La polémica ocurrida a raíz del debate municipal, donde el candidato de Fuerza Popular (FP) salió con la intención de demoler al favorito en las encuestas para la alcaldía de Lima, no es un detalle menor.
El enfrentamiento trajo varias consecuencias, siendo la principal que el candidato de Renovación Popular (RP) lanzó públicamente una severa queja y advertencia a Fuerza Popular y al gobierno sobre las consecuencias que el comportamiento de su candidato podría traer en las relaciones de ambas agrupaciones en el Congreso.
Fuerza Popular acusó el golpe e inmediatamente pidió disculpas, privadas y públicas, a quien lidera las encuestas, por el comportamiento de su candidato, desautorizándolo y dejándolo absolutamente solo, al extremo que uno podría llegar a preguntarse: ¿nadie de FP coordinó con su candidato antes del debate ni se discutió sobre su estrategia? ¿La alcaldía de Lima y estas elecciones en general son absolutamente lejanas y accesorias para FP y para sus planes políticos? ¿Si no querían chocar con Rafael López Aliaga, por qué mantuvieron a Samuel Daza como candidato?
El tema no es menor porque evidencia la fuerza que Rafael López Aliaga tiene hoy sobre FP y sobre el gobierno, una fuerza que parece ser mayor que la que la bancada de RP tiene sobre la de FP. No sabemos si el comportamiento de la bancada de RP está íntimamente ligado a los objetivos y/o veleidades de Rafael López Aliaga, y/o si en algún momento la bancada tomará distancia de eso. Tampoco sabemos si los resultados del domingo 4 de octubre pueden acentuar o reducir la dependencia, pero lo cierto es que el gobierno debe trabajar adecuada y sagazmente si no quiere seguir sometido por los próximos cinco años.
Por otro lado, el Ejecutivo le dijo al país en un inicio, y sobre todo al Congreso, que sin la delegación de facultades en todos los temas no podía avanzar. No había plan B ni C ni se intentó minimizar la fuerza de la oposición. Y eso, para esa oposición, y sobre todo para la radical, fue música para sus oídos. En buena cuenta el gobierno le dijo a Juntos por el Perú (JP) que estaba en sus manos, que todo dependía de ellos, y con la insistencia y el ruego diario permitió que JP (32 diputados de 130) dirigiera la estrategia y las maniobras para dilatar y atar de manos al Ejecutivo.
Hoy el gobierno, con resistencia, trata de entender que hay que gobernar con o sin facultades, que no se puede depender de las facultades ni de la oposición, y que la ejecución de un plan B y C equilibra las acciones.
Y en el ámbito internacional, la dependencia es cada vez más evidente y abierta, lo cual puede ser un problema en poco tiempo. Las acciones del gobierno y, sobre todo, del canciller ponen todos los huevos en una sola canasta, y eso puede ser riesgoso.
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