A media mañana del sábado todavía había gente que hablaba de la serie como si fuera un trámite. El viernes había sido impecable en puntos, aunque sufrido y dramático en el juego. Dos partidos, dos remontadas y una tribuna que terminó celebrando con el empuje de la agonía. El sábado, en cambio, el ambiente cambió rápido. El dobles empezó mal y las caras en la banca peruana cambiaron radicalmente.
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Buse volvió a salir. Tenía todavía la camiseta empapada y esa expresión suya entre concentración y fastidio que se le había visto varias veces el viernes. Del otro lado estaba Vallejo. El paraguayo ya había jugado el dobles, pero parecía haber encontrado una segunda energía. Buse ganó el primer set 7-5 y el público volvió a creer. Se escucharon más voces. El partido podía terminar ahí.
Vallejo no estuvo de acuerdo. Se quedó en cada pelota, alargó los puntos y empezó a encontrar espacios. Buse apretaba los dientes después de algunos errores, miraba a su esquina y volvía a colocarse. El segundo set también se fue por 5-7.
El tercero fue largo y tuvo algo de todo. Buse llegó a ponerse 5-3 y sacó para cerrar el partido. Vallejo encontró la manera de sostenerse, recuperó el quiebre y llevó el encuentro al tie-break. Allí el paraguayo se impuso 7-3. Buse se quedó unos segundos en su sitio antes de acercarse a saludar. Había jugado tres horas y 44 minutos. Paraguay acababa de empatar la serie 2-2.
Desde la tribuna se veía a Varillas preparándose. No hacía demasiados gestos. Caminaba, conversaba poco, golpeaba alguna pelota contra la raqueta. Ya había pasado por ahí el viernes, cuando remontó a Vallejo después de más de tres horas. Ahora le tocaba otra vez. La diferencia era que esta vez jugaba por el punto definitivo.
Escurra intentó llevarlo a un partido incómodo, pero Varillas no quiso regalarle demasiado. Buscó profundidad y mantuvo la cabeza fría. En las tribunas volvieron los aplausos. En la banca peruana, Buse miraba de pie. Huertas del Pino también. Cada juego ganado por Varillas se celebraba como si fuera el último.
El primer set lo resolvió con un 6-2 contundente. Escurra intentó reaccionar en el segundo, pero Varillas sostuvo la ventaja y cerró el partido 6-4. El abrazo con su equipo llegó después del último punto. Luego las lágrimas inevitables después de la tensión. Y más abrazos y más festejos al ritmo del ¡Arriba, Perú! que estallaba desde las tribunas y retumbaba en los corazones acelerados por una noche inolvidable. Perú volvía a ganar una serie de Copa Davis que durante buena parte de la tarde parecía escapársele.
El viernes había sido perfecto. El sábado, en cambio, dejó una serie mucho más difícil de explicar. Perú perdió el dobles, Buse tuvo que soportar una derrota que pudo haber evitado y Paraguay llevó la eliminatoria hasta el quinto partido. Varillas terminó sosteniendo al equipo. En el Jockey Club, después de casi todo el día, recién entonces volvió a sentirse que la serie había sido peruana.
Perú superó el Grupo Mundial I al derrotar 3-2 a Paraguay en Lima y clasificó a los Qualifiers de la Copa Davis 2027. El rival se conocerá antes de fin de año, mientras tanto la pregunta surge más desde el fondo del corazón que desde el tenis: ¿Hasta dónde puede soñar/llegar Perú en la Copa Davis?
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