En estos días hemos escuchado sobre la noticia del avión que sufrió una situación de emergencia vital y cuyos más de 170 pasajeros terminaron sanos y salvos debido a un cambio de piloto en el medio preciso de la emergencia.
En estos días hemos escuchado sobre la noticia del avión que sufrió una situación de emergencia vital y cuyos más de 170 pasajeros terminaron sanos y salvos debido a un cambio de piloto en el medio preciso de la emergencia.
Pero este tipo de milagros o situaciones afortunadas, con un exitoso cambio de piloto en medio de una emergencia de posibles consecuencias fatales, es un escenario tan improbable frente a desastres naturales que lo más acertado para los responsables de la gestión pública es prepararse y contar con planes para mitigar las consecuencias adversas.
Viene mi reflexión a colación de El Niño extraordinario que estamos viviendo y que, poco a poco a medida que avancemos en la primavera y el verano australes, hará sentir efectos catastróficos con cada vez mayor potencia.
Porque el fenómeno ya comenzó: no hemos tenido invierno, ya hemos tenido precitaciones muy por encima de los promedios anuales, el ecosistema marino está totalmente cambiado, etc.
Todo esto ocurre, por cierto, cuando culminan gestiones de gobiernos regionales y locales cuyo nivel de preparación hasta el momento deja mucho que desear. Hasta agosto –hace 6 semanas–, Tumbes solo había ejecutado 8,3% de su presupuesto para la reducción de vulnerabilidad y atención de emergencias por desastres, y la cifra sube a 12,4% para La Libertad. Por su parte, Lambayeque, Piura e Ica solo habían ejecutado alrededor de la mitad. Tomada en conjunto la costa norte solo ha ejecutado el 30% de su presupuesto, por debajo del promedio nacional. Las autoridades que se irán el 31 de diciembre de este año luego de las elecciones regionales y municipales dejarán tarea incumplida.
Pero, y aquí viene el problema del cambio de piloto en medio de la emergencia: nuevas autoridades asumirán funciones el 1 de enero de 2026. Algunos se estarán preguntando, ¿cuál es el problema si siempre hay una entrega de cargo ordenada y con un marco legal que tiene que ser cumplido? Lo cierto es que nuestro querido Perú tiene grandes marcos legales pero muy escasa voluntad de cumplimiento. Conocidos son los testimonios durante el evento El Niño en 2023 y el huracán Yaku de nuevas autoridades conscientes de sus funciones, pero sin capacidad de entrar a los sistemas, sea porque las autoridades salientes habían borrado todo o, simplemente, se habían llevado las computadoras; o bien, sin acceso a la historia reciente de atención a la emergencia.
La autoridad nacional afirma que diciembre 2026 y enero 2027 serán los peores meses de El Niño “Godzilla” que enfrentamos. Si no pudimos con las obras de prevención, es momento de que la Contraloría implemente un piloto de acompañamiento de cambio de autoridades entre diciembre 2026 y enero 2027 para cautelar la vida de nuestros connacionales, continuar con la atención de la emergencia y acelerar la reconstrucción.

