—El Perú que encontrará en su visita el papa León XIV es distinto al que dejó siendo monseñor Robert Prevost.
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—¿Qué espera la Iglesia del Perú con esta visita?
En el discurso que dirigió la semana pasada a todos los obispos, nos recordó que tengamos como modelo a Santo Toribio, quien es un ejemplo de vida, entrega, preocupación, de catequista, caminante, hombre de fe, que nos enseña su propia vida yendo de pueblo en pueblo.
Él no solo bautizaba, confirmaba, celebraba la Eucaristía, daba la catequesis, sino también recogía la problemática de los pueblos y sabía llevársela al rey.
—¿Y qué realidades le van a presentar al Papa los obispos?
Primero, agradecerle por su visita. Segundo, resaltar su mensaje, que nos reta a ser pastores caminantes. Y tercero, que su presencia nos trae paz y fortaleza para no caer en la misión. Eso es lo principal.
—¿Puede ser esta visita una ocasión de unidad, de reconciliación?
Primero, reconociéndonos como hermanos. No busquemos lo que nos divide, sino lo que nos une, y junto con ello –a partir del mensaje del Papa–, descubrir que podemos trabajar juntos para ese bien común, para ese sentirnos en un país; no cinco países en uno, sino un solo país.
—¿Qué se viene haciendo para una preparación espiritual?
Se están usando las redes para difusión. También se ha sacado un folleto para que a través de las fuerzas vivas de la Iglesia puedan prepararse para este encuentro. Que no vayamos simplemente con la expectativa de ver al Papa, sino ¿qué significa ver al Papa?, ¿qué significa escucharlo?, ¿qué significa que esté acá?
—Monseñor Prevost fue vicepresidente de la Conferencia Episcopal. ¿Qué recuerdos tiene de él?
Me quedo con una pregunta. Estuvo en nosotros y no nos dimos cuenta. Porque nunca se distinguió diciendo: “Yo soy mejor que tú o que el otro”. Su sencillez, su cercanía, su servicialidad lo distinguían. Su participación era sencilla y puntual.
—¿Usted cómo lo conoció?
Primero, de oídas. Escuchaba que era un profesor bueno, cercano, muy disponible, y que era un personaje que impactaba sin que lo conozcas.
—Y cuando ya lo nombran obispo de Chiclayo y tienen contacto, ¿se podría decir que fueron amigos?
Sí, porque trabajamos en la Comisión de Escucha de las Víctimas del Sodalicio. La Conferencia Episcopal lo nombra presidente y después a monseñor Miguel Olaortúa [obispo de Iquitos] y a mí. Su posición siempre fue escuchar. Sabía dar respuestas, sabía ser puente entre las autoridades del Sodalicio de aquel momento, para ver cómo se respondía a la necesidad de la persona que pedía ser escuchada.
El primer documento sobre cómo tratar estos temas lo hizo él para la Conferencia Episcopal.
—¿De cómo tratar los temas de abuso y de escucha?
Sí, porque a partir del caso se abrieron muchas realidades que no se tocaban directamente en la Iglesia.
—Usted ha visto el caso del Liceo Naval. ¿Qué reflexión trae ante esta realidad?
La Iglesia también está presente en muchos colegios, y uno va notando que las reformas educativas en los últimos años han hablado mucho de derechos, pero poco de deberes. Esos derechos, si no están acompañados de deberes, desequilibran al ser humano, lo engríen o lo hacen agresivo o rebelde. La sociedad que no pone parámetros claros sobre deberes y derechos hace una sociedad indiferente.
—¿Se ha perdido esa educación en valores en las familias y colegios?
Sí, porque el maestro no hace un buen ‘aggiornamento’. No hay un trabajo local, por zonas, frente a los problemas concretos. Simplemente contratamos al maestro, lo ponemos en el aula, se acabó su hora, lo sacamos y va a otro lugar. Creo que es oportuna una reingeniería educativa, no cambiando maestros, sino dándoles su lugar de autoridad moral y educativa.
—El Papa va a tener un encuentro con jóvenes en el Estadio Monumental. Y hay algunos que, lamentablemente, caen en desgracia, por diferentes motivos. ¿Qué mensaje trae León XIV para ellos?
No lo sé, pero lo cierto es que los jóvenes que van a ir a ese encuentro están integrados de alguna manera a una parroquia, un grupo juvenil, un movimiento. No van a ir los otros jóvenes.
—Pero el mensaje es para todos.
El mensaje es para todos y, sobre todo, para pararnos y decir: “Jóvenes, ¿a dónde podrían ir?”. Es un mensaje de propuestas.
—Usted dice que van algunos, pero el que no fue también lo va a escuchar.
Sí, a través de los medios que van a ser un elemento muy importante para que donde el Papa no pueda llegar personalmente, esté presente mediante el mensaje y la imagen. Ahí el Señor hace sus planes, sus cosas. Ojalá abra el corazón, y sobre todo el oído, de muchos adolescentes.
No podemos criticar –por una imagen– toda la realidad compleja de la adolescencia, del trato, del maltrato, de la ausencia del adulto en el crecimiento del joven o del adolescente.
—Durante su permanencia en Lima, el Papa estará en la Nunciatura. Pero también pernoctará en Chiclayo. No se ha visto mucho que un Papa pernocte fuera de la Nunciatura.
Va a pasar la noche del 13 y del 14. Él ha querido eso.
—Dos noches en Chiclayo.
Sí, en su casa. Vuelve a su casa. Vuelve al mismo dormitorio donde durmió como obispo.

