Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Jorge “Loberita” Ramírez fue uno de los delanteros más veloces y habilidosos del fútbol peruano de los años noventa. Debutó con Alianza Lima a los 17 años, jugó dos eliminatorias mundialistas y construyó una carrera que lo llevó por México, Grecia, Chipre, Túnez y otros destinos. También enfrentó al Real Madrid y compartió cancha con figuras como Fernando Redondo, Fernando Hierro, Raúl, Guti y Freddy Rincón. Eso sí, de esa tarde lo que le impresionó fue jugar al lado de César Cueto.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
—¿Cómo era el camerino de Alianza en aquella época?
Era otra época. El joven tenía que pasar por el “derecho de piso”: recoger los chimpunes, recoger las cosas al final o ser el último en retirar la ropa. A mí me gustaba correr mucho. Con el “Churre” Hinostroza, Carlos y Waldir éramos de los más rápidos. A los mayores no les gustaba que los jóvenes corriéramos adelante y nos decían: “Ándate al último”.
El “Churre” me aconsejaba: “Escucha, pero no respondas; sigue hacia adelante”. Hoy los chicos de 14 o 15 años ya son promocionados y tienen buenos salarios. En mi época el salario era muy bajo, pero yo era feliz.
—Si ese jugador de 1995 apareciera en el fútbol actual, ¿dónde jugaría Loberita?
—Creo que apuntaría al Barcelona de España. Veo a jugadores como Lamine Yamal y tenemos juegos parecidos, habilidades que yo también hacía. Ahora todo es más rápido y profesional. Hoy sería un Lamine Yamal con perfil cambiado. La ciencia ha avanzado muchísimo en alimentación, cuidado y exigencia. Antes al juvenil se le esperaba más; ahora todo es inmediato.
—¿Qué cambió con la evolución de la ciencia aplicada al fútbol?
Ahora hay mucha información e internet. Hay máquinas para mejorar la explosividad y la resistencia, existe el coaching y psicólogos deportivos dedicados exclusivamente al fútbol. Todo eso influye: buena alimentación, descanso y también que el futbolista sea más valorado.
—¿Qué recuerdas de la convivencia en aquel camerino de Alianza?
—Compartía mucho con Pancho Pizarro, Sandro Gamarra y Frank Ruiz. Como nuestro salario era bajito, ellos nos aconsejaban y nos llevaban a comer. Después, cuando llegó Ospina, hacíamos comidas en las casas de los jugadores. Una vez nos tocó en casa de Claudio Pizarro y hubo comida italiana.
A mí me tocó hacer comida china y llevamos a todos a un restaurante en San Juan de Miraflores. El camerino era muy alegre. Si no había música cubana o salsa, uno no “caía” bien. Hasta los extranjeros se adaptaban a esa familia.
—¿Sientes que esa identidad se ha perdido en Alianza?
Yo siempre seré hincha de la institución, esté como esté, porque me formó y me educó. Pero sí, se perdió un poco eso de tocar el cajón, zapatear y bailar festejo. Yo era uno de los pupilos favoritos de los hermanos Ballumbroso porque tocaba el cajón.
Ahora, cuando visito las menores, no veo que les den clases de cultura y arte para crear identidad. Antes, nosotros de niños limpiábamos el estadio y recogíamos papeles. Eso te creaba un vínculo muy fuerte. También pasábamos por el Comando Sur o éramos recogebalones antes de jugar. Todo eso generaba una identidad.
—En 1997 dejaste Alianza y te fuiste a México. ¿Por qué decidiste irte?
—Me fui a mitad de 1997, después de ganar el Apertura con Jorge Luis Pinto. Me fui porque no me valoraron ni me propusieron un buen contrato. Esperé a que terminara la participación internacional porque tenía una cláusula y después partí a México. Jugué unos seis meses y luego Sporting Cristal me hizo una oferta muy buena que no dudé en aceptar para 1998.
—¿Cómo fue trabajar con Jorge Luis Pinto?
—Espectacular. La disciplina fue el éxito para que Alianza saliera campeón. Tengo una anécdota. Pinto me dejó abajo del avión para un partido contra Gremio en Brasil porque no me encontró en mi casa. Él patrullaba las casas de madrugada con seguridad. Fue a la mía a la una de la mañana. Yo tenía el teléfono apagado para dormir y nadie abrió. Al día siguiente me dijo: “Usted no va”.
Me quedé con terno en Lima entrenando mientras ellos viajaban. Años después lo vi cuando dirigía al Deportivo Cali y él les decía a sus dirigentes que yo era un crack, pero que no me había querido quedar en Alianza. Ahí le aclaré que me fui porque el club no me había hecho una buena oferta económica.

