Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Testigo y protagonista de la historia democrática, El Comercio ha estado en el centro de todas las tempestades por la libertad de expresión en el Perú. Soportar los embates del poder y capear los tiempos más difíciles ha sido el costo de sostener una premisa innegociable: informar con la verdad. Bajo ese mandato vive hoy el Día del Periodista.
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“No hay plazo que no se cumpla”, anunciaba el editorial de reapertura, que relataba casi con la fuerza de una imagen cinematográfica cómo los limeños vieron marchar, a paso aún marcial, a los batallones chilenos rumbo al Callao. Aquella mañana, la emoción de recuperar la libertad era indescriptible.
“Este fausto acontecimiento que hace época en los anales de nuestros infortunios, marca también el comienzo de la era de la reconstitución y del trabajo”, afirmaba el diario Decano, llamando al mismo tiempo a la moderación y a la cordura. La prensa volvía “a la vida azarosa de la libertad”.
El siglo XX no sería menos convulso. El segundo gobierno de Augusto B. Leguía, el llamado “oncenio” (1919-1930), inauguró un periodo de turbulencia para la prensa. Apenas dos meses después de su golpe de Estado, en setiembre de 1919, una turba de seguidores del régimen saqueó y quemó la casa del entonces director de El Comercio, Antonio Miró Quesada de la Guerra, y destruyó parte de la imprenta del diario.
Los propios dueños y trabajadores defendieron como pudieron el local de la calle La Rifa. La solidaridad no tardó en llegar, porque se entendió que no era solo un ataque a una familia o a un negocio, sino a la esencia misma de la libertad de expresión.

Actividad en el salón de redactores en los años 60, con Luis y Óscar Miró Quesada de la Guerra a la cabeza de los periodistas. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
/ EL COMERCIO
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En ese tiempo, ejecutivos y periodistas fueron perseguidos, deportados o enviados a la cárcel. Y aunque el dictador Leguía también arremetió contra otros medios como La Prensa, lo que quedó claro fue que el “oncenio” tenía un mismo enemigo: la verdad.
En 1945, el escenario volvió a tensarse. Apenas cuatro meses después de asumir la presidencia José Luis Bustamante y Rivero, el Partido Aprista intentó imponer una ley que atentaba contra la prensa independiente.
El Comercio denunció el proyecto, conocido como la “Ley de Imprenta”, y lo enfrentó con firmeza. La respuesta ciudadana fue inmediata: decenas de personas llegaron a la sede del diario, en la esquina de Lampa y Miró Quesada, para expresar su respaldo en un ambiente que mezclaba indignación y orgullo.
No era la primera vez ni sería la última que la sociedad civil entendía que sin una prensa libre no podía haber democracia. Años después, en febrero de 1956, otro dictador: el general Manuel A. Odría llevó la persecución al extremo al encarcelar a 30 periodistas de La Prensa y Última Hora.

El 4 de mayo de 1964, esforzados canillitas transportan la edición de los 125 años del diario. (Foto: José Martínez / Archivo Histórico de El Comercio)
/ JOSE MARTINEZ
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El Comercio informó con detalle sobre esa injusticia y, además, se solidarizó públicamente con Pedro Beltrán, director de La Prensa, recluido en el penal de El Frontón. En esa hora amarga, la prensa actuó como un solo cuerpo.
El 3 de octubre de 1968, el país volvió a enfrentar un quiebre. Un golpe militar depuso al presidente constitucional Fernando Belaúnde Terry y dio paso a un régimen que pronto mostró su rostro dictatorial. En julio de 1974, la llamada “Ley de Prensa” consumó la confiscación de El Comercio y de otros medios nacionales.
La dictadura del general Juan Velasco Alvarado usó un lenguaje populista para justificar el despojo, alegando que se daba voz al campesinado. En realidad, la voz fue monopolizada por el propio régimen. Durante seis años, El Comercio permaneció confiscado.
Luis Miró Quesada de la Guerra, entonces director, no alcanzó a ver el retorno del periódico a sus legítimos dueños, pues falleció en 1976 a los 95 años. Recién en 1980, con el regreso de Fernando Belaúnde al poder, los diarios fueron devueltos y El Comercio recuperó su lugar junto a sus lectores y anunciantes.

¡Momento histórico! El 29 de julio de 1980 Alejandro y Aurelio Miró Quesada suben las escaleras rumbo a la redacción luego de haber recuperado el periódico tras seis años de espera. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
/ EL COMERCIO
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Doce años de libertad siguieron a esa recuperación. Pero el 5 de abril de 1992, el presidente Alberto Fujimori rompió el orden constitucional con un llamado “autogolpe” que volvió a poner en riesgo la independencia de la prensa. Aquella noche, militares visitaron las redacciones, incluida la de El Comercio.
No desalojaron a nadie, pero dejaron la sombra de la amenaza. A finales de esa misma década de 1990, la estrategia cambió: no se clausuraron medios, sino que se crearon otros, los llamados “diarios chicha”, financiados por el Servicio de Inteligencia Nacional para atacar a opositores y manipular la opinión pública.
En el 2000, en plena campaña reeleccionista, El Comercio destapó el caso de las firmas falsas del Frente Perú 2000, revelando la maquinaria de fraude que sostenía la tercera postulación de Fujimori.
El nuevo siglo XXI tampoco estuvo libre de tensiones. Durante el gobierno de Ollanta Humala (2011-2016), el propio presidente cuestionó públicamente a los medios, alegando la existencia de un “pulpo mediático”.


