr Rosso, especialista en ciudades sostenibles, magíster en Urban Management por la Technische Universität Berlin e ingeniero civil de la PUCP, “colocar delineadores improvisados carece de sustento en ingeniería de tráfico. Estas medidas fraccionadas generan cuellos de botella en los puntos de convergencia y divergencia de carril, reduciendo la capacidad operativa de la vía, aumentando la turbulencia del flujo vehicular y empeorando los tiempos de viaje”.

El experto mencionó que el hecho de que estas estructuras estén instaladas en tramos tan cortos constituye una falla de planificación del transporte. Foto: GEC.
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“No contribuye a descongestionar la vía; por el contrario, exacerba el problema. Al no resolver los cuellos de botella ni las intersecciones saturadas, el tráfico se redistribuye de forma ineficiente, generando mayores fricciones, entrecruces peligrosos y colas de congestión. Cuando estas estructuras, como los bolardos, se deterioran, se convierten en obstáculos fijos dentro del carril de circulación. Esto obliga a maniobras evasivas, frenados bruscos y cambios erráticos de carril, incrementando exponencialmente la tasa de siniestralidad vial”, añadió.
El experto agregó que los elementos delineadores o bolardos deben cumplir un rol estrictamente de canalización de flujos, como ocurre, por ejemplo, con el Corredor Rojo, pero no ser implementados “de forma aislada”. En ese sentido, señaló: “Mantener este tipo de segregación mediante elementos plásticos sobre un eje metropolitano saturado es insostenible en el tiempo. Estos dispositivos sufren un rápido deterioro sin resolver el problema de fondo. Cualquier canalización vial requiere de un sistema de señalización informativa a distancia. Prescindir de una señalización previa e intentar guiar el flujo mediante la sola presencia de bolardos resulta ineficaz e induce al error del conductor”.
Krishan Barr Rosso precisó que, específicamente sobre los tachones reflectivos, si bien estos aportan canalización visual nocturna, carecen de capacidad de segregación física o de protección frente a invasiones de carril.

En el kilómetro 14 de la Panamericana Sur había tachones reflectivos rojos, dispositivos diseñados para alertar a los conductores sobre zonas donde no se debe cruzar la línea. Foto: GEC.
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Por otro lado, mencionó que el hecho de que estas estructuras estén instaladas en tramos tan cortos también constituye una falla de planificación del transporte. “Cuando un carril expreso o segregado inicia y termina de manera abrupta, se produce un efecto embudo o compresión de flujo. Los conductores se ven forzados a realizar maniobras de incorporación agresivas, lo que colapsa la capacidad del carril adyacente y eleva la fricción del tráfico”, dijo.
Consideró que cualquier intervención en las vías debe fundamentarse en microsimulaciones y evaluaciones de la capacidad operacional de la vía. “Para diagnosticar su impacto real, se deben monitorear la variación en las velocidades, la longitud de las colas y la ocurrencia de conflictos por cambios bruscos de carril”.
Finalmente, enfatizó que la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) debe suspender este tipo de intervenciones. “La verdadera sostenibilidad urbana requiere destinar el espacio vial a un sistema integrado de transporte público eficiente. Además, la congestión no se resuelve dándole más facilidades al vehículo privado mediante parches, sino a través de la semaforización inteligente y una infraestructura inclusiva centrada en las personas”, concluyó.