Jorge ‘Loverita’ Ramírez en Alianza Lima
/ JOSE ROJAS BASHE
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
—Hay una fotografía muy recordada tuya enfrentando al Real Madrid. Tenías apenas 20 años. ¿Qué significa para ti?
—Fue espectacular, pero para mí lo más emocionante no era el Real Madrid, sino jugar al lado de mi ídolo, el maestro César Cueto. En ese tiempo no había tanto marketing sobre el fútbol europeo. Jugar con Cueto y recibir sus pases filtrados fue un sueño cumplido.
—¿Qué jugadores del Real Madrid enfrentaste?
—Estaban Fernando Redondo, Hierro, Zamorano, Raúl, Guti y Freddy Rincón. Después del partido entré al camerino del Real Madrid. Redondo me dio su camiseta, Rincón su short y Guti sus medias.
Mi camiseta de ese partido no la cambié. Se la quedó un hincha que ahora la subasta. Me gustaría recuperarla porque tiene mucha historia.
—También coincidiste con Jorge Sampaoli en Bolognesi. ¿Cómo era como entrenador?
Era especial. Una vez ganamos 4-0, yo hice dos goles y una asistencia y fui el mejor del partido. El lunes, en la charla, me dijo: “Jugaste mal”. Yo casi me levanto a reclamarle, pero Desio me tranquilizó.
Sampaoli lo hacía para que uno mejorara, aunque yo ya era un jugador maduro. Su estilo era de mucho pressing. El delantero era el primer defensa. Entrenábamos durísimo y la preparación física de Desio nos dejaba agotados.
—Tu carrera también te llevó por destinos poco habituales para un futbolista peruano de aquella época. ¿Qué país te sorprendió más?
Túnez. El Espérance es uno de los clubes más grandes de África, muy profesional, con hotel y sedes increíbles. Pero era difícil. Las rutas eran al contrario, como en Inglaterra, y yo no entendía el idioma porque hablaban árabe y francés.
El fútbol era muy práctico. Salimos campeones y en un clásico el presidente se volvió loco de alegría y tiró una maleta con dinero en el camerino. Yo era joven y quería volver a Europa, así que me fui a Bélgica. Hubo problemas económicos allá y terminé regresando a Perú, al Bolognesi.

Loverita Ramírez fue figura en Alianza Lima.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
—¿Qué significó Deportivo Wanka en tu carrera?
Fue una campaña increíble. Metí más de 20 goles. En el Wanka se decía que “resucitaban” a los jugadores. No cobrábamos casi nada. Yo cambiaba mis camisetas de Alianza por pollo a la brasa, por comida.
Iba a una pollería, le daba una camiseta al dueño y a cambio nos daba pollos a la brasa para repartir entre los jugadores durante tres viernes. Así pudimos comer varias veces. Me mentalicé en sobresalir y peleé el puesto de goleador con jugadores como Flavio Maestri, el “Checho” Ibarra y Germán Carty.
—Roberto Mosquera era el técnico. ¿Cómo era trabajar con él?
Mosquera nos daba un CD de salsa si metíamos gol. Una vez hice tres goles y me llevé seis CD porque los doblaba. Ese año lo dejé sin música.
He tenido técnicos con grandes discursos, como Uribe, Mosquera y Reluca en Unión Minas. Todos eran muy estudiados.
—Y después llegó Grecia. ¿Cómo fue esa experiencia?
Fui con Paolo Maldonado. El clima era muy frío, había mucha nieve y la comida era puro aceite de oliva y ensaladas. No entendía nada del idioma y sentí rechazo racial.
En la ciudad de Xanthi solo había dos personas negras: un africano y yo. Una vez entré a una panadería y la chica me dijo “Éxodo Mauro”, que significaba “vete, negro”. Un compañero brasileño tuvo que intervenir y exigir respeto. Fue una etapa complicada.
—Después de 20 años como futbolista profesional, ¿qué te dejó finalmente el fútbol?
Me dejó muchísimo. Me permitió conocer el mundo, competir, jugar con grandes futbolistas y vivir experiencias que jamás imaginé cuando era un niño de Pamplona Baja. Pero, sobre todo, me dejó la posibilidad de ayudar ahora a otros chicos.
Hoy vivo en Chile, donde estoy hace ocho años. Trabajo en la captación de talentos a nivel internacional y me muevo por diferentes partes del mundo, pero mi base es Santiago. El fútbol sigue siendo mi pasión y los jóvenes son mi motivación. Quiero que tengan oportunidades y puedan cambiar sus vidas, tal como yo pude hacerlo.
SOBRE EL AUTOR


